Lo que Xi realmente quiere de Trump
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Su principal prioridad es garantizar que la cumbre se vea como un gran éxito. Llegar a un acuerdo comercial queda en segundo plano
Por Steve Tsang, Project Syndicate.
LONDRES- El 24 de septiembre, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, se reunirá con el presidente chino, Xi Jinping, en Washington. Como líderes de los dos países más poderosos, presiden la relación bilateral más trascendental del mundo. Pero si Trump da por sentado que esto significa que la política exterior de China gira en torno a las relaciones con Estados Unidos, está muy equivocado.
Xi es un hombre de disciplina y un ideólogo a la vez. Les exige a los responsables de la política exterior china que apliquen una estrategia global basada en los principios del “Pensamiento de Xi Jinping”, que determinan de qué manera China evalúa sus intereses nacionales y responde a la presión de Estados Unidos. El principal de estos principios es que la preservación del liderazgo de Xi y del gobierno del Partido Comunista tiene prioridad por sobre cualquier otro interés nacional. Le sigue de cerca la mejora de la posición de China en la escena mundial. La respuesta desafiante de China a la guerra arancelaria de Trump refleja estas prioridades. En efecto, la estrategia de Xi hace que resulte prácticamente imposible que China ceda ante la presión estadounidense.
¿Qué es, entonces, lo que quiere la China de Xi? Su máximo objetivo está consagrado en lo que Xi denomina el “sueño de China de un rejuvenecimiento nacional”, que debe cumplirse para 2050. Como explicamos junto con Olivia Cheung en nuestro nuevo libro China’s Global Strategy under Xi Jinping (La estrategia global de China bajo Xi Jinping), alcanzar este objetivo requiere un doble eje.
El primer eje, y el enfoque actual de la diplomacia china, consiste en asegurarse un apoyo abrumador del Sur Global para la agenda de política exterior de China. Xi ha restringido sus viajes al extranjero desde la pandemia del COVID-19, lo que hace que su reciente participación en la cumbre de la Organización de Cooperación de Shanghái en Bishkek, su visita de estado a Egipto y su reciente visita a India resulten especialmente reveladoras.
El segundo eje consiste en hacerse con Taiwán. Dada la posición de Taiwán dentro de la primera cadena de islas del océano Pacífico y su importancia para los intereses estratégicos de Estados Unidos en la región, su anexión demostraría la supremacía de China sobre Estados Unidos, marcando el advenimiento de la preeminencia global china y la consecución del Sueño Chino. Una misión de este tipo no puede ponerse en marcha hasta que China esté segura del éxito, y el plazo fijado para 2050 sugiere que Xi no tiene prisa.
En su intento de seducción del Sur Global, China busca forjar un “destino común para la humanidad” bajo su liderazgo, una formulación de Xi que el gobierno y los medios de comunicación chinos con frecuencia traducen erróneamente -y a menudo de forma deliberada- como “construir una comunidad de futuro compartido”. Para alcanzar este objetivo, Xi promueve la “democratización de las relaciones internacionales”, con el fin de transformar el orden internacional existente en un orden centrado en China.
Según la concepción de Xi, el orden internacional liberal es de, por y para un Occidente elitista que representa a una minoría de los estados miembro de las Naciones Unidas y de la población global. El dominio occidental es, por lo tanto, intrínsecamente antidemocrático. Por el contrario, el Sur Global, del que China forma y seguirá formando parte, según insiste Xi, abarca a la mayoría de los países y de los pueblos del mundo. Hacer que la ONU y otros organismos multilaterales rindan cuentas ante el Sur Global permitiría lograr la “democratización de las relaciones internacionales” y le permitiría a China dar forma al futuro orden internacional.
Hay más autocracias que democracias en el Sur Global, lo que sugiere que a muchos de sus líderes les puede resultar bastante atractiva la perspectiva de que el liderazgo internacional de Estados Unidos ceda paso a China, que les reitera constantemente su derecho a gobernar como mejor les parezca. La Iniciativa del Cinturón y la Ruta de China ofrece otro aliciente en forma de préstamos para el desarrollo sin la rendición de cuentas ni la transparencia impuestas por las democracias occidentales y las instituciones multilaterales de desarrollo que ellas controlan.
Estados Unidos no puede interactuar eficazmente con China sin reconocer qué es lo que motiva las iniciativas de Xi hacia el Sur Global y su determinación de transformar el orden internacional desde adentro. Fundamentalmente, el objetivo de China no es solo acabar con la hegemonía estadounidense, sino también restarle crédito a la idea de que la democracia representa el mejor camino a seguir para el mundo en desarrollo. No tiene ningún interés en ayudar a Estados Unidos a rectificar sus errores en política exterior. De hecho, se beneficia cuando se considera a Estados Unidos una amenaza para la paz, la seguridad y la prosperidad globales.
La guerra con Irán es un buen ejemplo de ello. Si bien China no quería que Estados Unidos atacara a Irán, se está beneficiando considerablemente del uso de la fuerza por parte de la administración Trump y de su fracaso, a pesar de su abrumadora superioridad militar, a la hora de alcanzar cualquiera de sus objetivos. Cuanto más aleja Estados Unidos a sus aliados tradicionales, perturba la economía global y perjudica a los países del Sur Global, más fácil le resulta a China ganar apoyo.
La principal prioridad de Xi en su encuentro con Trump es garantizar que la cumbre se vea como un gran éxito. Llegar a un acuerdo comercial queda en segundo plano. Ayudar a Estados Unidos a salir del embrollo que él mismo ha creado en Oriente Medio ni siquiera figura en su agenda. Si se lo presiona, es probable que se resista con firmeza. No obstante, tiene todas las razones para interactuar con Trump de forma positiva, dar una buena imagen y beneficiarse de la letanía de errores no forzados de Estados Unidos. Copyright: Project Syndicate, 2026.
Steve Tsang, director del Instituto de Estudios Chinos de la SOAS de la Universidad de Londres, es coautor (junto con Olivia Cheung) de China’s Global Strategy under Xi Jinping (Oxford University Press, 2026).