Propósitos de Año Nuevo: El cementerio de los propósitos bien intencionados

Opinión
/ 1 enero 2026

Es la temporada oficial de los anhelos rotos y sueños incumplidos del inicio de año: propósitos que nacen fuertes, con doce uvas, y empiezan a desinflarse antes de que termine la rosca

Arranca el año y, con él, el ritual colectivo del optimismo.

En #SaborAMandrake lo sabemos bien: enero no sólo trae propósitos, también trae estadísticas incómodas.

Cada inicio de año se abren miles —millones— de nuevas iniciativas: negocios recién soñados, emprendimientos estrenados con logo nuevo, café cargado y la convicción absoluta de que esta vez sí.

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Pero la estadística, esa señora sin sentido del humor, es clara: la gran mayoría no sobrevive al entusiasmo inicial. Muchos proyectos mueren antes de cumplir su primer año; otros, incluso antes de terminar el primer trimestre. No por falta de ganas, sino por falta de método.

Es la temporada oficial de los anhelos rotos y sueños incumplidos del inicio de año: propósitos que nacen fuertes, con doce uvas, y empiezan a desinflarse antes de que termine la rosca.

En #SaborAMandrake no venimos a asustar ni a repetir el discurso del fracaso inevitable.

Esta columna no es para señalar a quienes caen, sino para ayudar a no engrosar ese cementerio silencioso que cada enero vuelve a llenarse.

Emprender no debería ser un deporte extremo con alto riesgo emocional. Ni abandonar propósitos un ritual anual.

Las frases clásicas que acompañan estos anhelos se repiten como mantra:

Este año sí.

Este año emprendo.

Este año hago crecer el negocio.

Este año innovo.

Este año me organizo.

Este año ahora sí le echo ganas.

Y no es sarcasmo: la intención es genuina.

El problema no está en el deseo. Está en lo que pasa después. Porque, conforme avanzan los días, los propósitos no se rompen de golpe:

Se diluyen.

Se posponen.

Se reinterpretan.

Para mediados de enero ya no es “lanzo el negocio”, sino “voy afinando la idea”.

En febrero es “estoy validando”.

En marzo es “este año estuvo raro”.

Y en diciembre... otra libreta nueva.

Así aparece ese sabor inconfundible: el Sabor a Mandrake de los planes bien intencionados y los resultados inexistentes.

La gran mentira que nos contamos es sencilla:

– “No se pudo”.

La verdad es más incómoda: no hubo método.

Porque quienes sí cumplen —quizá no todo, pero sí mucho— no son más listos, más iluminados ni más motivados.

Son más sistemáticos. Menos épicos. Más aburridos... pero efectivos.

Así que, antes de que este año termine como los anteriores, aquí va una Receta Mandrake.

No es mágica.

No vibra.

No promete milagros.

Pero funciona.

MANUAL NO AUTORIZADO PARA NO SABOTEAR EL AÑO ANTES DE FEBRERO

15 cosas que sí evitan el sabor amargo.

1. Deja de escribir propósitos y empieza a definir acciones.

“Quiero emprender” no es un plan; “llamar a tres clientes esta semana” sí.

2. Baja el volumen de la emoción y sube el de la disciplina.

La motivación es gasolina barata; la disciplina paga la renta.

3. Si no tiene fecha, no existe.

Algún día es un lugar imaginario donde viven los proyectos muertos.

4. No hagas listas largas para sentirte productivo.

Haz listas cortas para terminar cosas.

5. Elimina la fantasía del momento perfecto.

Nunca llega. Y cuando llega, ya se fue.

6. No confundas planeación con postergación elegante.

Pensar demasiado también es una forma de huir.

7. Mide algo, aunque sea incómodo.

Lo que no se mide, se inventa. Y lo inventado siempre “va bien”.

8. Aprende menos cosas, pero aplícalas de verdad.

Cinco libros leídos no valen más que una decisión ejecutada.

9. Rodéate de gente que haga, no que motive.

El aplauso no sustituye el avance.

10. Haz algo aunque no esté perfecto.

La perfección es el disfraz favorito del miedo.

11. Separa el deseo del compromiso.

Querer no cuesta. Comprometerse sí.

12. Agenda tiempo para ejecutar, no sólo para pensar.

Pensar no cansa; ejecutar sí. Por eso se evita.

13. Acepta que habrá días malos sin dramatizarlos.

Un mal día no invalida un buen proceso.

14. Deja de negociar contigo mismo cada mañana.

El que negocia diario, siempre pierde.

15. Revisa cada mes qué hiciste, no qué pensaste.

El progreso se ve en hechos, no en intenciones.

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No hay nada glamoroso en esta receta.

No vende cursos.

No inspira reels.

Pero sostiene resultados.

Porque emprender, mejorar, innovar o transformar no es un acto heroico de inicio de año.

Es una secuencia larga de decisiones pequeñas, incómodas y repetidas.

Y si este año quieres evitar ese conocido Sabor a Mandrake, recuerda esto:

Los sueños no se cumplen por desearlos más fuerte, sino por hacer lo necesario cuando ya no hay ganas.

— — —

Nos leemos en la próxima entrega de Sabor a Mandrake.

Con menos propósitos decorativos y más acciones que sí sobrevivan febrero.

#SaborAMandrake

El Orquestador Silencioso de la Rentabilidad. Enrique San Vicente Contreras, un ejecutivo que ha logrado lo que el ecosistema emprendedor muchas veces promete y rara vez cumple: convertir la estrategia en rentabilidad, la calidad en cultura y la innovación en resultados concretos.

Con más de tres décadas y media de experiencia —y contando— Enrique ha estado al frente de operaciones críticas en organizaciones públicas y privadas. Desde quirófanos digitales hasta las trincheras electorales de América Latina con la Organización de los Estados Americanos, su brújula siempre ha estado calibrada hacia un Norte muy claro: crear valor donde los demás sólo ven procesos.

Formado como ingeniero en sistemas computacionales (sí, cuando las computadoras pesaban más que los consultores), Enrique no tardó en sumar tres maestrías: una en Comercio Electrónico (cuando aún sonaba exótico), otra en Gestión de Tecnologías de Información y una más en Dirección de Empresas. Porque sí, la estrategia no sólo se piensa, se ejecuta... y él ha hecho de la ejecución su arte.

Es fundador y director de Golden TI, una firma que, fiel a su nombre, no ofrece oro molido, sino consultoría tangible para empresas que entienden que el verdadero crecimiento empieza por dentro. Bajo su batuta, Golden TI ha certificado operaciones bajo estándares como ISO 9001, ISO 27001, IATF 16949, ISO 54001, ISO 37001... y la lista sigue, como si fueran medallas olímpicas, pero en forma de rentabilidad y reputación organizacional.

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