Practicar el Derecho, a través de la clínica jurídica
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La semana pasada, la Clínica Internacional de los Derechos Humanos de la AiDH convocó a una nueva generación de voluntarios de la comunidad estudiantil para formar parte de este proyecto educativo que tiene por objetivo enseñar la práctica jurídica en la defensa de los derechos humanos, a través de clínicas jurídicas.
La Clínica como modelo educativo, principalmente, se emplea en el ámbito de la salud donde un centro médico funciona, al mismo tiempo, como espacio de atención a pacientes y como aula práctica para formar estudiantes, internos, residentes o especialistas.
Hace tiempo fui objeto de una clínica médica. Recuerdo que cuando me operaron de la vesícula, el doctor que me atendió llevó a unos alumnos a observar mi situación: les explicó mi diagnóstico, lo que tenía que hacer previamente para estabilizarme, ordenó que se me suministrara el medicamento y después, lo único que recuerdo, es que me desconecté por completo. Hubo un error en la dosis y mi situación ya era delicada. Desperté al día siguiente, todo conectado, en terapia intensiva.
Seguramente los alumnos que formaron parte de esa clínica aprendieron a resolver en la realidad una complicación de salud: suministrar en forma correcta el médicamente a alguien que tenía una complicación de peritonitis. De lo contrario, el paciente se te puede ir.
Afortunadamente, la clínica solo dejó una cicatriz (que es la que más me gusta de mi cuerpo). Siempre que la veo, me recuerda que sané y que siempre puedes sanar. Las heridas no solo son huellas de dolor. Son testimonios de recuperación.
Cuando estás al borde de la muerte, aprendes a ver la vida de manera diferente: unos dicen que te vale; otros más bien diremos que nos vale más y por eso tratamos de no hacer tanto drama de las cosas de la vida.
Cada uno debe aprender a aceptar de una mejor manera el camino que te corresponde recorrer con todos los obstáculos, caídas y bajadas que tienes que enfrentar. No seamos tan dramáticos. Cada caída es una gran señal para levantarte mejor.
Pues bien, los errores de los profesionales de la medicina están en el campo mortuorio. A mí -en esa clínica- no me tocó todavía. Fue más bien una experiencia para los que hoy seguramente son médicos.
Los errores de los juristas, por el contrario, están en otro campo: 1) en la cárcel, cuando no se protege al inocente; 2) en la calle, cuando no se presentan pruebas contra los delincuentes; o, 3) en la quiebra, cuando no se protege el patrimonio de las personas.
Las clínicas jurídicas, por tanto, es un modelo de educación jurídica que tiene por objeto enseñar la práctica del Derecho con situaciones reales (o simuladas) que permiten experimentar y aplicar sus conocimientos para resolver los problemas que se enfrentan a la hora de proteger los derechos de las personas.
Estas clínicas pueden enseñar a los alumnos, bajo la dirección de un profesor, a elaborar una ley, a llevar un juicio relevante, a presentar argumentos en un amicus curiae, a litigar en audiencias, a elaborar informes o políticas públicas a favor de las víctimas; en fin, se trata de que nuestra comunidad estudiantil experimente en una aula clínica.
Hace más de 10 años iniciamos esta Clínica. Hoy veo, con satisfacción, que los alumnos de la licenciatura AiDH participan en audiencias públicas ante la SCJN para defender leyes que protegen derechos, elaboran iniciativas de ley que son relevantes para nuestra comunidad, observan los diferentes procesos de acompañamiento que la AiDH tiene con grupos de víctimas, elaboran amicus curiae para presentarlos ante tribunales, en suma, nuestros profesionales del Derecho que se están formando en la AiDH tienen la ventaja de practicar el Derecho y, por tanto, experimentan la sensibilidad y empatía que son necesarias para proteger los derechos de las personas.
PROFESIONALES SENSIBLES
La técnica jurídica es necesaria para la adecuada formación de un profesional del Derecho. Pero no es suficiente: es necesario experimentar en la realidad la defensa de los derechos, mediante una buena clínica jurídica.
Los nazis que fueron enjuiciados en Nuremberg, por ejemplo, eran personas con buena educación formal, con familia y sin evidentes trastornos mentales. Pero los peritajes demostraron una cosa en común: su falta de empatía. Eran personas insensibles con la dignidad humana.
Una buena educación jurídica, por tanto, no solo es aquella que enseña una buena teoría y práctica del Derecho, sino también aquella que los va formando con sensibilidad mediante clínicas jurídicas que ayudan a ser más sensibles.
Estoy seguro que los alumnos que me vieron desmayar por un error en la suministración del medicamento, aprendieron a experimentar lo que pasa cuando se cometen esos errores: los pacientes se pueden ir al cementerio.
Nuestras generaciones de la academia deben saber experimentar la lucha de los derechos.
Deben aprender a ser sensibles con el más débil. Pero sobre todo aprender a defender sus derechos de manera real y eficaz.
Ese es el propósito de la Clínica Internacional de la AiDH.