Mirador 13/01/2026
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Entre todos los chiquillos que había en la sala el pobre mago tuvo la desgracia de elegir a quien al paso de los años se convertiría en gran comediante
El mago hizo un anuncio al público que veía su espectáculo en el teatro: enhebraría una aguja con la boca sin tener en ella nada que le ayudara a consumar la hazaña. Para probar su afirmación pidió a un niño que subiera al escenario. Le preguntó:
–¿Qué ves en mi boca?
Y la abrió. La vio el chiquillo y respondió:
–Piorrea.
Gran carcajada. Entre todos los chiquillos que había en la sala el pobre mago tuvo la desgracia de elegir a quien al paso de los años se convertiría en gran comediante: Groucho Marx.
Genial actor era él, lo mismo que sus hermanos Harpo y Chico, quienes a más de ser igualmente extraordinarios cómicos eran también talentosos músicos, el primero intérprete de arpa; pianista el otro.
En cierta ocasión un pastor de iglesia le dijo a Groucho Marx:
–Le agradezco toda la alegría que ha puesto en el mundo.
Replicó el comediante:
–Es para compensar toda la tristeza que ustedes han puesto en él.
¡Hasta mañana!...