La solidaridad como camino a la felicidad colectiva
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“Solidaridad” proviene del étimo latino in solidum que significa “solidez”; tiene un valor de cohesión y de unión entre diversas partes. Durante la Edad Media, los juristas retomaron este término usado en la construcción para emplearlo como sinónimo de caridad, entendido como una virtud, una cualidad inherente al hombre que comprendía el amor a Dios y al prójimo, mediante la limosna o el socorro, así como el servicio a los pobres y a los enfermos.
La solidaridad tiene una aproximación filantrópica que procura el bienestar de las personas de manera desinteresada. Es el reconocimiento firme y perseverante de empeñarse por el bien común, de todos y cada uno para alcanzar una vida plena que conduzca a los más desprotegidos a una estabilidad.
Desde hace dieciséis años, cada 20 de diciembre se celebra el Día Internacional de la Solidaridad Humana. La fecha fue decretada por la Asamblea General de las Naciones Unidas en diciembre de 2005 con la finalidad de promover la importancia de la cultura de la solidaridad y el espíritu de compartir, pieza clave para la lucha contra la pobreza.
Proclamar este día resulta relevante para celebrar nuestra unidad en la diversidad, recordar a los gobiernos que deben respetar sus compromisos con los acuerdos internacionales, sensibilizarnos como personas sobre la importancia de la solidaridad y, con ello, actuar y buscar nuevas iniciativas que permitan erradicar la pobreza, pero, sobre todo, para ser solidarios.
De acuerdo con el Banco Mundial, hemos caído en un retroceso en la lucha contra la pobreza. Esto como resultado de la pandemia de COVID-19, las fuerzas de los conflictos y el cambio climático. Se estima que dicha pandemia de COVID-19 empujará a 150 millones de personas a la pobreza extrema durante el 2021.
Por su parte, dentro de la “Declaración del Milenio” de Naciones Unidas se identifica a la solidaridad como uno de los valores fundamentales para las relaciones internacionales en el siglo 21, y para que quienes sufren o tienen menos se beneficien de la ayuda de los más acomodados.
De acuerdo con cifras del Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social, para el año 2020 en México hubo un incremento en los indicadores de pobreza. Aumentó la población en situación de pobreza tanto moderada como extrema y la población en situación de vulnerabilidad por carencias sociales y por ingresos.
Si bien es cierto que los mexicanos nos destacamos por hacer frente a las tragedias, como ha sido el caso de los sismos de 1985 y el más reciente en 2017, las inundaciones y demás desastres naturales, nos estamos quedando atrás con el tema de la pobreza y la única razón aparente para no ayudar es la falta de información. Es probable que, al no ser un acontecimiento que se mediatice, no tengamos un grado de conciencia sobre la situación actual.
Las cifras son frías y la pobreza aumenta. Por eso es tan importante ser solidarios: tener una actitud de ayuda al otro, exaltando nuestros valores y virtudes con la finalidad de cambiar el destino de otras personas.
Eliminar la pobreza es uno de los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la ONU. La meta es poner fin a la misma en todas sus formas y en todo el mundo para 2030. La solidaridad es una herramienta indispensable para conseguirlo y está en nuestras manos poner un granito de arena a la causa.
Existen muchas formas de ser solidarios y ayudar a erradicar la pobreza: la participación activa en la formulación de políticas públicas, a través de la promoción de oportunidades laborales y actividades académicas que brinden herramientas para ayudar a salir adelante a quien no las tiene, donar a asociaciones encaminadas a este fin, realizar eventos locales con nuestros vecinos y apoyar a quienes sabemos cruzan por una adversidad; en fin, la idea es no quedarnos como espectadores, sino ser actores para construir un mundo más justo, es decir, más humano.
El tema de la pobreza nos compete a todos, aunque nosotros consideremos que no somos pobres. Es importante ser empático con los demás, porque nuestro bienestar está vinculado al de las demás personas. El aumento de la desigualdad es perjudicial para el crecimiento económico y como sociedad nos separa, crea tensiones políticas y sociales, causando conflictos e inestabilidad.
Hagamos un llamado a la empatía. Adoptemos la solidaridad como un estilo de vida, que nos permita hacer felices a otros, a los que menos tienen, a los que más nos necesitan.
Te invito a mirar a tu alrededor, a ser solidario en la medida de tus posibilidades, a ayudar siempre que esté en tus manos. Comienza con quienes tienes cerca, busca organizaciones que cumplan este fin, inscríbete como voluntario, investiga en tu trabajo si existen programas de responsabilidad social. Confío en que encontrarás la que más se adapte a tu estilo de vida, porque como la solidaridad de los mexicanos no hay dos. Construyamos un mundo mejor para nosotros y para los que están por venir, trabajemos en la solidaridad como un camino hacia la felicidad colectiva.
La autora es alumna de la maestría en derechos humanos con perspectiva internacional y comparada de la Academia IDH
Este texto es parte del proyecto de Derechos Humanos de VANGUARDIA y la Academia IDH