La navidad del libre mercado
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México, es un país de fiestas, todo el año. Siempre fue así. En otro tiempo con un calendario donde las fiestas religiosas eran constantes, la práctica se volvió costumbre. Hoy las fiestas se vincularon a lo económico y están marcadas por él. Todos los meses tienen sus fiestas. De hecho, la navidad en la sociedad actual comienza posterior al día de la Revolución, donde la “mexicanidad se pone de manifiesto” con todas las ventas de la temporada. Se adelantan los aguinaldos para saciar la voracidad de los comerciantes y empresarios que los quieren cuanto antes de vuelta. No hay tiempo para calentarlos un poco.
Ya no es necesario remitirnos al deísmo y al teísmo o al racionalismo y al idealismo del siglo XVIII. Ni siquiera nos cuestionamos el hecho histórico y el marco de fe que representa lo que por estos días se celebra, el nacimiento de Jesús. Aguinaldos, pinos, regalos, esferas, adornos sofisticados, comerciales constantes para avivar la insaciabilidad del consumista, películas y las “nuevas posadas” que se alejan del sentido original de lo que debiéramos celebrar por estas fechas. Ofertas y pinos por todas partes han desplazado al tradicional nacimiento del que ya se dice poco. Es la navidad del libre mercado.
La realidad es que lo que hoy vivimos en la navidad, en gran parte de la sociedad occidental, no es más que una degeneración de lo que ocurrió en el establo de Belén en tiempos de César Augusto. Poco tiene que ver con los presentes llevados por los astrónomos que buscan la estrella y la encuentran arriba del establo en Belén. Lo que hoy se entiende por la navidad, tiene que ver más con las fiestas romanas en honor de Saturno, donde los mayores daban regalos a los niños como culminación de las mismas y que se celebraban por las mismas fechas.
Sin lugar a dudas también, poco tiene que ver con la tradición europea de San Nicolás de Bari que al tiempo llevaron los holandeses a Nueva York. A partir del siglo XIX, la tradición de San Nicolás que lleva regalos a los niños, sobre todo pobres, lo necesario para que la pasen bien, degenera en lo que hasta hoy conocemos como Santa Claus. ¿Y el niño Dios y su nacimiento?
El concepto navidad tiene su origen en la palabra “natividad”, nacimiento. Y evoca el nacimiento de Jesús, el Hijo de Dios, según los evangelios. Un hecho que ha partido la historia en un antes y un después. Se da la orden de un emperador llamado César Augusto que pide a todos los habitantes del país ir a su ciudad de origen para inscribirse en un censo, cada 14 años se realizaba dicho censo. La ciudad de origen del pater-familia José, es Belén, un pueblo situado a 8 kilómetros de Jerusalén. Siendo Judea un protectorado romano, la pax romana, política exterior del Imperio, permitía a los pueblos seguir con sus costumbres locales y por tanto había un rey, llamado Herodes. La navidad-nacimiento es un hecho histórico, por supuesto.
Pero, no solo es un hecho histórico, como ya se insinuaba, es un asunto de fe. La Navidad en los primeros tiempos de la era cristiana se celebraba el 6 de enero, el día de la teofanía o epifanía (manifestación de Dios), por eso también entenderán que en el centro y sur del país la espera de los regalos se da en la Epifanía y no en la Navidad. A la fecha las iglesias ortodoxas siguen celebrando la Navidad en este día.
Es Francisco de Asís quien en Greccio, Italia, en 1223 nos hereda la Navidad que hasta el momento celebramos. El crea el primer nacimiento de la historia, como luce hasta hoy en muchos hogares, que desde la fe, celebran el nacimiento-navidad. Es un asunto de fe, porque la cristiandad cree “que Jesús es de la misma naturaleza del Padre, por quien todo fue hecho (…) y por obra del Espíritu Santo se encarnó de María, la Virgen, y se hizo hombre”, así se declara cada que hay necesidad de hacerlo. Por supuesto, el nacimiento, no es el centro de la fe cristiana; el centro es la resurrección, pero la navidad es la garantía de la presencia del hijo de Dios, en el tiempo y en la historia.
El problema de todo esto, radica en el divorcio entre la fe y la vida. La religión se ha vuelto una parafernalia y un buen motivo que usa el mercado para seguir allegándose de utilidades. Nadie ha frenado esta idea pragmática, consumista y ajena a la realidad originaria. Muy probablemente porque así conviene a las instituciones que piensan que tienen el copyright de esta celebración.
El Jesús histórico y el Cristo de la Fe, tienen que conectar justo en lo que se celebra por estos días. Es decir, si se celebra la navidad-nacimiento se celebra el motivo fundamental por el que el Hijo viene al mundo. Aceptar que Jesús nació en Belén es aceptar no solo poner el nacimiento, el rezo del rosario, la ida a la misa de gallo, el abrazo de felices pascuas, la cena del 24, la visita a la familia que no hemos visto, el presente a quienes queremos. No solo es eso, es aceptar el objeto formal de su venida al mundo. Porque Jesús no vino a hacer milagros, o a quitar dolores de cabeza o a que le recemos para comenzar una actividad, o para ganarnos un sorteo, no.
Jesús vino al mundo a traernos un mensaje que es vital para poder vivir en armonía y equilibrio, la vivencia del Reino. Y la vivencia del Reino estriba justamente en vivir sus valores, que nada tienen que ver con los valores del mercado. Luego, no son valores etéreos. Por tanto, quienes celebramos la navidad debemos tener entre ceja y ceja que solo la celebraremos genuinamente si hacemos que la fe incida en la vida. Ese es un binomio perfecto. Se trata de vivir en justicia que es la expresión máxima del reconocimiento de la dignidad que tiene el otro. Desarrollo, responsabilidad, igualdad, equidad, hoy son los conceptos más cercanos y que hacen más nítido el concepto justicia.
La navidad debe reflejar y nosotros también, el valor de la verdad. La verdad que no es contraposición de la mentira, sino de saber porque y para que vivimos ¿Cuál es la verdad sobre nosotros mismos? Otro valor que se contempla en el misterio del nacimiento es el amor, a lo mejor es demasiado, dejémoslo en el respeto irrestricto al otro y a sus formas de ser y de hacer. Por último la paz, tan necesaria en estos tiempos. Justicia, verdad, amor y paz son los valores fundamentales que debemos de poseer para poder decir con toda la boca ¡feliz navidad-nacimiento!, sino es así, seguiremos celebrando la navidad del libre mercado.