El debate, fiesta de las ideas

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Politicón
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Los debates son parte de la tradición liberal, como el tema de la transparencia y la rendición de cuentas, por eso no han tenido buena acogida entre nosotros. En 72 años de gobierno de un partido hegemónico, debates ¿por favor? No se requerían. El estado era juez y parte en las elecciones y no había más ideas que las del partido oficial. Ante el Tlatoani no había nada que confrontar, ni en el plano de las ideas, ni de las costumbres, ni de las formas. 

Muy probablemente por la tradición autoritaria que se encuentra a la base de nuestros orígenes como pueblo, dentro de nuestras costumbres no se encuentra el hábito de confrontar ideas. Las cosas son como son, “aquí yo mando y si me equivoco vuelvo a mandar”, decía quien en la escala social tenía un puesto de autoridad. Así que nunca nos acostumbramos a confrontar ideas. 

El ejercicio dialéctico en espacios públicos, por supuesto no es para todos, porque no todos tienen ideas y si las tienen no saben como manifestarlas. Cuando esto ocurre, lo más sencillo es recurrir al  insulto, a la descalificación y a ventilar las debilidades del oponente. Ante la falta de ideas se recurre a la fuerza, al cinismo y a la demagogia. Por supuesto, eso ésta muy lejos de ser un debate.

Imagínese que lo más lejano de un debate en nuestro país se dio en mayo de 1994, cuando contendieron Diego Fernández de Cevallos, del Partido Acción Nacional; Ernesto Zedillo, del Partido Revolucionario Institucional (PRI) y Cuauhtémoc Cárdenas, del Partido de la Revolución Democrática (PRD). Quien resultó favorecido por el ejercicio fue el panista, que subió de 9% en las preferencias electorales al 26%, al tiempo no supo, no pudo o no lo permitieron ganar. Al momento nadie se explica que pasó, aunque la mayoría sospechó del candidato.

Otro momento, fueron los dos debates del año 2000, donde quien sacó más provecho fue Vicente Fox. Aquí se dio la suma de factores. Hartazgo, cansancio, malas prácticas, peculados, asesinatos, inflaciones, devaluaciones, alzas de precios, crisis financieras fueron el camino que abonaron el triunfo de un candidato distinto a lo tradicional. Y aunque Vicente Fox nunca se ha caracterizado por ser un hombre preparado y con una argumentación sólida, la situación estaba que ni mandada hacer, para que se levantara con el triunfo aprovechando más su personalidad que sus dotes de oratoria. Luego, en las elecciones de 2006 y 2012 se dieron también dos debates. 

Las características han sido las mismas, el choque frontal de los candidatos. Tomamos del modelo norteamericano de debate, solo eso, ir contra las personas. Lo último que vimos en Estados Unidos fue justo eso, un tipo bravucón, con un alto nivel de cinismo que descubrió los puntos débiles del auditorio y del oponente y que la base de su triunfo la asentó en la descalificación y en los pecados de su oponente, la señora Hillary Clinton. Las consecuencias, un país polarizado, una presidencia conflictuada, una política interior y exterior fragmentada porque el discurso del líder se basó en la falacia y no en la argumentación.

En México se ha vuelto la mirada invariablemente hacia el país del norte y hemos querido adoptar su modelo que es un modelo exclusivamente para la televisión. Muy probablemente pensando que como en Estados Unidos lo verán millones de espectadores. 

Desgraciadamente las plataformas educativas son distintas, el modelo educativo norteamericano basado en el pensamiento de John Dewey asegura por su soporte la audiencia, se educa para la democracia, aunque no lo parezca. La propuesta ésta en el formato de talk show y les ha dado resultado permanentemente. Han tenido debates memorables como los de Abraham Lincoln y Stephen Douglas, el de John F. Keneddy y Richard Nixon, el de Jimmy Carter y Ronald Reagan. Lo último que vimos entre Trump y Clinton fue una pelea callejera ¿Cómo se le pueden pedir ideas a quien no las tiene?

Justo en esto cayeron los últimos debates que hemos visto en últimas fechas en televisión entre presidentes de partidos o jefes de campaña. Lo vimos también en 2017, aquí en Coahuila cuando los candidatos se dieron con la cubeta en el debate del Museo del Desierto y de la Universidad Iberoamericana en la ciudad de Torreón. Eso no es un debate.

El debate es una herramienta para comunicar ideas, donde se dejan entrever las cosmovisiones, los programas, los proyectos, las ideologías, o las posturas de una persona que ofrece una opinión sobre un aspecto de la realidad. Su base son los argumentos, es decir, en la fundamentación sólida de sus dichos. No se vale solo decir, aquí la justificación y la evidencia juega un papel fundamental. Recordemos que ante las evidencias y los hechos, no hay argumentos. El problema es que en nuestro país, el debate ha sido confundido, porque así ha sido; con la bravuconería, el buscapleitos, el gritón, el burlón, el que insulta y no el que propone y argumenta sobre un tema de interés específico.

Sócrates usaba la mayéutica como estrategia de convencimiento. Platón enseño en la Academia a sus alumnos el arte de la argumentación. Aristóteles propuso la argumentación lógica y en su obra “La Retórica”, asentó las bases de una buena argumentación. Por tanto, quien vaya a debatir, no debe de olvidar que básicamente lo que hará será manifestar ideas. Como mínimo hay que dar una buena lectura a Cicerón y su obra “De Oratoria”, donde se asientan las bases de cómo convencer. No en vano la retórica formó parte de las materias necesarias en algún tiempo de la historia, porque ya no era posible convencer por la fuerza, sino por las ideas.

Que les quede claro a quienes debatirán en el futuro inmediato a nivel nacional y local que no queremos oír descalificaciones que para eso ésta hoy la carretera de información donde a través de los medios podemos enterarnos de vida, obra y milagros de los participantes y de sus partidos. Queremos escuchar propuestas útiles. No nos interesa saber solamente que piensan hacer, sino como lo van a hacer. Queremos saber cuáles son las ofertas que tienen los candidatos a través de un debate franco, honesto, racional y de altura. Ojalá que los tres debates que ha anunciado el INE tengan éstas características y que los que haya en Saltillo, igual, se caractericen por sus propuestas y no por sus ataques.

Profesor-investigador del Departamento de Estudios Humanísticos del Tecnológico de Monterret, campus Monterrey.

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