T-MEC: hay buenas y no tan buenas noticias

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Opinión
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La buena noticia es que el T-MEC sigue vigente. La no tan buena es que un esquema en el cual las reglas pueden cambiar cada año no es propicio para las inversiones a largo plazo

Luego de meses que han resultado realmente tortuosos y han estado dominados por la especulación, ayer se concretó uno de los escenarios que habían adelantado los especialistas en relación con la renegociación del Acuerdo Comercial entre México, Estados Unidos y Canadá: entrará en un periodo de revisiones anuales.

Tal circunstancia deriva de la negativa del gobierno de Donald Trump a optar por la prórroga automática del acuerdo, por un periodo de 16 años más, la cual era respaldada por nuestro país y Canadá. La nueva situación del acuerdo implica, de cualquier forma, que seguirá vigente hasta 2036.

https://vanguardia.com.mx/opinion/cautela-la-clave-para-negociar-el-t-mec-IL21805782

¿Es bueno o malo para México –y, eventualmente para nuestros socios comerciales– la decisión anunciada ayer?

No hay una respuesta categórica para esta pregunta, porque la realidad sobre la que ahora estamos parados, de cara al futuro inmediato, es más bien una mezcla de buenas y no tan buenas noticias. E incluso es posible decir que, en estricto sentido, no hay malas noticias.

En el lado positivo de la ecuación tenemos al menos un par de hechos concretos:

El primero de ellos es que el T-MEC sigue vigente, es decir, que no ha sido revocado y ninguno de los tres socios está manifestando interés en dejarlo, algo que es posible porque el propio acuerdo contiene una cláusula de terminación anticipada que requiere solamente que quien opte por ella dé aviso a sus contrapartes con seis meses de anticipación.

El segundo es uno que implica, sin duda, una dosis de optimismo, pero que no puede calificarse simplemente de buen deseo: la situación actual podría dar un viraje importante dentro de dos años y medio, cuando Trump concluya su periodo al frente del gobierno de Estados Unidos. Esto implica confiar en que no será relevado por alguien con la misma agenda que él en materia de comercio internacional, pero eso es optimismo razonable.

En el lado no tan bueno de la nueva realidad se encuentra, sobre todo, el hecho de que los proyectos que integran el núcleo duro del tratado, es decir, los relacionados con la industria automotriz, requieren de mayor certidumbre en el tiempo para la toma de decisiones. Nadie va a cerrar una inversión que requiere décadas para madurar, financieramente hablando, si las reglas bajo las cuales se tomó la decisión cambian de golpe al año siguiente.

Tal hecho es particularmente relevante para entidades como Coahuila, donde la industria automotriz representa un elemento central de la economía local porque se ha logrado construir un entorno favorable para dichas inversiones.

En este nuevo contexto, los gobiernos federal y estatal tendrán que desplegar esfuerzos tendientes, en primer lugar, a generar las condiciones para que las inversiones que ya están aquí se fortalezcan y consoliden y, en segundo lugar, diseñar esquemas flexibles que permitan reaccionar rápidamente ante los cambios que pueden surgir de un año a otro.

Viene un periodo de incertidumbre que pondrá a prueba nuestra capacidad para adaptarnos al cambio.

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