Las cinco tentaciones de Claudia Sheinbaum

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La primera tentación a la que deberá resistir la Presidenta será no suponer que en verdad ha ‘domado’ a Trump
“La presidenta de México doma el enojo de Trump”, el título del amplio reporte publicado el sábado por The New York Times −el diario de mayor influencia en el mundo− retrata un momento luminoso de Claudia Sheinbaum, acaso el de mayor resonancia para un gobernante mexicano en décadas. Pero nadie duda de que las semanas y los meses próximos traerán retos colosales y realidades cambiantes para la mandataria.
El trabajo de la periodista Natalie Kitroeff, nutrido por testimonios recogidos tanto en México como en Estados Unidos, es apenas una instantánea del perfil de Sheinbaum, echándose a la espalda la estrategia para encarar a su mercurial homólogo estadounidense, con quien conversa en inglés, le aporta informes por escrito, plenos de datos duros, antes de cada llamada telefónica, y logra establecer un tono propio que parece haber sorprendido a Washington.
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“Eres dura”, le habría dicho Trump a su contraparte en una de esas llamadas, positivamente impresionado por un talante que también habría alcanzado, entre otros, a Stephen Miller, el poderoso jefe de gabinete en la Casa Blanca.
Acaso sin pretenderlo, el Times desnudó que ni en la agenda diplomática, ni en la comercial ni en la económica la gobernante mexicana cuenta con colaboradores de la talla de quienes rodean a Trump, ya sea por el protagonismo, la experiencia, la cercanía o confianza con que están dotados. Tampoco se detiene el reporte en alertar que la insuficiente dimensión geopolítica de México le impide ser contrapeso real ante el obsesivo proyecto de Trump para reordenar al mundo y recuperar la supremacía planetaria estadounidense, aun si debe pasar por encima de las alianzas tejidas durante 80 años, o tres décadas, si se habla del actual T-MEC norteamericano.
La primera tentación a la que deberá resistir la Presidenta será no suponer que en verdad ha “domado” a Trump. Ciertamente, cuando en abril, o no mucho después, llegue el cambio de reglas del juego, aprovechará sin duda el pragmatismo esgrimido hasta ahora para alejarse de voces radicales −la segunda y más peligrosa de las tentaciones− en la llamada “mesa de aranceles” en Palacio, donde le han propuesto revirar a Estados Unidos con aranceles, imponer mayores impuestos a compañías estadounidenses aquí, o aliarse con China, una potencia con la que no compartimos fronteras, donde no viven 40 millones de connacionales, y que también negocia en clave imperial.
Una tercera tentación, cuando el gobierno de Sheinbaum aún no cumple seis meses, lo supondrá soslayar las abrumadoras evidencias del frágil equilibrio de la economía nacional, no ocasionado por los aranceles de Trump, pero que se agravaría a causa de ellos. La carga de los programas sociales, el déficit presupuestal y la inflación que no acaba de diluirse deberían atraer ajustes económicos, cuya confección luce harto compleja. Una reforma fiscal, tan descrita por varios actores como panacea, podría agravar el ciclo de estancamiento, mientras el “Plan C” heredado por López Obrador −con la reforma judicial y la indexación incesante del salario mínimo− debilitan la inversión pública y ahuyentan la privada.
Una expresión del legado del tabasqueño, más inquietante en las presentes circunstancias –y supondría una cuarta tentación− fue la inclinación a concentrar en las solas manos presidenciales acciones que requieren del mayor consenso posible. Un acuerdo de fondo debería ser concertado desde los espacios de las finanzas públicas y la política económica, cuya medianía se acentuó con la salida de Rogelio Ramírez de la O en Hacienda.
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La quinta tentación de la presidenta Sheinbaum sería posponer la necesidad de construir un liderazgo estrictamente propio más allá del movimiento de la 4T, que sigue encarnando el citado Andrés Manuel López Obrador y la legión de personajes que se reclaman sus herederos, incluido su controvertido hijo, Andrés Manuel López Beltrán, quien se presenta como el poder real en Morena.
En estos tiempos que serán recordados como los que sacudieron a México, es necesario alentar dos, tres, diez Zócalos llenos más para que se ratifique que la autoridad sólo puede estar depositada en aquella persona a quien se reclamará asumir a plenitud su responsabilidad histórica.