Son personas, unas cuantas más como tú y como yo. ¿De dónde surge la necesidad de expresar desprecio por medio de palabras hechas para ese fin?
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Un grupo de personas decide asignarle un “nombre” a otro grupo de personas. El segundo grupo de personas se ofende, justificadamente en muchos casos. Luego, el primer grupo se ofende porque ya no deben decirles al segundo grupo de esa manera y acusa a las personas de ser frágiles y sensibles. ¿Cuál era la necesidad original? Algunos me dirán que necesitaban una manera de nombrar al grupo, tal vez un grupo relativamente nuevo en su área. Aunque parece que esta dinámica casi siempre tiene un origen poco sensible o compasivo, a veces ni siquiera amigable. Vuelan acusaciones tanto hacia quien usa los términos por ser ofensivos como hacia quienes reclaman el ser nombrados con palabras que sienten, o fueron, nacidas de la crítica y la no aceptación (de inclusión ni hablamos).
A mí me podrán incluir en la categoría de “viejas”, de “abuelitas”, de “gringas”, de “gordas”, de “blancos” y tal vez en otras que ni cuenta me he dado. Me dijeron una vez que se había comentado en un grupo que tenía yo aspecto de “sugar momma”, así que agregaré “cougar”. Tal vez quepo en todas las categorías, y quizás exista una razón práctica por incluirme en ellas y nombrarme de esa manera. No sé. Dependiendo de la actitud que interpreto en el momento tal vez me sentiré ofendida, o no. Tal vez hasta me sienta orgullosa.
Es punto aquí es ¿qué nos impulsa a referirnos a otras personas con nombres admitidamente encausados a la crítica? Y además ¿qué hace que sintamos tanto derecho como necesidad de usar estas clasificaciones para hacer comentarios sobre lo que opinamos en cuanto al estilo de vida de otra persona, o de todo un grupo.
He visto y escuchado quienes usan estos términos. ¿Se creen más o mejores que otros? No lo sé. A veces parece que carecen de amor propio y cualquier presencia de alguien que parece estar bien les cala. Hmmmm...tendré que inventar un concepto para llamar a estas personas ¿no? No. No me interesa. Lo que sí me interesa es procesar, para mí, la tristeza que me provoca estos desprecios.