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Que hacemos con la globalización

Politicón
/ 16 junio 2021

Si precisaramos historicamente a la globalización, nos remontariamos a la segunda mitad del siglo XX, sin embargo, hay algunos que prefieren distinguir, su antecedente más primario, que son, los inicios del comercio y medios de pago internacionales abordados por los griegos.

Cualquiera que sea la referencia más recurrente, la globalización, al igual que otros procesos integrales ha tenido un desarrollo, de acuerdo al área de influencia y la posición económica política y social del país. Pese a relacionar casi inmediatamente el tema de la globalización a aspectos económicos, resulta importante señalar que involucro una reorganización política, social y evidentemente cultural. En ese sentido, se daba naturalmente la pérdida o disminución del poder soberano de cada país en pro del “desarrollo”.

Considero aquí, que las alternativas de esta naturaleza para países pobres, se ven mermadas, para poder avanzar, en una supresión de su propio designio. La globalización se ha convertido en la coartada perfecta para la claudicación. Dicho de otro modo, se ridiculiza toda alternativa progresista, con el argumento, de que las restricciones de la globalización, la vuelven poco factible.

Es mejor, pensar de una manera un tanto más madura. No es estar a favor en contra, sino pensarlo dentro de un espectro más amplio. Quizá, ese raciocinio distinto, nos llevaría a repasar ¿qué forma de globalización?. Eso también nos lleva a un pluralismo, a un mundo de democracias, en donde las diferencias de la forma de organización, solo deben estar limitadas por la libertad que se le da a una sociedad, a un individuo. Es un recurso de seguridad predefinido.

Soñar no cuesta, pero en un periodo en el que florecieran, muchas alternativas de estrategias de desarrollo y de orden institucional, cualquier organización -como premisa y como obligación- tendría un motivo, para ejercer una presión contraria y buscar una economia global, en un mundo de democracias. Es decir, el mayor servicio que le pudieran brindar a la humanidad, sería apoyar la aparición de diferencias. Actuar de manera contraria a lo vigente, buscando la convergencia cuando prevalece la divergencia y la divergencia cuando se impone la convergencia. Sin embargo, hoy vivimos una “dictadura de falta de alternativas”.

Esto solo es un inicio, de lo tanto que se ha discurrido sobre la globalización y su implicación no meramente económica, sino su irrupción hacía el interior de cada país, en temas políticos, sociales y culturales. En esa dictadura de falta de alternativas, no hay negociación. Lamentablemente, por medio de las voces de los poderes menores, el mundo reconoce esta realidad, impuesta por los países más ricos, más no su derecho a ella. Y lo hacen a cambio de un avance hacia el pluralismo global, con una ansiedad-necesidad de huir tanto de la anarquía, como de la carga de los más ricos, los otros aceptan, la idea de una concepción (mañosamente) multilateral.

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