Pertenecer

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Opinión
/ 28 septiembre 2025

“En esta ciudad hubo un río, álamos

de vientos amados.

Pero levantaron piedras dormidas

para construir boulevares

y puentes.”

Juan José Amador.

La palabra espacio y su significado ha evolucionado como muchas otras palabras a lo largo de la historia, este concepto abarca la idea de un lugar: una medida, un lapso de tiempo, entre otros significados. Lo que es innegable es que es omnipresente tanto en el mundo que habitamos como en nuestros quehaceres diarios, gustos e intereses como la música, las matemáticas, la física, la astronomía, la arquitectura, la poesía y todo en lo que pueda considerarse que existe un lapso, una dimensión o un hueco entre dos cosas, incluso, entre dos moléculas. Es un vacío intangible que existe entre dos o más objetos tangibles.

Sin embargo, también existe el espacio entre dos pensamientos, transformándolo en un concepto que va más allá de lo físico. Los espacios que habitamos son lugares que se encuentran delimitados por objetos tangibles de diversos materiales y texturas, aberturas, masas, oquedades, transparencias, oscuridades y luz. Cada persona vive y habita según sus costumbres que, al mismo tiempo, ha heredado de alguien más, se habita el espacio, y en este acto se gesta y desarrolla una relación con él que implica adaptación y apropiación en este habitar.

Dice el arquitecto Wang Shu que “cualquier tipo de arquitectura, sea cual fuere su función, es una casa”, es decir, la relación que tienen los seres humanos con la vivencia del espacio proviene de nuestro primer acercamiento a éste en la existencia: la casa. Pero este lugar al que llamamos “hogar” se encuentra inscrito en otro más grande que a su vez cuenta con grandes circulaciones, lugares para comer, estar o descansar. Pallasmaa dice que, “habitamos la ciudad y la ciudad habita en nosotros” porque somos quienes la conformamos y tenemos en nuestra mente y en nuestro cuerpo huellas de la ciudad en la que vivimos. Entonces, si la ciudad es nuestra casa, ¿por qué no la cuidamos? La ciudad entonces, es este espacio compartido, reflejo de nuestra adaptación y de nuestras costumbres, la ciudad se ha adaptado a nosotros porque la hemos construido y modificado, pero también, nosotros a ella porque en ella hemos nacido, o bien, simple y sencillamente, en ella vivimos.

Por otro lado, Paul Ricoeur, filósofo y antropólogo francés, afirmó hace más de medio siglo lo siguiente: “en todos los lugares del mundo uno encuentra la misma mala película, las mismas máquinas tragamonedas, las mismas atrocidades de plástico o aluminio, la misma deformación del lenguaje por la propaganda, etc. Parece como si la humanidad, al enfocar en masa una cultura de consumo básico se hubiera detenido también en masa en un nivel subcultural”. A lo anterior agregaría: grandes zapaterías, tiendas de conveniencia, plazas negras, espacios VIP, bares que desplazan viviendas y un largo etcétera. En otras palabras, esta repetición que nos es ajena, de materiales, formas y usos no nos distingue ni nos identifica.

Me pregunto si la tendencia al deterioro de nuestra ciudad ¿será una consecuencia de nuestra desvinculación con ella?. La cultura y la tradición que se vive en cada pueblo o en cada comunidad es lo que le da arraigo y pertenencia en todos los ámbitos. Las ciudades, así como nuestras costumbres y tradiciones, deben adaptarse a la evolución de la humanidad pero sin perder de vista el sentido de pertenencia con el espacio que habitamos y con quienes somos.

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Argelia Isabel Dávila del Bosque es doctora en Arquitectura y Urbanismo por la UAdeC, grado que obtuvo con Mención Honorífica en 2024 y con el Premio a la Mejor Tesis Doctoral en 2025. Desde 2020 es profesora investigadora con perfil PRODEP en la Facultad de Artes Plásticas Prof. Rubén Herrera, donde fundó y coordinó el programa de posgrado acreditado ante el Sistema Nacional de Posgrados de SECIHTI.

Su trabajo enlaza investigación académica y creación artística. Fue becaria del PECDA Coahuila en 2012 en el área de patrimonio y, en 2021, en la categoría de creadora con trayectoria. Coordinó Umbrales. El centro de Saltillo. Visiones desde la transdisciplina, libro que obtuvo el primer lugar nacional en publicación editorial en 2023. En 2025 publicó Hybris Vernacular, obra que también recibió el primer lugar nacional de diseño en la categoría de publicaciones. Como periodista cultural, ganó el Premio Armando Fuentes Aguirre “Catón” en su 23ª emisión, categoría Prensa. Además coordina la plataforma In Signia, dedicada al estudio, promoción y preservación del patrimonio y los símbolos que conforman la identidad de Saltillo. Colaboradora en revistas de divulgación nacionales y regionales, es evaluadora de artículos científicos, proyectos artísticos y programas de posgrado. También se desempeña como analista, gestora y asesora en reglamentación urbana. Sus líneas de investigación se centran en el patrimonio, los imaginarios urbanos y los emblemas simbólicos, así como en la concepción, circulación y consumo de la imagen y su papel en la construcción de la cultura.

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