Minneapolis: la ciudad de las aguas y una convulsión que aterra al mundo
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Antiguamente los grupos Anishinaabe y la nación Dakota Oriental vivían en lo que ahora conocemos como Minneapolis, un vocablo que es una mezcla interesante: “mni” significa agua en dakota y “polis” que implica ciudad y proviene del griego. Así la nombraron los inmigrantes que poblaron a esta zona posteriormente. Esta denominación tiene eco también en el estado: Minnesota, que deriva del dakota “mnisota” y que tiene otro componente: “sota”, el cual alude al cielo y a lo turbio. Se puede traducir como agua azul clara, agua teñida de cielo, agua turbia, leche en el agua o agua lechosa.
La entidad de Minnesota que en general ha recibido a todo tipo de migrantes, y que posee una geografía que incluye grandes lagos, bosques y praderas, o turberas y pantanos, ahora está en el ojo mediático global. Su exuberancia y belleza naturales se mantienen, junto a un calificativo que hoy ha entrado en pausa: es considerada entre las mejores estados para vivir en EUA, ya que tiene una alta calidad de vida y con una baja tasa de desempleo. Minnesota ha votado, también, en contra de Trump invariablemente.
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¿Qué hace el ICE de Donald Trump en Minneapolis? El sábado asesinó a tiros a un enfermero que registraba la protesta pacífica (sin arma alguna). Y con esta muestra aterradora, ICE intensifica la persecución a inmigrantes; continúa sitiando la ciudad y desplegando miles de agentes, quienes tienen la peor percepción entre los habitantes, pues se difunde que quienes ingresan a este cuerpo policial son elementos que no han pasado las pruebas necesarias para integrarse a otros equipos policiales, personas con escasa escolaridad y calificaciones deficientes o gente que no ha aprobado los controles psicológicos, entre otros elementos de medición.
Existe también una problemática desatada por la comunidad somalí años atrás, parte de sus integrantes inventaron iniciativas y programas para obtener millonarios financiamientos federales, en llano español, estafaron al Estado, al igual que lo hicieron miembros de otras comunidades de inmigrantes en esa misma ciudad. Estos fraudes tienen por supuesto un impacto social, sin embargo, la ciudadanía minneapolitana sabe distinguir: no paga la totalidad por una porción. La convivencia y el entendimiento que arropa la diversidad de identidades, prevalece y a raíz de este último asesinato. Ellos intensifican su autocuidado comunitario, pues a la diversidad la unen relaciones no solo laborales, sino afectivas, de sangre y de intensa migración de saberes, tradiciones, usos y costumbres.
La forma en la que el Gobierno Federal irrumpe en esta ciudad es una muestra de la ausencia de garantías individuales y de libertad en “el país de la libertad”. Trump ha declarado que invocará a la Ley de Insurrección, para llevar allí al ejército, ya que, según sus argumentos, Minneapolis es parte de las “ciudades santuario” que protegen a criminales, ya que no colaboran en las detenciones migratorias.
Los avances son cada vez más violentos y crueles: ingresos a hogares a punta de golpes, niños arrestados, una infancia hacinada en centros de detenciones, golpizas a ciudadanía norteamericana blanca también que se manifiesta a favor del retiro de ICE, ya no solo son los inmigrantes de piel oscura, y todo esto porque quieren quebrar la solidaridad que allí se vive.
Y es eso, la solidaridad, la hermandad, el amor, la alegría y la resistencia que brillan con más fuerza en las manifestaciones masivas del fin de semana pasado; esto enfurece a un poder habitado por la guerra y la insanidad.
Sin embargo, los minneapolitanos aumentan sus solidaridades, como el caso de los restaurantes y cafeterías que ofrecen comida y bebidas calientes en forma gratuita, como la familia que entregó la llave de su hogar a una familia de inmigrantes por si requiere salir huyendo, o el cierre de casi la totalidad de los negocios desde el viernes pasado, con una huelga encabezada por residentes, líderes religiosos y sindicatos de trabajadores, 100 de ellos arrestados ya, por pedir el retiro de ICE y el cese de la violencia en contra de la población, entre otros sensibles puntos.
Esta forma de aplastar a la propia población estadounidense por su presidente, ahora busca someter al gobernador de Minnesota, Tim Walz, y al alcalde de Minneapolis, Jacob Frey; ambos enfrentan acusaciones del gobierno trumpista por hacer lo que deben, defender a sus gobernados.
No hay ya más federalismo donde los 50 estados de Estados Unidos tienen en teoría, sus propias leyes y gobiernos. Ya no opera la democracia representativa, ni hay el habitual sistema de pesos y contrapesos que más o menos limitaba el abuso de poder. Se extiende un mazo que pulveriza todo lo que el poder presidencial no acepta.
Los ciudadanos del mundo vemos a un Trump con sus resorts deseando amueblar el mundo, incluyendo Gaza, donde sigue apoyando la matanza de civiles en alianza con Israel. En él no hay ética, prevalece la continuidad de una idea de exclusividad abyecta que reproduce un sistema enfermo, blanco, heteropatriarcal y de una extrema derecha que ya es fascista. Y esta es la visión del mundo que todavía medios masivos en general, celebran, cómo no hacerlo si pertenecen a la misma élite aceitada con contratos publicitarios, acciones y nudos familiares.
Ante un paisaje así, muchos de nosotros, observadores del terror que se vive en Minneapolis, solo atinamos a admirar el valor de los ciudadanos que se exponen a lo indecible por defender lo que es: la vida comunitaria que se expresa en la diversidad de identidades y culturas que la conforman.