Odiseo de Homero y Nolan

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Opinión
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La Odisea, el relato de Homero, es un poema que ha perdurado casi tres mil años. ¿De qué trata la historia. Esencialmente, es un libro sobre regresar a casa. Los griegos lo llamaban nostos, y de ahí proviene en parte nuestra palabra nostalgia. Es la historia de Odiseo que intenta regresar a algo: un hogar, una persona, una parte perdida de sí mismo o la vida que tenía antes de que el mundo lo cambiara. Por eso, utiliza los mares, los dioses, los héroes y los monstruos, hazañas que cuenta no para entretenernos con barcos, tormentas, dioses y monstruos, sino porque comprendía lo que la guerra, el paso del tiempo, la distancia y la pérdida pueden hacerle al alma humana.

Odiseo parte de Ítaca como rey, esposo y padre. Veinte años después regresa solo, agotado y disfrazado de mendigo, cargando el recuerdo de todos los compañeros que jamás lograron volver a casa.

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Los monstruos nunca fueron simples criaturas creadas para el espectáculo. El Cíclope representa el poder sin justicia; las Sirenas, las voces seductoras que apartan al ser humano de su propósito; Circe simboliza el riesgo de perder nuestra humanidad; y Calipso ofrece la inmortalidad, pero incluso la vida eterna se convierte en prisión cuando el precio es olvidar hasta tu propia identidad.

Ítaca tampoco es solo una isla. Es el lugar que aún le recuerda cuando el mundo ya no reconoce su rostro. Es el hogar que permanece vivo cuando todo lo demás ha desaparecido. Es Penélope envejeciendo mientras espera; Telémaco convirtiéndose en hombre sin la guía de su padre; y Argos sobreviviendo solo para reconocer a su amo por última vez.

Odiseo no es grande porque derrote monstruos. Lo es porque es orgulloso, temeroso, herido, imperfecto y profundamente humano. Pierde a sus compañeros, su juventud, su nombre y veinte años de su vida, pero nunca renuncia a recordar quién es: Un hombre destrozado por la guerra, arrojado a un universo indiferente. Su historia se convierte en un relato de resistencia. Cree que su alma está corrompida. Por eso el Caballo de Troya que con Homero se presenta como su mayor triunfo, en el filme de Nolan se convierte en su mayor vergüenza. Ya no se trata del castigo de los dioses, sino de la incapacidad psicológica de regresar a Ítaca.

Sin embargo, al convertir la culpa y la sensación de indignidad en el eje absoluto del personaje, Nolan convierte a Odiseo-Ulises en un símbolo: el soldado desecho por la guerra. La Odisea nunca trató de cuánto podía viajar un hombre, sino de cuánto le arrebataba el mundo antes de dejar de ser él mismo y de si, después de perder casi todo, todavía era capaz de encontrar el camino a casa.

Y por supuesto esta el pasaje del canto de las sirenas es estremecedora. Obligada la tripulación a colocar cera en sus oídos evitar escuchar su canto que los llevaría a su muerte última, pero Odiseo pide ser amarrado al mástil del barco. Quería escuchar su canto y lo hizo descubriendo que “Era el sonido que encarnaba todo lo que alguna vez quiso ser y todo aquello que su alma había anhelado. Era un delicioso picor que ansiaba rascar, pero que permanecía oculto bajo una piel a la que sus manos nunca podrían llegar, hasta convertirse en un tormento insoportable. Era un canto compuesto por las melodías de todas las promesas que jamás cumplió. Las sirenas le revelaron a Odiseo que “aquello que más anhela el alma es precisamente lo que resulta imposible obtener, y que el mayor dolor consiste en comprender que aquello que hoy no puedes poseer fue, alguna vez, tuyo... y lo perdiste”.

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Pero cuando Odiseo finalmente logra regresar a Ítaca, Penélope lo reconoce no por su fuerza, su gloria ni su apariencia, sino porque Odiseo puede recordar el lecho que ambos construyeron. Ese es el verdadero corazón de La Odisea. No las batallas. No los barcos. No los monstruos. Sino a dos personas frente a frente después de veinte años, preguntándose si el amor, la memoria y la identidad pueden sobrevivir al paso del tiempo. Y es entonces que Odiseo tensa su arco, Penélope lo oye...y al instante lo sabe.

Hay más que decir. Hay más que sentir. Hay más que escuchar. Hay más que comprender. Existe una razón por la que La Odisea de Homero se sigue estudiando milenios después de su creación. Es por eso que hoy, La Odisea de Nolan dio de alguna forma vida de manera vívida ante una generación completamente nueva.

@marcosduranf

Columna: Dogma de fe

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