Tormenta e ímpetu en la OFDC
Pasión, romance y drama, tres sustantivos profundos y vastos, hermanados por un mismo impulso, emanaron como protagonistas de la batuta de Natanael Espinoza, director artístico de la Orquesta Filarmónica del Desierto, en el segundo concierto de temporada 2026, el pasado jueves 26 de febrero. Con ese sugerente título, el conjunto filarmónico coahuilense obsequió al público melómano una velada dotada de equilibrio y simetría, como de ímpetu y temperamento.
El programa estuvo integrado por la Obertura de la ópera Don Giovanni K. 527, de W. A. Mozart; el Concierto para clarinete y orquesta en La mayor K. 622, también del genio de Salzburgo y la Sinfonía No. 104 en Re mayor, “London”, de Franz Joseph Haydn. Obras éstas de madurez en sus autores y pilares del Clasicismo pleno, reflejan nítidamente el espíritu dieciochesco que la música poseía en el último tercio del Siglo de las Luces. La Obertura Don Giovanni data de 1787, el Concierto para clarinete y orquesta es de 1791 (año en el que muere Mozart), y la Sinfonía “London”, de Haydn, es de 1795. El reto de la transparencia extrema que exigen estas tres obras fueron enfrentadas con solvencia por el conjunto orquestal. El bien logrado contraste dramático entre la introducción de la obertura de Don Giovanni- de terror metafísico-, al movimiento de comedia galante, fue la muestra temprana de una velada promisoria. El sonido de los acordes en Re menor (tonalidad muy propia del estilo Sturm und Drang), fue profundo en los bajos (chelos y contrabajos), e implacable en el resto de la orquesta; los diálogos entre el oboe, flauta y fagot sobresalieron sobre el tejido de las cuerdas (en las escalas ascendentes y descendentes), logrando así transmitir la silueta del Comendador. Los spiccato de las cuerdas en el Molto Allegro fue de una articulación clara, pero a la vez de una energía nerviosa, propia del espíritu de Don Giovanni.
El Concierto para clarinete y orquesta en La mayor de Mozart ocupó la obra central del programa. El maestro y virtuoso clarinetista, concertino de clarinete de la OFDC, Alden Ortuño, fue el intérprete solista en esta obra. Tanto el solista, como el director y la orquesta, lograron concertar un diálogo equilibrado, basado en un sonido matizado y texturas transparentes. Natanael Espinoza permitió que la música respirara junto con el fiato sólido del maestro Ortuño. La calidad de las notas graves de Ortuño, que tanto le encantaba a Mozart de este instrumento, fue robusta y con cuerpo; sus pianissimos estuvieron dotados de nitidez y consistencia sonora. En el segundo movimiento, Adagio, Ortuño se aproximó a los terrenos vocales de un Aria operística: frases largas, línea pura, lirismo exacerbado, control férreo de la columna de aire, ofreciendo una muy emotiva interpretación. Finalmente, Ortuño logró, gracias a una impecable técnica de digitación, ejecutar con limpidez los saltos en los intervalos que pululan en los tres movimientos del concierto: del registro grave (chalumeau) al clarín (agudo).
La obra que cerró la velada fue la Sinfonía No. 104, “London”, de Haydn. Obra cumbre del sinfonismo, posee cuatro movimientos, y en ellos la OFDC transitó por una ejecución ceñida al espíritu clásico de la obra, así como de sus características singulares: la articulación ligera pero potente (arcos cortos y spiccatos precisos), lograda con creces por las cuerdas; la afinación entre las flautas y los oboes en las notas agudas (en el último movimiento, Finale), fue de una delicia incomparable; el “No-Vibrato”, trabajado por la orquesta, que permitió apreciar al público la pureza de la armonía del período clásico; los sforzandos súbitos, las pausas inesperadas, los acentos desplazados, todos muy característicos de la obra haydiniana, relucieron en la interpretación de la OFDC. La técnica y musicalidad de Natanael Espinoza floreció en esta velada, mostrándose en el manejo temperamental, y psicológico, al pasar de la oscuridad demoníaca de Don Giovanni a la claridad espiritual, pero melancólica, del Concierto para clarinete, desembocando en la exuberancia sonora de la Sinfonía “London”.
CODA
“Lo más necesario, difícil y principal en la música, es el tiempo”. Mozart