MUERA MARTA, Y MUERA HARTA
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El Quijote II, 59
Están don Quijote y Sancho Panza con un grupo de mozos y doncellas que forman una pastoril Arcadia, los que sobre el camino se encuentran luego de abandonan el castillo de los Duques, cuando ven avanzar sobre ellos un tropel de toros bravos. Los jóvenes rápidamente se apartan para evitar ser arrollados, excepto don Quijote que se propone enfrentarlos pero se ve “pisado y acoceado y molido de los pies de (esos) animales inmundos y soeces”.
Tan tremenda humillación le quita el apetito a don Quijote, pero no a Sancho. El caballero manchego le insiste a su escudero que él coma. Pero don Quijote se abstiene “de puro pesaroso”. Su actitud la explica a Sancho así: “Esta consideración me embota los dientes, entorpece las muelas y entumece las manos y quita de todo en todo la gana de comer, de manera que pienso dejarme morir de hambre, muerte la más cruel de las muertes”.
“- De esa manera –dijo Sancho, sin dejar de mascar aprisa-, no aprobará vuesa merced aquel refrán que dicen ‘MUERTA MARTA, Y MUERA HARTA’”
En tiempos de Cervantes, de este refrán también se conocía la versión que dice: Bien canta Marta, cuando está harta.
El origen del proverbio es portugués (Morra Marta, y morra farta), y de él Sebastián de Horozco, hacia 1570-1580, ofreció un par de explicaciones: Una, referida a “los golosos que, aunque sepan o entiendan que lo que comen les ha de hacer mal y por comerlo han de enfermar o morir, no lo dejan de comer”. Y dos, habla de “una portuguesa llamada Marta” que “estando mala de cierta enfermedad de la cual los médicos decían que al fin había de morir, no le pesaba a ella otra cosa sino que ya que muriese no iba harta”.
@jagarciavilla