Estado de derecho y la pasión por silenciar

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Opinión
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Tal como lo señala Coetzee en sus ensayos, la supresión del espacio cívico no es muestra de un gobierno fuerte, sino síntoma de un Estado débil e inseguro

Tres años antes de publicar su polémica novela “Desgracia”, el escritor sudafricano y premio Nobel de Literatura, John M. Coetzee, analizó los resortes de la censura en una serie de ensayos.

En su libro “Contra la Censura”, el escritor muestra a través de 12 ensayos la lógica institucional de la “pasión por silenciar” y de limitar la libertad de expresión. Para el autor, los actos de silenciamiento son una reacción ante la ofensa. El acto de ofenderse no proviene del poder, sino de la impotencia que le genera al aparato censor la posibilidad de ser despojado de ese poder.

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El censor actúa apropiándose de una indignación –real o imaginaria– que establece lo que es “indeseable”; es decir, lo que “no se debe desear” en una sociedad. En esta lógica, lo indeseable es tanto lo políticamente subversivo como lo que a juicio del censor resulta moralmente repugnante.

Para Coetzee, los censores no son mentes brillantes, sino simples burócratas con alma fiscalizadora guiados por una mente paranoica. Los compara con el personaje de la gallina ciega: alguien al centro de un círculo, que tropieza y provoca la risa de los demás. Al negarse a aceptar su papel ridículo y castigar a quienes se burlan de él, se convierte en el verdadero o “falso estúpido”: se cree rey sólo por estar en el centro. Por eso el humor, la sátira, la ironía y la risa resultan tan desestabilizadoras tanto para el poder autoritario como para el aparato censor. A pesar de ello, el daño que causa la censura en una sociedad es grande, pues sofoca el desarrollo intelectual de una comunidad.

La última edición del Índice de Estado de Derecho realizado por el World Justice Project, presentado el día de ayer, muestra que el autoritarismo dejó de ser una simple tendencia en el mundo para arraigarse a nivel global. Más del 85 por ciento de los países evaluados han experimentado un deterioro sostenido durante los últimos cinco años, principalmente en los límites al poder gubernamental, el gobierno abierto o los derechos fundamentales.

México confirma esta tendencia al ocupar el cuarto lugar del mundo en retrocesos, con involuciones en siete de los ocho factores evaluados. A nivel general, se ubica en el puesto 125 de 143 países.

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Sus principales retos están en el debilitamiento de los contrapesos al poder gubernamental, con una fuerte impunidad para quienes actúan contrario a derecho, y por la reducción del espacio cívico. En materia de combate a la corrupción, los resultados son trágicos: el país ocupa el antepenúltimo lugar de América Latina –solo por encima de Haití, Bolivia y Venezuela– y está en los diez últimos lugares del mundo.

Tal como lo señala Coetzee en sus ensayos, la supresión del espacio cívico no es muestra de un gobierno fuerte, sino síntoma de un Estado débil e inseguro.

La vigencia del Estado de derecho es relevante porque genera las condiciones para la paz, la inversión, el desarrollo y el ejercicio de derechos fundamentales. Por ello, tal como recuerda Coetzee en referencia a André Brink, “ninguna estrategia ni ningún sistema puede, finalmente, resistir a la palabra de la verdad”.

@louloumorales

Coordinadora del Programa de Ciudadanía en México Evalúa

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