‘Pocitos’ mortales: ¿hasta cuándo seguirán operando?

Opinión
/ 3 agosto 2022
Los ‘pocitos’ de la Región Carbonífera son auténticas trampas mortales. Impedir que sigan funcionando es la única forma de contener la tragedia que enluta a dicha Región.

La tragedia ronda en forma permanente a la región Carbonífera de Coahuila. Y todo mundo lo sabe porque los lugares en donde el ingreso incluye el riesgo de muerte se encuentran diseminados a lo largo y ancho de toda su geografía: los denominados “pocitos”.

Pero el hecho de que todo mundo sepa que esta forma de explotación del carbón es particularmente peligrosa no implica que se deba asumir como algo “normal” el que, de cuando en cuando, una tragedia enlute a los hogares de dicha Región, tal como ocurrió ayer.

La frecuencia de episodios como el de este miércoles tampoco puede conducirnos a la indiferencia o a plantearnos que no hay nada que pueda hacerse al respecto. De hecho, lo incomprensible es que, pese a la recurrencia de la tragedia, nada serio se haga para atajarla.

Porque la de ayer es la crónica de una tragedia anunciada debido a una circunstancia tan simple de explicar que resulta difícil concebir que alguien esté dispuesto a correr el riesgo de ingresar a un pozo que podría inundarse en cualquier momento. Solamente la necesidad o la falta de alternativas ofrece una respuesta plausible a dicho fenómeno.

Y esto también lo sabe todo mundo en la Carbonífera: las galerías que se excavan como parte de la explotación de los “pocitos” se llenan de agua una vez que son abandonadas, pues la humedad es una característica inherente a los yacimientos de carbón mineral.

El problema es que nadie lleva un registro de la topografía de estas explotaciones y por ello, con insana frecuencia, los mineros de un “pocito” perforan la pared de una galería abandonada provocando la inmediata inundación del lugar donde se encuentran. El resto de la historia no requiere de mayores explicaciones.

¿Por qué las autoridades -las de todos los órdenes de gobierno- no terminan de entender que la única forma de impedir que sumen más nombres a la ya muy larga lista de víctimas de esta actividad, es impedir que se siga realizando este tipo de explotación?

Es muy difícil pensar en una respuesta a esta pregunta sin pensar en la corrupción como el principal -acaso el único- motivo detrás de la aparente “apatía” de las autoridades hacia el tema.

Para decirlo con mayor claridad: lo que ocurre es que hay personas ganando mucho dinero gracias a que hay quienes, a falta de alternativas, deciden jugarse la vida todos los días ingresando a los pozos de la muerte para arrancarle a la tierra el carbón.

¿Cuántos cadáveres más deben acumularse para que se tome la decisión de declarar una moratoria a los “pocitos” mortales de la Región Carbonífera? Sería de esperarse que la respuesta fuera: “ni uno más”.

Por desgracia, más allá del alud de manifestaciones de pesar y de solidaridad para con las familias enlutadas, lo más probable es que, en cuanto la noticia de lo ocurrido ayer sea sustituida por el siguiente escándalo -o la próxima tragedia- todo mundo se olvide del asunto.

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