Mirador 17/01/2026
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Ya se sabe que la fe mueve montañas.
Últimamente no ha movido ni una. Las montañas siguen siendo las mismas, pero la fe no es la misma ya.
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A pesar de eso todavía se recuerda la última montaña que la fe movió. En el lugar donde había estado esa montaña quedó un hueco feo y grande que hasta la fecha no se ha podido rellenar, y en el sitio a donde fue llevada la montaña causó problemas grandes, pues ya había ahí otras montañas, y la aglomeración orográfica dio origen a toda suerte de dificultades.
Quizá sea mejor que la fe ya no mueva montañas. Ésa no es su misión. Su misión es cerrar los ojos de la gente para que después los pueda abrir a una luz que la razón no puede dar pese a ser tan luminosa.
Yo celebro que la fe ya no ande por ahí moviendo montañas. Por algo Dios las puso donde están. La fe es virtud valiosa, pero eso no la autoriza a modificar los mapas.
¡Hasta mañana!...