Más sobre el nacionalismo en México
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El origen y desarrollo del nacionalismo en México obedeció a la urgente necesidad de unificar la polícroma cultura étnica diseminada a lo largo de un inmenso territorio de dos millones de kilómetros cuadrados. A la guerra de Independencia siguió un largo periodo de cohesión y asentamiento con frecuencia truncado por constantes levantadas militares domésticas, e invasiones extranjeras, principalmente de Francia y EUA, a las que se enfrentó Juárez. Tras las guerras juaristas vino la larga dictadura de 30 años de Porfirio Díaz, cubriendo a México con un manto de sangre, injusticia y marginación. Éste acabó con la Revolución Mexicana, a la que casi inmediatamente siguió la Guerra cristera, de 1927 a 1929.
México llevaba ya sobre las espaldas de su historia un torbellino social, y cultural que lo imposibilitaba para reconocerse como una unidad sólida, asentada, y de cara hacia un futuro medianamente promisorio. Era, pues, necesario construir un solo México mediante un descomunal ejercicio nacionalista apoyado en la educación y las artes, desde el Muralismo, la Danza, la Arquitectura, el Cine de la llamada Época de Oro.
Para el caso de la música el nacionalismo descansó en los hombros del capitalino Carlos Chávez Ramírez.
Carlos Chávez (1899-1978) incorporó elementos folklóricos nacionales al esquema académico europeo, en una suerte de distancia “cultivada”. Se trataba de mostrar cómo el sonido mexicano, a través de instrumentos identitarios —huehuetl, teponaztli, ocarinas, caracoles o raspadores— se acercaba a la alta cultura.
Chávez vistió a la mona de seda en lugar de diseñarle un traje. Es decir, metió lo folklórico mexicano en esquemas europeos como se advierte en el ballet Caballos de vapor 1926–32), la sinfonía No. 2 India (1935–36)
Estéticamente la obra nacionalista de Chávez es valiosa, sin duda —no toda lo fue—, y él mismo Chávez cimentó la reflexión desde el arte en torno a lo patrio, el mestizaje, la riqueza étnica, e impulsó a la siguiente generación... y empañó a la propia.
Sus contemporáneos nacionalistas, —no todos lo fueron— José Rolón (1876-1945), Candelario Huizar (1883-1970), y Silvestre Revueltas (1899-1940), vivieron una marginación sonriente, nunca confrontativa, pero marginación al fin, especialmente el duranguense Revueltas.
Manuel M. Ponce (1882-1948), también contemporáneo de Chávez, se supo mantener a distancia, tanto porque él había sido maestro de Chávez en el Conservatorio, así como por la solidez de su música, y quizá lo de mayor peso para Chávez: la cercanía de Ponce con la Presidencia. De hecho, Ponce fue el primer creador mexicano en recibir el Premio Nacional de Ciencias y Artes, en 1947, de manos de Miguel Alemán. Chávez hizo lo posible e imposible por ser él el galardonado, y borrar la trayectoria de Ponce, tal como antes había borrado la del exquisito pianista Ricardo Castro, a quien calificaba como “...un compositor de vena más bien intrascendente y fácil”.
Ponce sí había construido un concepto nacionalista de la música, desde la propia cultura mexicana. Él procedió a la inversa de Chávez al adaptar lo académico europeo a las manifestaciones musicales mexicanas. Ejemplo claro de ello es el Scherzino mexicano (1909), la Rapsodia mexicana (1913) y el ya muy maduro divertimento Ferial (1940).
En estas obras Ponce pone al servicio de las melodías y ritmos populares las armonías ricas y complejas del academicismo europeo.
La siguiente generación notable en el ámbito nacionalista, fue la conformada por discípulos de Chávez, el llamado Grupo de los Cuatro: los jaliscienses José Pablo Moncayo (1912-1958), Blas Galindo (1910-1993); el yucateco Daniel Ayala (1906-1975) y el guanajuatense Salvador Contreras (1910-1982). Como Ponce, y por sobre Chávez, los cuatro erigieron un lenguaje musical propio, retrato de un México moderno, sin desdeño sino con orgullo de las raíces ancestrales. Este espíritu aparece en, por ejemplo, Tribu (1934) la obra orquestal de Ayala; Danza negra (1966) de Salvador Contreras; Sones de mariachi (1940) de Blas Galindo; y el Huapango, poema sinfónico (1941) de Pablo Moncayo.
Con el Grupo de los Cuatro cierra el nacionalismo musical mexicano dando paso a La Ruptura, con Manuel Enríquez (1926–1994), Mario Lavista (1943–2021), Joaquín Gutiérrez Heras (1927–2012) o Alicia Urreta (1930-1986) Mario Kuri Aldana (1931-1913), entre otros, de quienes se hablará en siguientes entregas.