Venezuela: ¿estamos ante un anticipo del futuro?

Opinión
/ 4 enero 2026

La forma como el Gobierno de los Estados Unidos ha caracterizado el episodio de Venezuela obliga a preguntar si es el inicio de una era de abierto intervencionismo en América Latina

Diluido el estupor causado por la “captura” que el Gobierno de los Estados Unidos hizo del presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, y de su esposa, a quienes ya tienen en una prisión del vecino país, lo que sigue, de forma obligada, es entender el significado profundo del hecho que se ha reseñado con profusión en las últimas horas.

La pregunta fundamental que demanda respuesta en relación con los hechos es una muy concreta: ¿marcará el episodio de Venezuela el inicio de una nueva era en la relación de los Estados Unidos con el resto de las naciones de América Latina?

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La pregunta es mucho más que pertinente en función de las “señales” que el Gobierno de Donald Trump ha lanzado desde el momento en el cual hizo oficial el resultado de la “Operación Resolución Absoluta”, como se bautizó la incursión en Caracas.

La primera de ellas es el lenguaje explícito empleado por el presidente de los Estados Unidos para referirse a la motivación fundamental de su Gobierno para ejecutar la deposición de Maduro en el poder: el control de los activos petroleros de Venezuela.

Sin ambigüedades ni eufemismos, Trump ha sido directo y puntual en ese tema: no se trataba de terminar con un régimen dictatorial o de apoyar los esfuerzos de restauración democrática de la oposición venezolana: se trata de un “negocio” en el que los estadounidenses van a obtener cuantiosas ganancias económicas.

La segunda señal es la referencia a la “Doctrina Monroe”, acuñada a principios del siglo 19 por el entonces presidente de Estados Unidos, James Monroe, uno de cuyos principios establece “América para los americanos”, un planteamiento a partir del cual se justificó largamente una política exterior intervencionista del vecino país.

Esta segunda señal, en particular, es una que debe preocuparnos, pues combinada con la ausencia total de corrección política por parte de Trump pudiera ser, en efecto, el inicio de un proceso de intervención en los asuntos internos de los países del continente, entre ellos, México.

No es, este último elemento, una especulación carente de sustento, sino una preocupación real, pues en forma repetida Trump ha expuesto su deseo de combatir en suelo mexicano a los cárteles de las drogas y en las horas posteriores a la captura de Maduro señaló que “algo habrá que hacer con México”.

Y aunque no parece que este sea un escenario que pudiera actualizarse en lo inmediato, lo cierto es que lo ocurrido en Venezuela ha dejado perfectamente claro que Donald Trump no tiene intención alguna de sujetarse a la corrección diplomática y está dispuesto a utilizar el poder militar de su país para someter a quienes se opongan a sus deseos.

En el mundo unipolar de nuestros días eso implica vivir en riesgo constante.

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