#LutoNacional: La voz ciudadana en épocas de hashtagtivismo

Opinión
/ 20 marzo 2025

Frente a la no visibilidad y a situaciones de injusticia social, los usuarios han tomado la palabra y el espacio en las redes para expresar aquello que las instituciones no expresarían o que invisibilizarían

La convergencia mediática que integran los medios tradicionales y las plataformas digitales en el siglo 21 contribuyó a repensar los nuevos espacios y canales de comunicación. Autoras como Kahne, Middaugh y Allen (2015) explican que los espacios públicos digitales crean nuevas posibilidades de participación política y cívica que los medios tradicionales prohibían, aunque los espacios digitales suman elementos del mundo tradicional como subjetividades individuales, prácticas e ideologías sociales que se desplazan en los discursos de la web. Ya en 2001, Martín Barbero señalaba que los nuevos medios traerían consigo una revolución social, pues estos recogen los desplazamientos de las luchas sociales y de grupos minoritarios por ser reconocidos y representados, especialmente: “hacerse visibles socialmente, en su diferencia”.

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Esta oportunidad la han encontrado las luchas sociales y ciudadanía en las redes sociodigitales que, desde su aparición, han propiciado conversaciones, espacios de apertura y horizontalidad, además de espacios con mayor expresividad individual. Parece que las redes sociodigitales poseen un potencial democratizador de la toma de la palabra, y esto es así porque la política se piensa a sí misma a partir de las lógicas mediáticas (Verón, 2001). En palabras de Eugenia Mitchelstein, autora argentina, los internautas “se encuentran empoderados en su capacidad de producción y consumo informativo, cuestionando el lugar tradicional de los medios en la construcción de agenda” (Mitchelstein, 2018), además de generar procesos de expansión de la comunicación para los ciudadanos y una participación activa en la coconstrucción del storytelling político (D’Adamo García Beaudoux, 2013).

Una de las plataformas con mayor algidez política es X (antes Twitter), la cual surgió en 2006, impulsada por sus creadores Jack Dorsey, Biz Stone, Noah Glass y Evan Williams, como un sitio de microblogging, es decir, un espacio para compartir mensajes personales del día a día con extensión muy corta. El primer mensaje publicado en la red fue escrito por Dorsey el 21 de marzo de 2006, con el texto: “just setting up my twttr”.

Twitter se consolidó como un espacio clave para la difusión de información en tiempo real y su éxito radica en su sentido abierto para que se ejerza la libertad de expresión sin importar el perfil del usuario, que puede ser desde un bot hasta un presidente de un país. La compra de la plataforma por parte Elon Musk, en 2022, trajo consigo varias polémicas y miedos sobre la posible censura o sesgos en los algoritmos; no obstante, pese a las polémicas y transformaciones, Twitter/X sigue siendo una de las redes sociales más influyentes del mundo.

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El mejor aporte de X no fue su libertad expresiva o sus cualidades de mensajería, sino el surgimiento del hashtag en 2007, un año después del surgimiento de Twitter. La historia es significativa, pues nace con la participación del usuario Chris Messina, quien propuso el símbolo de la almohadilla (#) para identificar mensajes relativos a una conversación grupal de sus amigos. Su iniciativa tuvo popularidad y buena respuesta entre los usuarios, al punto de que dos años después la plataforma decidió añadirlo como código de etiqueta o “tecnopalabras cliqueables” (Paveau, 2012).

Con su uso frecuente y reconocimiento público, surgen definiciones de esta nueva forma de enunciar. Bruns y Burgess habían descrito al hashtag como la puerta de acceso a públicos construidos por los efectos políticos, y es un inaugurador de nuevos espacios públicos. Pensando dicho espacio no como un territorio físico, sino, como señala Hannah Arendt, el efecto de poder que se genera cuando los hombres libres se reúnen a través de la palabra y de la acción. Por tal motivo, el uso del hashtag se convierte en un rasgo distintivo por su significado global que reconoce en la lucha y expresión social; además, se vuelve atractivo por el tipo de manifestaciones actuales que, según Gold, requiere de “una coordinación informal a partir de la utilización de las redes sociales digitales como plataformas de difusión” y lo que Zappavigna (2011) denomina un “ambiente de afiliación”.

Este sentido de afiliación ha generado que el hashtag se convierta en símbolo de causas sociales y movimientos colectivos de gran influencia local y global, como #BlackLivesMatter, #JeSuisCharlie, #MeToo, #YoSoy132, #NosFaltan43, #8M y #NiUnaMenos, por mencionar algunas que tuvieron trascendencia mundial en los últimos años en diferentes ciudades del mundo. El uso de la etiqueta logró que estos movimientos tuvieran “gran masividad, visibilidad y relevancia” (Zeifer, 2020).

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Ante este nuevo fenómeno, surge el término hashtagtivismo para indicar los hashtags “contestatarios” que introducen en el mundo social nuevos sujetos políticos y construyen colectividad por afinidad. Dando existencia, nombre, identidad y continuidad a una nueva subjetividad, la cual no preexiste al hashtag.

Frente a la no visibilidad y a situaciones de injusticia social, los usuarios han tomado la palabra y el espacio en las redes para expresar aquello que las instituciones no expresarían o que invisibilizarían. Recientemente en el contexto mexicano, ha surgido el #LutoNacional como una forma de protestar contra los funcionarios mexicanos, visibilizar sobre el hallazgo de hornos crematorios y restos humanos en Teuchitlán. Este hashtag no resuelve los hechos, pero sí permite sumar a los indignados por el caso, dar reconocimiento a lo sucedido y empatizar, desde la indignación, con los familiares de los afectados. Es una voz colectiva de aliento frente al silencio de los que ya no están.

@dialogosdigitalesUAdeC

nahayeli.gomez@gmail.com

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