La falta de registros sobre Trump en los archivos Epstein evidencia fallos en su manejo

La falta de registros sobre Trump en los archivos Epstein evidencia fallos en su manejo

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Correos electrónicos muestran el caos en el Departamento de Justicia mientras el FBI trataba de comprender los archivos sobre Trump y otros 14 hombres cercanos a Epstein

Internacional
/ 13 marzo 2026
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Por: Steve Eder and Devlin Barrett

A finales de julio, agentes del FBI intercambiaron una ráfaga de correos electrónicos a primera hora de la mañana sobre una delicada tarea relacionada con el delincuente sexual convicto Jeffrey Epstein.

Un agente enumeró los nombres de 14 hombres prominentes, con el presidente Donald Trump a la cabeza, y dio instrucciones directas: “Tomen estos nombres y elaboren una nueva hoja de cálculo con todo lo despectivo sobre ellos”, con relación a la información negativa encontrada en los archivos Epstein.

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Esa mañana, los agentes prepararon resúmenes de las “declaraciones escandalosas” que los informantes y otros entrevistados habían hecho contra Trump y otras personas. Su resumen sobre el presidente constaba de dos viñetas. Una era la acusación de una mujer que dijo que él la agredió sexualmente cuando era adolescente. El otro era una afirmación de que en una ocasión Epstein le presentó una mujer a Trump, y dijo: “Esta es buena, ¿eh?”, a lo que Trump respondió: “Sí”.

Estos correos electrónicos, que forman parte de los documentos de la investigación sobre Epstein publicados por el gobierno, muestran cómo el verano pasado el Departamento de Justicia se enredaba mientras el FBI trataba de comprender qué decían exactamente sus archivos sobre Trump y otras personas cercanas a Epstein. Fue una señal temprana del frenético esfuerzo del departamento por preparar los archivos para su publicación.

Pero la gestión de los archivos por parte del departamento no ha hecho más que alimentar las dudas sobre su compromiso con la transparencia, y ha dibujado el retrato de una agencia sometida a un intenso escrutinio político que no hizo públicos documentos clave, ni siquiera después de que los funcionarios trataran de identificar las pistas que implicaban a Trump.

Los más de tres millones de páginas publicadas a finales de enero resultaron estar desordenadas e incompletas. Aunque muchas de las pistas parecían descabelladas, los registros que desaparecieron durante un tiempo eran los que los investigadores originales parecían haberse tomado más en serio, lo cual solo fomentó las teorías conspirativas y ofreció, en el mejor de los casos, un relato fragmentado.

En virtud de la ley aprobada en noviembre que obligó a publicar los archivos, el gobierno solo podía suprimir información en determinadas situaciones, entre ellas cuando la información pudiera comprometer a las víctimas. Pero a veces se dejaron visibles los nombres de los testigos; en otros casos, se tacharon textos y rostros. En un momento dado, se eliminaron hasta 76.000 documentos, mientras que las pistas escabrosas, pero no corroboradas, permanecieron en el archivo.

Los agentes ordenaron las notas redactadas a toda prisa el 24 de julio, el mismo día en que el fiscal general adjunto Todd Blanche se encontraba en Florida para entrevistar a Ghislaine Maxwell, compañera de Epstein durante muchos años, quien fue condenada por conspirar con él para abusar de menores. Entre los nombres en negrita abordados durante la entrevista de dos días con Maxwell: Trump y muchos de los demás hombres de la lista, entre ellos Bill Clinton; Andrew Mountbatten-Windsor, ex príncipe; y el multimillonario de Wall Street Leon Black, según las transcripciones.

En los días siguientes, el FBI convirtió los resúmenes sobre los hombres prominentes en una diapositiva que formaba parte de una presentación interna de 21 páginas sobre el caso Epstein. A principios de agosto, se compartió una versión no clasificada de la presentación con el director del FBI, Kash Patel, según sugieren los correos electrónicos recién publicados. Un borrador de la presentación, hecho público por el Departamento de Justicia, exponía los nombres de las presuntas víctimas.

Al mismo tiempo, los correos electrónicos muestran que, en una tabla, los agentes del FBI cotejaban una lista más amplia de quejas que la agencia había recibido sobre Trump. El FBI había recibido muchas de las pistas tras la detención de Epstein en julio de 2019, y las acusaciones se remontaban en su mayoría a décadas atrás. La tabla incluía unas 15 pistas relacionadas con Trump, que incluía conducta sexual inapropiada, y los agentes resaltaron la mayoría de las denuncias en amarillo brillante, considerándolas “lascivas”.

Los agentes difundieron la tabla en una serie de correos electrónicos los días 6 y 7 de agosto, y señalaron que algunas de las pistas parecían incluir información de segunda mano. En los correos electrónicos no queda claro por qué se recopilaron las quejas.

Cuando un agente preguntó qué hacía el FBI para seguir las pistas, un colega le envió por correo electrónico un cuadro actualizado en el que se describían los pasos de la investigación. En la mayoría de los casos, el FBI dijo que o bien no pudo encontrar información de contacto de la persona que llamó o bien no pudo ponerse en contacto con la presunta víctima. Uno de los informantes, que llamó varias veces, fue “considerado no creíble”. Los agentes también incluyeron los antecedentes penales de los informantes y las presuntas víctimas, proporcionando detalles sobre un puñado de ellos.

Para la mayoría de las pistas que los agentes incluyeron en la tabla, The New York Times pudo localizar archivos formales del FBI que arrojaban más luz sobre las acusaciones, y también proporcionaban detalles adicionales, incluida la fecha en que se presentaron las quejas. El FBI suele hacer un seguimiento de las pistas mediante formularios de admisión y entrevistas a testigos en documentos conocidos como 302.

En diciembre, Blanche prometió que el gobierno no eliminaría ni retendría menciones al presidente, y declaro: “No estamos censurando información en torno al presidente Trump”.

Pero en al menos dos casos, el Times no pudo encontrar inicialmente ningún registro relacionado que sustentara las pistas.

Uno fue un caso en el que una persona que llamó denunció una supuesta agresión sexual tras visitar el “Trump Plaza” en 1987. La persona que llamó afirmó que, al parecer, la víctima recordaba haber visto “un destello” de la cara de Trump. Los agentes escribieron que “no se estableció contacto” sobre el caso; la víctima había muerto y la persona que llamó “no tenía información confirmada”. También señalaron que alguien relacionado con la pista —no está claro si fue la persona que llamó o la supuesta víctima— tenía un amplio historial delictivo. No parece haber otros registros relacionados con la pista en los archivos.

En un comunicado emitido el miércoles, el Departamento de Justicia dijo que se habían publicado todos los archivos relacionados con las investigaciones sobre Epstein, y añadió que en 2019 y 2020 fueron habituales las “afirmaciones escandalosas realizadas por personas anónimas que llamaban al azar a través de una línea de denuncias”.

El segundo caso en el que faltan documentos subyacentes se refería a una mujer que creció en Carolina del Sur. Declaró al FBI en 2019, poco después de la detención de Epstein, que cuando era adolescente, en la década de 1980, había sido agredida sexualmente, primero por Epstein en su estado natal, y más tarde por Trump en un viaje a la zona de Nueva York.

El resumen hacía referencia a memorandos del FBI redactados tras varias entrevistas distintas con la mujer, pero esos memorandos no se hicieron públicos a finales de enero, cuando funcionarios del Departamento de Justicia dijeron que en gran medida habían completado la revisión de los documentos. Al preguntarles por los memorandos que faltaban, los funcionarios dijeron que se habían identificado como “duplicados” y, por tanto, habían sido retenidos, y que la agencia estaba estudiando si debían publicarse.

La noche del viernes, el departamento los hizo públicos, y afirmó que había determinado que los memorandos de las entrevistas no eran duplicados. No está claro por qué los funcionarios llegaron a considerarlos duplicados, dado el proceso aparentemente intensivo que el departamento había establecido para revisar los documentos.

Bajo un proceso de filtrado en tres fases, abogados de menor nivel revisaban las páginas y proponían omisiones, luego funcionarios de más alto nivel realizaban una revisión secundaria antes de que el documento llegara a una revisión de tercer nivel por parte de funcionarios de mayor rango del Departamento de Justicia, según personas familiarizadas con el proceso que hablaron bajo condición de anonimato.

“Como hemos hecho de forma sistemática, si algún miembro del público informaba de algún problema con la información de la biblioteca, el departamento la revisaría, introduciría las correcciones necesarias y volvería a publicarla en línea”, dijo el departamento en una declaración publicada en línea.

En las entrevistas, la mujer dijo que conoció a Epstein y a Trump cuando era adolescente y vivía en Carolina del Sur, y dijo que la agredieron sexualmente en distintos incidentes cuando tenía entre 13 y 15 años.

Los memorandos del FBI que describen sus múltiples entrevistas ofrecen pocos detalles concretos y comprobables sobre el incidente. Los memorandos dicen que no estaba segura de si se encontraba en Nueva York o en Nueva Jersey, y solo recordaba que estaba en un edificio alto con habitaciones grandes.

No se conocen pruebas anteriores que indiquen que Epstein pasara una temporada en Carolina del Sur durante el periodo de tiempo pertinente, ni que Epstein y Trump fueran amigos en ese entonces.

La secretaria de prensa de la Casa Blanca, Karoline Leavitt, calificó el relato de la mujer de “acusaciones completamente infundadas, sin ninguna prueba creíble”. También señaló que no se presentaron cargos a raíz de sus afirmaciones, ni siquiera durante el gobierno de Biden.

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La mayor parte de las referencias a Trump en los archivos del FBI no sugerían delitos, pero sí demostraban su cercanía a Epstein hace muchos años. Por ejemplo, algunas personas que hablaron con el FBI afirmaron que les habían presentado a Trump en actos sociales, o recordaron que ambos hombres habían hablado por teléfono. Algunos describieron declaraciones lascivas que dijeron haber oído decir a Trump a Epstein. Y algunos empleados de Epstein contaron que Trump había visitado las casas de Epstein o que figuraba en su agenda de contactos.

Un documento del FBI decía que poco después de que las noticias dijeran que Epstein estaba siendo investigado por la policía local por abusar de niñas, el jefe de policía de Palm Beach, Florida, Michael Reiter, recibió una llamada de Trump. Años después, el jefe de policía contó al FBI lo que recordaba de la conversación.

“Gracias a Dios que le están poniendo un alto, todos sabían que ha estado haciendo esto”, dijo Trump, según el documento que relata su conversación.

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