Un ataque aéreo pakistaní dejó decenas de muertos en Kabul
Un ataque aéreo paquistaní contra un centro de rehabilitación de drogas mató a decenas de personas en Kabul, la capital de Afganistán, la noche del lunes, en el ataque más mortífero en lo que va de un conflicto cada vez más intenso entre los dos países vecinos
Por: Safiullah Padshah and Elian Peltier
Al menos 75 cuerpos, en bolsas para cadáveres o ataúdes, estaban siendo transportados en ambulancias que iban y venían durante la noche y la mañana del martes. Una evaluación inicial realizada en el lugar por una agencia de las Naciones Unidas dijo que el número de muertos podría ser mucho mayor, y señaló que sus observadores habían encontrado la “destrucción completa” de una parte del centro, que albergaba a alrededor de 180 adolescentes, con “ningún sobreviviente reportado”.
Pakistán se adjudicó la autoría del ataque, uno de seis que llevó a cabo en Afganistán el lunes. Sin embargo, en un mensaje en X, el ministro de Información paquistaní, Attaullah Tarar, dijo que el objetivo había sido un depósito de municiones. El del lunes fue el tercer ataque de Pakistán contra la capital afgana en las últimas semanas.
Un portavoz talibán advirtió el martes que Afganistán tomaría represalias, un paso que podría desembocar en una guerra total entre dos países cuyas poblaciones comparten profundos lazos culturales.
Pakistán, que alguna vez apoyó a los talibanes, acusa al gobierno talibán de Afganistán de dar cobijo a un grupo terrorista islamista responsable de cientos de atentados en Pakistán en los últimos años. Grupos armados operan a ambos lados de su frontera de 2640 kilómetros.
Funcionarios de ambos países estuvieron teniendo encuentros regularmente hasta el pasado octubre, cuando los dos ejércitos se enfrentaron a lo largo de esa frontera. A finales de febrero, Pakistán declaró la “guerra abierta” contra el gobierno talibán de Afganistán. Desde entonces, Pakistán ha lanzado decenas de ataques aéreos contra las dos ciudades más grandes de Afganistán y en zonas fronterizas.
Aunque aún no está claro cuál es el objetivo definitivo de Pakistán, el país ha golpeado la infraestructura militar afgana con ataques que también han alcanzado o dañado viviendas civiles, campos de refugiados e instalaciones médicas, según las Naciones Unidas.
Estados Unidos ha dicho que Pakistán tiene derecho a defenderse, una postura que los funcionarios paquistaníes interpretan como un visto bueno para llevar a cabo sus operaciones, según han dicho en privado. Pakistán ha hecho caso omiso de los llamados al diálogo de China, su principal socio, a pesar de los esfuerzos públicos de mediación realizados la semana pasada.
“Ambas partes necesitan urgentemente dar un paso atrás y volver a la mesa de negociaciones”, dijo Ibraheem Bahiss, analista principal sobre Afganistán del International Crisis Group, con sede en Kabul. “Sin un alto al fuego, la situación corre el riesgo de agravarse aún más, y es probable que los civiles se lleven la peor parte”.
El complejo alcanzado el lunes por el ataque aéreo paquistaní albergaba un centro de rehabilitación de drogas manejado por el gobierno talibán. Un portavoz del ministerio de Salud afgano dijo que en el edificio había 200 pacientes.
Un cartel en lo alto de un edificio contiguo, que estaba carbonizado, decía “Centro de Apoyo y Tratamiento, Omid”, o “esperanza” en lengua dari. El martes, cientos de personas se agolpaban en la entrada del complejo, muchas preguntando por sus familiares.
Basmina Khudadadi pedía noticias sobre su hermano, quien, dijo, había ingresado hacía unas seis semanas. Comentó que le había llevado ropa limpia el mes pasado.
“Aún no hemos informado a su esposa”, dijo Khudadadi.
Jacopo Caridi, jefe de la oficina en Afganistán del Consejo Noruego para los Refugiados, visitó el lugar y dijo que las bajas “se cuentan por centenares”. Dijo que no había visto ninguna instalación militar en las inmediaciones.
En una declaración realizada el martes, el ministro de Información de Pakistán, Attaullah Tarar, dijo: “Todos los ataques se han dirigido con precisión solo contra las infraestructuras que utiliza el régimen talibán afgano”.
El número de víctimas mortales del lunes fue el peor desde finales de febrero, cuando Pakistán lanzó ataques contra más de 20 lugares, matando al menos a 274 personas, según el ejército paquistaní. Las tropas afganas atacaron más de 50 posiciones fronterizas paquistaníes durante esos combates, y Afganistán dijo haber matado a 55 soldados paquistaníes.
La misión de la ONU en Afganistán calcula que 115.000 personas han sido desplazadas allí.
Algunas instalaciones construidas durante la guerra estadounidense en Afganistán han sido reutilizadas por las autoridades talibanes, incluidas algunas bases militares antiguas que ahora albergan escuelas religiosas. El centro de rehabilitación de drogas Omid estaba en una antigua base estadounidense, no lejos del aeropuerto internacional de Kabul.
El martes, decenas de colchones manchados de sangre yacían esparcidos entre los escombros, mientras los bomberos y los equipos de emergencia transportaban cadáveres a las ambulancias, bajo la estrecha vigilancia de cientos de personas armadas.
El edificio destruido, afirmaron funcionarios afganos, era una estructura de 55 metros de largo que se usaba para las comidas y la oración. En edificios contiguos más pequeños, los escombros contenían batas blancas y azules para pacientes, sandalias idénticas y botellas de jarabe medicinal.
También se incendiaron otros edificios adyacentes a la gran estructura, cada uno de los cuales contenía entre 20 y 30 literas.
Afganistán ha sido por mucho tiempo la principal fuente mundial de opio producido ilegalmente, pero una prohibición de las autoridades provocó un acusado descenso de la producción de opio en 2023. Aun así, el consumo de cannabis y drogas sintéticas como la metanfetamina sigue siendo un importante problema de salud pública.
Muhammad Haidari, de 23 años, estaba atónito mientras las llamas continuaban ardiendo en las primeras horas del martes. Dijo que sus dos tíos habían ingresado en el centro en febrero.
“No sé si están vivos o muertos”, dijo Haidari. “Cada uno tiene hijos y familia que esperan que vuelvan a casa”.
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