La receta del manipulador. “Cómo Pavlov logró que los perros salivaran sin darles absolutamente nada”
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Acabo de ver un par de videos en los que un hombre se hace pasar por manipulador para compartir información sobre las técnicas y comportamientos que los manipuladores usan para controlar a otros. En su publicación él se refiere más directamente a una relación de pareja pero no deberíamos olvidar que la manipulación se da en todo tipo de relación. Habla de cómo la manipulación no implica fuerza sino una especie de entrenamiento, acondicionamiento. El manipulador observa para ver qué nos pone contentos, qué nos agrada, qué nos hace sentir bien a la vez que se esfuerza en percatarse de lo que nos provoca inseguridad, miedo y malestar. Esta persona se concentra en darse cuenta de cuál versión de sí mismo nos hace confiar. En el momento en que confiamos en esa persona, dejamos de estar alertas y el manipulador puede empujar poco a poco nuestros límites. Lo hace a propósito para observar hasta donde dejamos que rebase nuestros límites, hasta donde cedemos. Cada vez que cedemos nos premiará con su atención, con comentarios que nos agradan, con suavidad, con consideraciones. Nosotros mismos, a partir de allí, cederemos el control. El manipulador usará la distancia, la cercanía, la frialdad, la calidez. Alternará estrategias para lograr que nosotros (a quienes nos importa la conexión) cuidemos nuestra manera de estar para ser aceptables dentro del criterio que él nos está proponiendo. Nos hará saber que todos los problemas en la relación son a causa de nuestras reacciones. La meta es que a nosotros nos importe más perderlo a él que perdernos a nosotros mismos. En ese momento él sabe que nuestra paz depende de su humor. El manipulador nos entrena a controlarnos para su beneficio.
Es común pensar que “los” manipuladores son hombres y probablemente diremos que son narcisistas. Pero, pensemos en la mamá que condiciona el amor que le da a sus hijos, o el papá, o los hijos que manipulan a la mamá. Pensemos en el amigo que condiciona su presencia con nosotros o el jefe que juega al tirano controlador. También de pasada contemplemos que tanto intentamos este juego nosotros. Los veo en terapia.