Más que corrupción: La impunidad que une al Post, Epstein y las redadas del ICE

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Opinión
/ 5 febrero 2026

Las redadas de ICE no son casos aislados, sino herramientas políticas que refuerzan esta lógica: castigar hacia abajo mientras se protege arriba

El despido del Washington Post de un tercio de su personal, la publicación de nuevos documentos del caso Epstein y la intensificación de las redadas de ICE contra migrantes, podrían parecer noticias sin relación entre sí. Sin embargo, todas cuentan una misma historia: la de un poder que opera sin consecuencias.

Esto no es una teoría conspiratoria, sino una realidad. Desde la elección de Trump la riqueza de los hombres más ricos del mundo ha crecido tres veces más rápido, de acuerdo con la última investigación de Oxfam. Y es que las políticas del nuevo gobierno han beneficiado directamente a los superricos. Esta acumulación no es sólo económica: se traduce en poder político, mediático y militar.

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En este contexto, los despidos del Post reflejan la fragilidad de la independencia mediática ante los intereses privados. Hoy, más de la mitad de los medios de comunicación más influyentes del mundo están en manos de multimillonarios. Seis de los cuales controlan nueve de las diez principales redes sociales y ocho de las principales compañías de inteligencia artificial. Todo esto se traduce en un control de la información, de nuestra atención y de lo visible.

El caso Epstein ilustra de forma aterradora cómo funciona este sistema. No como un crimen aislado, sino como un ejemplo de impunidad circular y estructural: redes que se construyen a través de favores sexuales y económicos para alcanzar más poder y mayor influencia. Todo esto para silenciar y dejar de investigar los delitos detrás de estas redes. El mensaje es claro: no todas las personas están sujetas al mismo nivel de responsabilidad.

Esta impunidad necesita, además, una narrativa que desplace el foco de atención. Con el apoyo de partidos de extrema derecha y medios comprados, cada vez en un mayor número de países, los gobiernos señalan a los migrantes como responsables de la inseguridad y la pérdida de empleos. Las redadas de ICE no son casos aislados, sino herramientas políticas que refuerzan esta lógica: castigar hacia abajo mientras se protege arriba.

Nada de esto es completamente nuevo. Lo que sí es nuevo es la escala y la velocidad con la que unas pocas personas concentran tal nivel de poder globalmente. Ante esto, lo que está en riesgo no es sÓlo la democracia, sino la posibilidad misma de una gobernanza capaz de imponer límites a este poder privado.

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Frente a este panorama, Oxfam propone medidas claras: cobrar impuestos de forma efectiva a los superricos, regular el lobby y las puertas giratorias, limitar la financiación privada de campañas, proteger la independencia de los medios y aumentar la transparencia de las plataformas digitales. Ninguna de estas propuestas es radical. Lo verdaderamente radical es que sigamos aceptando que un puñado de personas acumule más poder mediático, económico y político sin ningún control democrático. Los despidos en el Post, las nuevas revelaciones de los superricos en el caso Epstein y las redadas de ICE no son hechos aislados. Son expresiones distintas de una misma patología: uno en el que la riqueza extrema compra impunidad a expensas de mujeres y migrantes.

@itelloarista

Especialista en temas anticorrupción

Es maestra en Relaciones Internacionales por la New York University y ex-becaria Fulbright-García Robles. Tiene estudios de licenciatura en Filosofía por la Universidad Nacional Autónoma de México. Fue coordinadora del proyecto Presta tu Voz de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM; asistente de investigación de Federico Reyes Heroles; parte del equipo de Transparencia Mexicana y asistente de investigación en el GovLab de NYU. Como parte de su trabajo en Impunidad Cero ha impulsado el uso de datos para analizar los problemas de impunidad en el país, así como la importancia de destacar las historias personales que reflejan estas cifra

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