Noche de brujas Halloween
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Cada Halloween resucitan los mismos fantasmas: los que aseguran que disfrazarse, pedir dulces y celebrar una noche de terror es una amenaza para nuestras tradiciones y una invitación al pecado. Son quienes ven al diablo detrás de una calabaza, pero no parecen encontrar nada malo en la intolerancia, la hipocresía ni la indiferencia ante la pobreza. Así de selectiva puede ser la moral de algunos.
Pero Halloween tiene raíces mucho más antiguas que las polémicas de quienes hoy pretenden condenarlo. Mucho antes del cristianismo, otras culturas ya celebraban fiestas para honrar a sus muertos. Una de ellas fue Samhain, el antiguo festival celta del que, según la creencia popular, deriva parte de la tradición que hoy conocemos como Halloween que se habría inspirado en el antiguo festival celta de Samhain (pronunciado Saw-en), que significa “fin del verano”.
En Irlanda, Escocia y algunas regiones de la actual Inglaterra celebraban su Año Nuevo el 1 de noviembre, al terminar la cosecha y comenzar el invierno. Era el final de la luz y el comienzo de la oscuridad, la transición entre la vida y la muerte.
Se cree que durante esa noche los sacerdotes celtas encendían grandes hogueras donde la gente ofrecía sacrificios de animales a sus dioses, agradecía los cultivos obtenidos y pedía un buen año. Creían que, en la víspera de Samhain, la frontera entre vivos y muertos desaparecía y los espíritus vagaban por la tierra. Por eso, reservaban lugares en la mesa para sus difuntos y les preparaban banquetes. Dejaban dulces afuera de sus casas para los espíritus errantes y para protegerse de los malignos, tallaban calabazas y se disfrazaban con la intención de confundirse entre ellos.
Cuando los romanos conquistaron gran parte de esos territorios, Samhain se relacionó con Feralia, una festividad romana dedicada a los muertos. Siglos después, en el año 609, el papa Bonifacio IV estableció una celebración católica en honor de los mártires. Alrededor del año 700, el papa Gregorio III la amplió para incluir a los santos y fijó el 1 de noviembre como el Día de Todos los Santos.
Y aunque no se ha demostrado una conexión directa entre Samhain y el Día de Todos los Santos, muchos estudiosos consideran que la cercanía de ambas fechas favoreció su influencia mutua y contribuyó a la tradición que hoy conocemos como Halloween.
Los inmigrantes irlandeses e ingleses llevaron estas costumbres a Estados Unidos, donde evolucionaron hasta convertirse en la festividad actual. Hoy, Halloween representa para ese país un negocio de aproximadamente 13 mil millones de dólares.
En México, nuestro Día de Muertos tiene sus propias raíces y tradiciones. Sin embargo, a algunos mexicanos les molesta que celebremos Halloween e iniciarán un debate reciclado que no conduce a ninguna parte. Porque, les guste o no, esta noche miles de niños saldrán a las calles a pedir dulces.
Pero hay más, pues aseguran que en Halloween se adora al diablo y se glorifica el mal. Nada más alejado de la realidad. El cristianismo, como otras religiones, incorporó y adaptó tradiciones, leyendas y creencias anteriores. Aunque algunas celebraciones religiosas tienen antecedentes en culturas antiguas, las supuestas coincidencias históricas deben analizarse con cuidado. Las creencias y las sociedades cambian con el tiempo.
En lo personal, considero que Halloween es una celebración inofensiva y la excusa perfecta para que los niños se disfracen, pidan dulces y pasen un buen rato.
Así que no se espante: esta noche muchos fantasmitas tocarán a su puerta. Pero mire con atención, porque quizá detrás de algún disfraz esté un niño que no tiene dinero para comprar dulces, que no estrena disfraz y que conoce demasiado pronto las vergüenzas de la pobreza.
A esos niños también les pertenece esta noche. No les cerremos la puerta por vivir en una colonia distinta o venir de un lugar que preferimos ignorar. Abramos los fraccionamientos cerrados y recibamos a los niños que pedirán dulces por diversión; pero más a esos que buscan sentirse incluidos, recibir cariño y comprobar que alguien los ve.
Si de verdad queremos espantar algo este Halloween, espantemos la indiferencia. Ese sí es un monstruo real, uno sin máscara que vive entre nosotros todos los días.
@marcosduranf