La Tesorito y los ingresos que no pagan... pero si se declaran

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Opinión
/ 15 abril 2026

El escudo contra la discrepancia fiscal

Hay cosas que, por hacerse una sola vez al año, no se les pone atención. Nadie investiga, nadie pregunta, nadie se detiene. Se firma, se envía y a otra cosa. Así trata mucha gente su declaración anual en México: como ese contrato del gimnasio que uno acepta sin leer, confiando en que “ahí no dice nada importante”.

Y dentro de esa declaración hay un apartado al que se le pone todavía menos atención: los famosos datos informativos. Como no determinan impuesto a pagar, el contribuyente promedio los ignora con la tranquilidad del que cree que lo informativo es opcional.

Pero a Bárbara Angustias, mejor conocida como la Tesorito, le ganó la curiosidad. Y menos mal.

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Llegó a la oficina de IVAn “el Terrible” con su constancia de sueldos y un papelito arrugado con tres palabras anotadas: préstamo, rifa, donativo. Antes de que él pudiera saludarla, soltó la pregunta:

—IVAn, esto de los datos informativos en mi declaración anual... ¿qué tan informativo es? Porque la verdad, otros años ni los volteo a ver. Pero este año me cayeron varias cosas y algo me dice que no debo ignorarlas.

IVAn levantó la mirada del monitor. Sonrió por dentro. Era de las pocas veces que alguien llegaba con la pregunta correcta antes del problema, y no después.

—Hizo bien en preguntar —le dijo—. La ley obliga a las personas físicas a informar en su declaración anual ciertos ingresos que, en principio, no pagan ISR: los préstamos que recibió, los donativos, los premios, las herencias o legados, entre otros. No se gravan, pero tienen que declararse. Por eso se llaman informativos: no determinan impuesto, solo le avisan al SAT que ese dinero existe.

—¿Y por qué tanto interés del SAT en algo que no le va a cobrar? —preguntó Bárbara, con esa mezcla de inocencia y malicia que solo da el manejo de cuentas ajenas.

—Porque cuando la suma de préstamos, donativos y premios que en lo individual o en su conjunto rebase los $600 mil pesos en el ejercicio, la obligación se activa. Y si usted no informa, para el SAT ese dinero simplemente no existe como exento. Existe como ingreso sin explicar. Las herencias corren por cuerda separada, con su propio umbral, pero bajo la misma lógica: lo que no se informa, no existe.

Bárbara tragó saliva. Empezó a hacer cuentas mentales: el préstamo de su tía para el enganche del departamento, la rifa del aniversario de la empresa, la casa que le donaron sus padres. Y además, la herencia del abuelo.—A ver, IVAn, permítame procesar. Si yo no declaro esos ingresos porque, según yo, no pagan impuesto... ¿qué es lo peor que puede pasar?

—Discrepancia fiscal —respondió, frío como el viento, peligroso como el mar—. Si gastó o depositó más de lo que declaró, presume que la diferencia es ingreso acumulable. Y aquí está lo cruel: usted sí recibió ese dinero de forma legítima.—Entonces lo que era exento... ¿se vuelve gravado?

—No es que se vuelva. Es que el SAT lo trata como si nunca hubiera sido exento.

Quizás lo perdí, estimado lector. Permítame rescatarlo: si recibió préstamos, donativos o premios que rebasen el monto mencionado, está obligado a informarlos. No paga impuesto por hacerlo. Pero si no lo hace y el SAT lo detecta, lo trata como ingreso objeto de ISR.

Bárbara seguía ahí, con el papelito arrugado entre los dedos. Se le notaba que estaba reordenando el año en su cabeza.—O sea que el problema no es que el SAT me cobre por la donación de mis padres. El problema es que, si no la informo, va a parecer que ese dinero salió de la nada.

—Exacto. Y de la nada, fiscalmente, no sale nada. Sale una invitación de la autoridad para que usted explique de dónde.Hubo silencio. Del bueno. Del que se da cuando alguien entiende que lo que parecía un trámite era, en realidad, su escudo. Bárbara guardó el papelito y se olvidó de la angustia.

—Gracias, IVAn. Creo que voy a leer la letra chica este año.

Y así, estimado lector, la Tesorito descubrió que los datos informativos son como esa cláusula del contrato que nadie lee: no cobra nada por estar ahí, pero el día que importa, importa muchísimo. No los declaró porque no pagaban. No los investigó porque no parecían importantes. Y casi se entera por la mala.

Así que ya sabe: revise si durante el año recibió préstamos, donativos o premios. Sume. Y si la cuenta se acerca o rebasa el umbral que marca la ley, infórmelo. No porque le vayan a cobrar, sino precisamente para que no le cobren lo que no le toca

Porque en materia fiscal, lo que no se informa no se borra. Solo se acumula... del lado equivocado del expediente.

huorsa@ortizgarza.com.mx

X: @huorsa

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Columnista de VANGUARDIA, comediante fiscal por vocación no diagnosticada. Dicen que los contadores nacemos sabiendo sumar... pero Hugo René también nació sabiendo restarle drama al SAT. Es licenciado en Contaduría Pública y Finanzas por el Tec de Monterrey, lo que básicamente significa que aprendió a sufrir con estilo y corbata. Tiene dos maestrías: una en Impuestos (porque a alguien tenía que gustarle eso) y otra en Derecho Internacional, por si alguna vez hay que explicarle al SAT que el tequila no se exporta con IVA incluido.

Empezó su carrera en California, donde trabajaba en una empresa de arroz... porque uno tiene que saber de granos antes de hablar de deducciones. Luego se fue metiendo al mundo de la contaduría, ese hermoso universo donde la emoción más fuerte es cuadrar el balance a la primera. Y cuando pensó que ya nada podía sorprenderlo, ¡lo invitaron al mismísimo SAT! Así es: fue asesor de la jefa del SAT y también trabajó en Planeación, es decir, ayudó a diseñar el mapa del infierno... pero con Excel.

Hoy es socio director en la firma Ortiz Garza y Asociados, donde lidera proyectos fiscales y se dedica a hacerle la vida más fácil a los que le temen al buzón tributario más que a su ex.

Además de contar números, también cuenta historias: fue conductor de “Frecuencia Fiscal” durante 14 años, donde explicaba impuestos como si fueran recetas de cocina (”agarre su CFDI, métalo a la licuadora fiscal y espolvoree deducciones”). Hoy conduce el pódcast “Entre Contadores”, donde se hablan de temas serios... pero con risas entre líneas y anécdotas que harían llorar a un auditor.

También ha sido catedrático, presidente de comisiones, columnista en El Financiero y miembro activo del Instituto de Contadores Públicos de Nuevo León. Es decir, Hugo René no solo conoce la ley, también sabe aplicarla sin que a uno le den ganas de esconderse en las Islas Caimán.

Si alguna vez pensaste que los impuestos eran cosa seria... es porque no has leído una columna de Hugo René. Prepárate para entender tus finanzas como si te las explicara tu compadre chistoso... pero con cédula profesional.

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