La IA y el fin del tiempo

+ Seguir en Seguir en Google
Opinión
/ 28 febrero 2026

El debate entorno a la inteligencia artificial está centrado esencialmente en tres cuestiones consideradas clave: ¿Qué puestos de trabajo desaparecerán? ¿Qué habilidades perdurarán? ¿Y están justificadas las valoraciones actuales?

Por Sami Mahroum, Project Syndicate.

DUBAI- El debate sobre la IA sigue centrándose principalmente en tres cuestiones clave: ¿Qué puestos de trabajo desaparecerán? ¿Qué habilidades perdurarán? ¿Y están justificadas las valoraciones actuales? Pero estas preguntas, aunque importantes, ocultan otra más profunda: ¿Qué sustituirá al tiempo como medida del valor y quién lo controlará?

Durante dos siglos, el tiempo ha sido el principio organizador del capitalismo. En su ensayo de 1967 “Time, Work-Discipline, and Industrial Capitalism” (Tiempo,disciplina laboral ycapitalismo industrial), el historiador británico E. P. Thompson mostró cómo el sistema fabril sustituyó el trabajo basado en tareas por la disciplina del reloj, impuesta mediante campanas, horarios y exhortaciones morales contra “perder el tiempo”. Bajo este sistema, los trabajadores vendían horas y los empleadores las compraban. Las leyes laborales se estructuraron en torno a la jornada laboral de ocho horas y las pensiones se determinaban en función de los años de servicio.

El reloj estableció una métrica común: una hora significaba lo mismo en todas partes y para todos. Al estar estandarizado el tiempo, se podía medir la explotación. Y al poder medirse, se podía cuestionar. Como resultado, la acción colectiva se hizo posible.

Ese sistema se está desmoronando ahora, no porque los trabajadores se hayan vuelto indisciplinados, sino porque la IA ha socavado su lógica subyacente. Consideremos, por ejemplo, un consultor de gestión que supervisa a tres agentes de IA durante dos horas. A continuación, los agentes trabajan de forma autónoma durante 20 horas y elaboran un informe por valor de 50 mil dólares. ¿Se paga al consultor por dos horas, por 20 o por un porcentaje fijo del valor creado? El marco basado en el tiempo no ofrece una respuesta coherente, pero las estructuras salariales y las leyes laborales siguen imponiendo la disciplina del reloj a un trabajo que ya no se define por las horas dedicadas.

En La riqueza de las naciones, Adam Smith describió el trabajo como la medida original del valor intercambiable en las primeras sociedades, aunque no lo trató como un determinante universal del valor en el capitalismo avanzado. David Ricardo, en De los principios de la economía política y de la tributación(1817), fue más allá y formalizó el tiempo de trabajo como regulador de los precios relativos, pero solo en condiciones específicas, a saber, la reproducibilidad y la escasez de mano de obra.

Karl Marx amplió esta línea de argumentación en el volumen I de (1867), sosteniendo que el valor refleja la cantidad de trabajo socialmente necesario para producir un bien, al tiempo que anticipaba las consecuencias desestabilizadoras de la mecanización. A medida que aumentaba la productividad, afirmaba, el valor se alejaría progresivamente del trabajo directo para orientarse hacia el control de los medios de producción.

Lo que Smith, Ricardo y Marx entendieron, aunque de diferentes maneras, fue que el tiempo de trabajo solo puede servir como medida del valor si el tiempo humano es naturalmente escaso. En pocas palabras, la producción requiere tiempo; más tiempo generalmente significa más producción. Con la escasez incorporada, quienes controlan el trabajo controlan la fuente primaria de valor.

Al hacer que el tiempo humano sea funcionalmente abundante, la IA deja obsoleta esa suposición. En cuatro horas de trabajo, un ingeniero puede ahora implementar un gran modelo de lenguaje que funciona de forma autónoma durante 20 horas más. La indicación de un consultor puede generar análisis que antes requerían días de preparación. La escasez natural del tiempo humano, que sustentó dos siglos de teoría económica, ya no es una restricción vinculante.

$!¿Podría la inteligencia artificial a los trabajadores?.

Pero la escasez no ha desaparecido, simplemente se ha reubicado. Cuando el tiempo de trabajo no es un insumo escaso, el valor se desplaza hacia quienes poseen los sistemas que realizan el trabajo y controlan el acceso a ellos. El valor del ingeniero se mide menos por las horas trabajadas y más por el control que ejerce sobre la infraestructura crítica, mientras que el valor del consultor reside en el acceso privilegiado a los sistemas de IA y la reputación que lo garantiza. Tal y como predijo Marx, el aumento de la productividad consolida el valor en torno a la propiedad de los medios de producción.

DE LOS SALARIOS POR HORA A LA REMUNERACIÓN BASADA EN LOS RESULTADOS

La remuneración basada en comisiones y centrada en los resultados se utiliza desde hace mucho tiempo en campos como las ventas, el sector inmobiliario y la consultoría. Sin embargo, para la mayoría de los trabajadores era demasiado arriesgada, ya que requería una inversión personal considerable y conllevaba una alta probabilidad de fracaso.

El auge de la IA ha cambiado ese cálculo. Si un agente de IA realiza el 80 % del trabajo, los requisitos de capital de los trabajadores y los riesgos de pérdida se reducen drásticamente. Un desarrollador que utiliza GitHub Copilot ahora puede permitirse trabajar a comisión; un consultor que utiliza ChatGPT puede aceptar una remuneración basada en los resultados sin riesgo existencial; y un diseñador que trabaja con Midjourney puede fijar sus precios en función de los resultados en lugar de las horas. Por primera vez, los trabajadores se enfrentan a una elección genuina entre la seguridad basada en el tiempo y la autonomía basada en el valor.

Pero esta elección no está al alcance de todos por igual. Un desarrollador sin Copilot no puede depender del trabajo por comisión, al igual que un consultor sin ChatGPT o sin una sólida red de clientes no puede negociar honorarios basados en los resultados. El cambio de la remuneración por horas solo tiene sentido para los trabajadores que tienen acceso a sistemas potentes y la reputación necesaria para aprovecharlos. Para todos los demás, significa una caída en la precariedad.

La remuneración basada en los resultados también es más compleja de lo que parece. Los mercados no fijan el precio del trabajo según un único parámetro. La velocidad, la calidad, el valor percibido y la escasez de proveedores son factores importantes. Lo que se paga a los trabajadores refleja en última instancia el poder de negociación, no una medida objetiva. En los sectores en los que la demanda de proveedores fiables y potenciados por la IA supera la oferta, los compradores sofisticados (consultoras, gobiernos, empresas) están introduciendo contratos de retención que ofrecen compras mínimas garantizadas, capacidad reservada y estabilidad de ingresos a cambio de acceso prioritario.

Estos acuerdos no se basan ni en salarios por hora ni en comisiones puras. Son respuestas de la demanda a la escasez de la oferta. Los trabajadores con contratos de retención ganan estabilidad, mientras que todos los demás se enfrentan a precios volátiles basados en los resultados. En consecuencia, la distribución de los rendimientos del trabajo aumentado por la IA depende cada vez más del poder de negociación y del acceso a contratos estables, que en última instancia dependen de quién posee y controla las herramientas que hacen que el trabajo sea productivo.

TRES ACUERDOS TEMPORALES INCOMPATIBLES

A medida que la IA rompe el vínculo entre el tiempo y la producción, y los fundamentos de los contratos laborales modernos comienzan a ceder, lo que surge en su lugar no es un único sistema coherente, sino tres formas distintas e incompatibles de organizar la vida económica: el tiempo de la máquina, el tiempo personal y el tiempo del reloj.

El tiempo de máquina es continuo e ininterrumpido. Pensemos en un ingeniero de infraestructura en la nube de una gran empresa tecnológica. Oficialmente, el ingeniero trabaja 40 horas a la semana. En la práctica, el sistema requiere estabilidad las 24 horas del día. Cuando se produce una interrupción a las 3:00 a. m., puede que tenga que trabajar 18 horas seguidas.

¿Cómo se debe valorar este trabajo? Un salario fijo oscurece la relación entre el tiempo invertido y el valor producido. La frontera entre la contribución del ingeniero y el funcionamiento autónomo del sistema no se puede medir, ya que la dirección no puede aislar lo que hizo el ingeniero; solo puede observar lo que el sistema logró mientras el ingeniero era responsable de ello. Por lo tanto, la acción humana es inseparable del rendimiento del sistema.

Esto plantea una clara cuestión contractual. ¿Cómo se redacta un acuerdo de compensación cuando la contribución de un trabajador no puede aislarse ni medirse? Mientras que los contratos tradicionales especifican horas, resultados o entregables, el trabajo por tiempo de máquina no encaja en ninguna de estas categorías. Un contrato puede exigir al ingeniero que “mantenga la estabilidad del sistema”, pero esa obligación resulta difícil de definir cuando el sistema funciona de forma autónoma. ¿Es el ingeniero responsable de los fallos, de las decisiones automatizadas erróneas o de los costes económicos de las interrupciones? El contrato no puede especificar plenamente tales obligaciones porque la frontera entre el trabajo humano y la agencia de la máquina es intrínsecamente ambigua.

En realidad, el valor del ingeniero radica en su administración de un sistema crítico que no ha construido. Su función es, en efecto, de custodia, ya que supervisa el valor creado en otros lugares. Al establecer por defecto salarios fijos que ocultan tanto las horas como los resultados, los empleadores capturan efectivamente el excedente de productividad que genera el sistema. Los trabajadores aceptan una remuneración que puede subestimar tanto la responsabilidad que asumen como la importancia estratégica de la infraestructura que gestionan. Ambas partes operan en una niebla contractual, pero la niebla favorece al capital.

El tiempo personal, por el contrario, se programa de forma autónoma y asincrónica. Un consultor que utiliza ChatGPT para comprimir el análisis en cuatro horas concentradas y entregar un informe de 50 mil dólares conserva la autoridad para tomar decisiones: evalúa las opciones generadas por el modelo de IA, selecciona la más adecuada, interpreta el contexto y concilia las contradicciones. Con una agencia visible y atribuible, el contrato es sencillo: entrega en la fecha X por el precio Y.

Pero ese precio refleja tanto el criterio del consultor como la capacidad analítica del modelo. El consultor tiene acceso al sistema; el cliente no. La reputación amplifica ambos aspectos, ya que los clientes confían en el criterio del consultor y dan por sentado que se están utilizando las mejores herramientas. Aunque el contrato establece un precio único, este refleja tres fuentes de valor distintas: la experiencia, el acceso al sistema y la marca.

Por lo tanto, el precio se basa en los resultados y está determinado por el poder de negociación. Un trabajo idéntico puede tener tarifas radicalmente diferentes, no en función del esfuerzo, sino de la reputación y el acceso al cliente. Un consultor puede cobrar 50 mil dólares, mientras que otro puede cobrar solo 20 mil dólares por un análisis similar. Dado que ambos tienen el mismo acceso al mismo sistema, la diferencia radica en el poder de monetizar la credibilidad y las relaciones.

Por último, el tiempo de trabajo sigue vigente en entornos que exigen una presencia continua y coordinada. Las enfermeras, por ejemplo, trabajan en turnos de 12 horas y se les paga por el tiempo, independientemente del resultado. Sus contratos especifican las horas, los turnos y las responsabilidades, mientras que las decisiones clínicas que pueden determinar la supervivencia de los pacientes se incluyen en el salario por hora. Una hora en la sala de urgencias cuenta lo mismo que una hora de atención rutinaria.

El tiempo cronológico es el acuerdo contractual más claro y sencillo: acudir al trabajo, realizar las tareas asignadas y recibir el salario acordado. Pero también es el más alejado de la creación de valor medible. Las enfermeras no controlan los sistemas que determinan su remuneración, como la reputación del hospital, la demanda de pacientes y el reembolso de los seguros. Sin una marca que aprovechar y sin una infraestructura que monetizar, solo tienen su tiempo, y ese tiempo se valora menos por el valor creado que por los presupuestos institucionales y la oferta de mano de obra. A medida que la automatización se expande a otros sectores, las ganancias de productividad se acumulan en otros lugares, mientras que los trabajadores por horas quedan estructuralmente expuestos.

LA LEGISLACIÓN LABORAL SE DESMORONA

Cada uno de estos tres regímenes temporales se basa en una lógica contractual distinta y distribuye el control sobre la creación de valor de manera diferente. En el tiempo de máquina, los trabajadores mantienen un sistema que no les pertenece; la responsabilidad es continua, pero la remuneración es opaca. El tiempo personal invierte esa ecuación: los trabajadores son propietarios de la producción, pero dependen de sistemas controlados por otros, monetizando su experiencia, acceso y reputación. Y en el tiempo reloj, los trabajadores no controlan ni la infraestructura ni el precio de su trabajo. La remuneración sigue estando estrictamente vinculada a las horas, independientemente del valor creado.

Ningún régimen laboral puede conciliar estas diferencias. Las protecciones por horas extras, por ejemplo, se derrumban bajo el tiempo de máquina, donde los trabajadores están permanentemente de guardia. Son igualmente inadecuadas para el tiempo personal, donde el trabajo es esporádico y autodirigido. Solo en el tiempo de reloj, donde el trabajo se mide por las horas trabajadas y no por los resultados, siguen siendo viables esas protecciones.

Las categorías de empleo tradicionales también se desmoronan. Aunque los trabajadores del tiempo de máquina están siempre disponibles, nunca tienen un empleo claro. Y aunque los trabajadores del tiempo personal con múltiples contratos de retención pueden tener unos ingresos estables, cada contrato puede rescindirse en cualquier momento. Los trabajadores del tiempo reloj siguen encajando en el modelo convencional, aunque su proporción en la población activa está disminuyendo.

La misma fragmentación socava los sistemas de prestaciones. El seguro de desempleo presupone puestos de trabajo claramente definidos y transiciones predecibles entre el trabajo y el desempleo. Los planes de pensiones se basan en historiales de ingresos continuos vinculados a empleadores identificables, mientras que los modelos de cobertura sanitaria presuponen una situación laboral estable. Ninguna de estas suposiciones se cumple en los tres regímenes temporales.

Sin duda, el equilibrio entre ellos variará de un país a otro, en función de las normas culturales e institucionales que determinan cómo las organizaciones distribuyen el control sobre el trabajo y el acceso a las infraestructuras. El ritmo de este cambio también depende del nivel de exposición técnica. Según el Índice Iceberg del MIT, aproximadamente el 11.7 % del valor salarial de Estados Unidos se concentra en funciones centradas en la ejecución que principalmente implementan decisiones tomadas por otros y que, por lo tanto, pueden ser sustituidas por los sistemas actuales de inteligencia artificial.

Pero la exposición técnica por sí sola no garantiza la adopción institucional. En países donde la autoridad jerárquica es culturalmente legítima, como Estados Unidos y Singapur, las empresas pueden consolidar más fácilmente el control del sistema y automatizar el trabajo centrado en la ejecución. A medida que se expandan los regímenes de tiempo de máquina y tiempo personal, los contratos se reescribirán o se abandonarán, y el control sobre los sistemas productivos se centralizará cada vez más.

Por el contrario, en países como Alemania, Francia o España, donde la legislación laboral y la representación formal de los trabajadores limitan la autoridad directiva, la reestructuración unilateral se enfrenta a límites institucionales. Dado que los cambios organizativos significativos suelen requerir la negociación con los representantes de los trabajadores en el marco de los marcos laborales establecidos, es más probable que las funciones centradas en la ejecución se reformulen como funciones interpretativas o basadas en el juicio, ampliando las protecciones del tiempo de trabajo en lugar de eliminarlas por completo. La IA puede tener la capacidad técnica para automatizar estos puestos de trabajo, pero el coste institucional y político de hacerlo sigue siendo prohibitivamente alto.

Mientras tanto, en los Estados del Golfo, la autoridad jerárquica y la rápida modernización podrían conducir a la rápida automatización de las funciones administrativas y a la consolidación del control del sistema. Dada la gran dependencia de la región de los trabajadores migrantes, la dirección puede reescribir los contratos a su antojo, lo que permite que el poder pase rápidamente de la mano de obra al capital.

El resultado es un panorama contractual segmentado que refleja las jerarquías existentes en el mercado laboral. Los trabajadores profesionales y cualificados pueden conseguir acuerdos basados en honorarios con acceso privilegiado a sistemas avanzados, mientras que sus homólogos con salarios más bajos absorben los riesgos del trabajo con tiempo de máquina.

Por lo tanto, la fragmentación del tiempo no es uniforme. Es probable que Estados Unidos avance más rápidamente hacia regímenes de tiempo de máquina y tiempo personal, concentrando la propiedad del sistema y normalizando los contratos fluidos, mientras que Alemania conservará una mayor agencia humana y negociará el control compartido sobre el despliegue de la IA. En los Estados del Golfo, la rápida adopción de la IA coexistirá con una profunda estratificación, lo que garantizará que los beneficios se acumulen de forma desproporcionada en manos de los profesionales cualificados y los propietarios del capital.

LA CARRERA POR RECONFIGURAR EL TRABAJO

Los responsables políticos se enfrentan a un reto sin precedentes: diseñar leyes laborales coherentes para tres regímenes temporales incompatibles, cada uno de los cuales organiza la autoridad a su manera. A medida que se desmorona la remuneración basada en el tiempo, las leyes laborales unificadas se vuelven más difíciles de mantener. La contratación basada en anticipos y los contratos por tiempo de máquina pueden convertirse en el modelo dominante para aquellos con influencia, pero la mayoría de los trabajadores se enfrentarán a precios volátiles basados en los resultados y a condiciones opacas. Si bien los trabajadores del conocimiento con sólidas relaciones con los clientes y los ingenieros de las grandes empresas tecnológicas se beneficiarán de esta transición, el resultado probable es una estratificación cada vez mayor, y no una prosperidad compartida.

La intensificación de la competencia mundial reduce aún más el espacio para la experimentación nacional, ya que la fragmentación del tiempo no es solo un reto nacional, sino una competencia mundial por quién controla los sistemas productivos y quién asume los costes de la transición. Los países que avancen rápidamente hacia regímenes de tiempo de máquina y tiempo personal, como Estados Unidos y Singapur, producirán bienes y servicios intensivos en inteligencia artificial a un menor coste. Al mismo tiempo, los países que mantengan las protecciones del tiempo de reloj, como Alemania, Francia y España, se enfrentarán a una presión competitiva sostenida, ya que los mayores costes laborales y la automatización más lenta encarecerán cada vez más sus exportaciones.

Pero avanzar lentamente no preservará necesariamente las protecciones de los trabajadores. Con el tiempo, las presiones del mercado obligarán a los responsables políticos a tomar una decisión difícil: acelerar la transición hacia el tiempo de las máquinas y el tiempo personal para seguir siendo competitivos, o aceptar el declive industrial a medida que la producción intensiva en IA se traslada a otros lugares.

En conjunto, estos acontecimientos marcan un punto de inflexión. Estamos entrando en el primer conflicto abierto sobre el significado del tiempo desde la Revolución Industrial, ya evidente en los contratos de trabajo, la gobernanza de las plataformas, la legislación laboral y los regímenes de propiedad intelectual. La cuestión ya no es si esta transición se producirá, sino quién la controlará y quién la pagará. Copyright: Project Syndicate, 2026.

Sami Mahroum, fundador de Spark X, ocupó anteriormente cargos en el INSEAD, la OCDE y Nesta.

Project Syndicate produce y distribuye análisis originales y de alta calidad a una audiencia global. Con contribuciones exclusivas de destacados líderes políticos, legisladores, académicos, empresarios y activistas cívicos de todo el mundo, ofrecemos a los lectores análisis e información de vanguardia.

NUESTRO CONTENIDO PREMIUM