Pago no debo, debo no niego

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Opinión
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Los humildes de la tierra escuchan la cifra y se ríen

En los pueblos pequeños de México, los deportados regresan con la nostalgia tatuada en la piel. Décadas lejos, ahora vuelven con hijos hablando inglés y madres aún rezan en español. La vida se acomoda entre tortillas y WhatsApp, hasta la extorsión cruza la frontera como si fuera un nuevo tratado comercial.

La cifra es absurda. 423 millones de dólares. Una deuda inventada, un cobro extemporáneo, extraterritorial, como si la pobreza pudiera pagar en billetes verdes. Los humildes de la tierra reciben la factura con la misma sorpresa de la visita del cobrador del gas.

Molotov ya lo cantaba. Frijolero, no me llames frijolero. El eco de esas letras se mezcla con el humor negro de la realidad. Los deportados, ahora vecinos de rancherías olvidadas, escuchan también el rugido de “Voto Latino” y el golpe seco de “Hit Me”. La música se convierte en crónica, la crónica en ironía, la ironía en resistencia.

El periodismo formal anota los datos.

Deportados que regresan tras 20 o 30 años. Familias que sobreviven con remesas cortadas. Extorsiones disfrazadas de impuestos invisibles. La pregunta retumba en las calles polvorientas: ¿Cómo van a pagar los humildes de la tierra?

El humor negro responde. Con gallinas, tortillas, la paciencia infinita de quienes nunca tuvieron nada. La ironía se convierte en arma, el sarcasmo en escudo. La deuda es tan imposible como pedirle a un río que deje de correr.

El regreso de los invisibles-

Los deportados vuelven con acentos mezclados, con recuerdos de fábricas en Chicago y cocinas en Houston. Sus hijos hablan de high school y de community college, mientras los abuelos siguen contando historias de ejidos y sequías. La frontera se convierte en cicatriz, esa marca imborrable ni con papeles ni con rezos.

La extorsión llega disfrazada de justicia. Una deuda que nadie firmó, un cobro que nadie aceptó. Los números se inflan como globos imposibles: 423 millones de dólares. La cifra se repite en oficinas, en periódicos, en discursos huecos. Los pueblos escuchan y se ríen con ironía amarga.

Ironía como resistencia.

El humor negro se convierte en refugio. Los deportados bromean. Si quieren dólares, les damos gallinas. Otros dicen. Pagamos con tortillas, con frijoles, con canciones de Molotov. La ironía se vuelve arma, sarcasmo corta más al machete.

La música acompaña la crónica. “Voto Latino” retumba en las bocinas viejas de las camionetas. “Hit Me” golpea como recordatorio de la violencia no necesita pasaporte. Las letras se mezclan con la vida diaria, con la resistencia silenciosa de quienes nunca tuvieron nada.

Datos formales del periodismo. Remesas que se cortan de golpe. Comunidades que sobreviven con trueque. Deudas se inventan en oficinas lejanas.

Los reportes hablan de familias divididas, de hijos no conocen a sus padres, de abuelos crían nietos con paciencia infinita. Los datos no explican la ironía, no explican la resistencia.

Extemporáneo y extraterritorial. La deuda no pertenece a nadie, pero se exige a todos. Extemporánea, porque llega tarde, porque llega sin aviso. Extraterritorial, porque se cobra en pueblos donde nunca hubo bancos ni dólares.

Los humildes de la tierra escuchan la cifra y se ríen. Pagan con paciencia, con silencio, con la certeza de nunca tuvieron nada por perder. La deuda se convierte en símbolo, en absurdo que revela la injusticia. ¡Los pobres pagan con sangre lo jamás obtuvieron en dólares!

Morelense de cepa Regiomontana. LCC con especialidad periodismo (UANL). Doctor en Artes y Humanidades (I.C.A.H.M.). Tránsfuga de la mesa de redacción en diferentes periódicos como El Diario de Monterrey, Tribuna de Monterrey, y del grupo Reforma en el matutino Metro y vespertino El Sol. Escort de rockeros, cumbiamberos, vallenatos y aprendices al mundo de la farándula. Asiste o asistía regularmente a conciertos, salas de baile, lupanares, premieres, partidos de fútbol y hasta al culto dominical. Le teme al cosmos, al SAT, a la vejez y a la escasez de bebidas etílicas. Practica con regularidad el ghosting. Autor de varios libros de crónica como Hemisferio de las Estaciones, Crónicas Perdidas, Montehell, Turista del Apocalipsis, Monterrey Pop, Prêt-à-porter: crónicas a la medida y Perros ladrando a la luna en Monterrey

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