Las últimas obras de Haydn & Mozart
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Cuando Isaac Newton (1643-1727) propuso una visión racional y física del Universo, con la postulación de sus Leyes, cimentó el edificio de la Ilustración. Y de paso arrebató el control del pensamiento a la Iglesia. Su casi contemporáneo Juan Sebastián Bach (1685-1750) se subió al barco científico al despojar a la música de la pasión como camino para su cultivo, y aplicarle la rigurosa ciencia de la matemática. Ahí está El arte de la fuga (BWV 1080), ejercicio algebraico por antonomasia.
La Ilustración, también llamada Siglo de las luces, propuso la revisión de la cultura clásica grecorromana, cuna de la razón y el pensamiento científico, en pos de la universalidad del conocimiento como motor del progreso colectivo. Esta revisión dio pie para que la música escrita a la luz del Siglo de las luces se llamase Clásica. Es decir, que asumiera estructuras formales claras, un gracioso equilibrio estructural, frases musicales simétricas, y melodías cantables acompañadas, en vez del contrapunto complejo del barroco. Además, y esto es importante señalar, la música clásica debería revestir cierta moderación expresiva. Digo que es importante porque exactamente contra esta moderación habría de explotar el Romanticismo con Beethoven como punta de lanza. Pero esa es una historia futura.
El clasicismo musical dio sus primeros pasos con Christoph Willibald Gluck (1714-1787), quien empezó por alejarse de la complejidad barroca, y con Carl Philipp Emanuel Bach (1714-1788), quinto hijo de J.S. Bach. Pero no fue sino con Franz Joseph Haydn (1732-1809) y con Wolfgang Amadeus Mozart (1756-1791) que el Clasicismo alcanzó la cumbre. Haydn fue el padre de la sinfonía y del cuarteto de cuerdas. Estas formas, junto a la Sonata, fueron las caracterizadoras de la música clásica. Haydn trabajó toda su vida como hormiguita en la depuración de la música clásica, tal vez sin ser plenamente consciente de su aportación. Al final de su vida había escrito 104 sinfonías, decenas de cuartetos y harta música sacra. Pero las más, más clásicas, las más perfectas, equilibradas, las obras axiomáticas del clasicismo son los Cuartetos de cuerda Op. 76 (1797), el gran oratorio La creación Hob. XXI:2, (1798) y la sinfonía No. 104, Londres en re mayor (1791), la última que escribió. Paso a defender: hay en la sinfonía limpieza textural, un dialogo claro entre las secciones, emotividad sin dramatismo, un preciso equilibrio interno en cada una de sus partes, y entre los movimientos, que casi se mide con regla. Y un bonus: humor debidamente administrado, sin las divertidas jactancias de la Sinfonía No. 45 en fa sostenido menor, Los adioses (1772), el Cuarteto de cuerdas en mi bemol mayor, Op. 33, No. 2, La broma, (1781), o la Sinfonía No. 94 en sol mayor, La sorpresa (1791).
Wolfgang Amadeus Mozart (1756-1791) fue otra hormiguita, aunque esta locuaz y procrastinadora (se rumora que padeció el síndrome de Tourette). Si la sinfonía Londres de Haydn representa la culminación de la sinfonía como género colectivo-orquestal, el Concierto para clarinete en la mayor K 622 (1791) la última obra de Mozart representa la culminación del concierto solista como género expresivo individual. En él hay elegante equilibrio formal, simetría temática, y un uso primoroso del diálogo solista-orquesta. Aunque, a diferencia de Haydn, Mozart se permite una cierta profundidad emocional notoria en algunos pasajes solistas del clarinete, la que ya avizora el Romanticismo por venir con Beethoven. (Se dice que el Romanticismo inició en 1804 con la sinfonía No. 3 en mi bemol mayor, Op. 55, Eroica).
Es un acierto de la Orquesta Filarmónica del Desierto ofrecer estas dos cimas del clasicismo en el programa de hoy por la noche. El culto público asistente advertirá que Haydn sigue el modelo sinfónico de cuatro movimientos, y Mozart se apega a la estructura tripartita del concierto clásico (Allegro–Adagio–Rondó allegro); en Haydn hay energía rítmica, en Mozart hay lírica cantábile. Haydn opta por la lógica constructiva. Mozart se va por la expresividad melódica. En ambos casos, sendas obras, clásicas entre las clásicas, son como ver bailar al Discóbolo de Mirón.
Hoy, 8:30 pm, Teatro de la ciudad.