Obesidad infantil: la ‘receta’ también está desde la casa

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Opinión
/ 16 abril 2026

Las políticas públicas pueden sentar las bases, pero su efectividad depende en gran medida del compromiso de las familias

Uno de los grandes problemas de salud pública que México ha afrontado desde hace años es la obesidad infantil, al grado que se ubica en el octavo lugar en el mundo con este mal.

Ante esta situación, el Gobierno Federal ha presentado esfuerzos para contrarrestar esta problemática. La mayor de estas acciones es el programa “Vida Saludable”, el cual recién cumplió un año de entrar en vigor.

https://vanguardia.com.mx/opinion/inflacion-en-alimentos-ahora-tambien-la-guerra-JA20020393

En este lapso, como lo documentamos en el reporte periodístico que publicamos en esta edición, los avances logrados dentro de los planteles escolares contrastan con una realidad que persiste fuera de ellos: los hábitos alimenticios en los hogares continúan siendo un factor determinante en la lucha contra la obesidad infantil.

La política pública ha logrado reducir, en cierta medida, la disponibilidad de comida chatarra en las escuelas. Sin embargo, los testimonios de padres y docentes evidencian que los cambios estructurales no son suficientes cuando no van acompañados de una transformación en la cultura alimentaria familiar. Los lonches escolares siguen integrándose, en buena parte, por productos de bajo valor nutricional, altos en azúcares y harinas refinadas, lo que limita el impacto de las medidas implementadas.

Este escenario confirma que la escuela, por sí sola, no puede asumir la responsabilidad de modificar hábitos profundamente arraigados. La formación alimentaria comienza en casa y es ahí donde se establecen las decisiones cotidianas que determinan la calidad de la dieta infantil. Si bien existen factores económicos que condicionan el acceso a alimentos más saludables, también es cierto que persisten prácticas basadas en la conveniencia, la costumbre o la falta de información.

El reto, por tanto, no es únicamente normativo, sino cultural. Implica generar conciencia sobre la importancia de una alimentación equilibrada, accesible y sostenible, así como promover alternativas viables dentro de las posibilidades de cada familia. La preparación de los alimentos en casa, lejos de ser una carga, representa una oportunidad para mejorar la calidad nutricional de lo que consumen niñas y niños.

Asimismo, es necesario reconocer que la permisividad –tanto en algunos planteles como en el entorno inmediato de las escuelas– debilita los esfuerzos institucionales. La persistencia del comercio informal de productos no saludables a las afueras de los centros educativos es un recordatorio de que las estrategias deben ser integrales y coordinadas entre autoridades y sociedad.

México enfrenta un desafío mayúsculo al ubicarse entre los países con mayores índices de obesidad infantil. Esta condición no sólo impacta la salud presente de millones de menores, sino que anticipa riesgos significativos a futuro en términos de enfermedades crónicas y calidad de vida.

Ante ello, resulta indispensable fortalecer la corresponsabilidad. Las políticas públicas pueden sentar las bases, pero su efectividad depende en gran medida del compromiso de las familias. Apostar por una alimentación más saludable desde el hogar no es una opción secundaria, sino un componente esencial para revertir una problemática que exige acciones firmes, constantes y compartidas.

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