Votar en las elecciones es un deber y un derecho
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Costó, parafraseando a Winston Churchill, sangre, sudor y lágrimas que en México hubiera elecciones libres, universales y democráticas. Fue toda una odisea. Y al final del día se pudo. Por eso es una barbaridad que teniendo este derecho, haya mexicanos que no se presenten a emitir su sufragio y que haya otros que votan sin saber ni quiénes son los candidatos.
El concepto de democracia es bien claro, “se trata del gobierno del pueblo”. De modo que cuando hablamos de elecciones nos estamos refiriendo al poder de decisión del que gozamos por nuestra investidura ciudadana de la responsabilidad que implica elegir a quienes nos van a gobernar.
La piedra angular de un gobierno que se precie de ser democrático y legítimo radica en que las elecciones sean libres, universales y periódicas. El voto, además de ser un derecho político, es también un derecho humano, como se mandata en nuestra Carta Magna.
Gracias a este derecho al voto, los ciudadanos tenemos la oportunidad de intervenir en la toma de decisiones del gobierno. De forma directa o indirecta tenemos también el derecho de votar y de ser votados a cargos de elección popular.
Nuestra participación es la que define el tipo de país, de entidad federativa o de municipio que queremos. De modo que es un deber de honor, de amor a nuestra tierra, a la tierra de nuestros antepasados y de nuestros descendientes, asumir a plenitud nuestro sufragio. No es un acto baladí, no es algo que no nos perturbe, por lo que da igual que se ejerza o no. ¿Por qué renunciar a nuestro derecho a decidir?
El voto es libre, secreto y con oportunidad de ejercerlo.
Es fundamental participar en las elecciones, la democracia ahí se gesta, se fortalece, arropa una de las decisiones más relevantes tomadas por la ciudadanía. Si no ejercemos nuestro derecho nos estamos haciendo harakiri.
De qué sirve después andarse quejando de los pergenios que llegan al cargo público. Muchos de ellos no rebuznan porque Dios es magnánimo. Suben a tribuna a exhibir su pequeñez, para decirlo de manera educada. Tenemos el deber de conocer a los candidatos, sus propuestas, y hacerlo con la cabeza fría. Ya basta de que los partidos que los postulan no se ocupen de capacitarlos para el reto que implica el ejercicio de su gestión. Nuestra participación ciudadana tiene un impacto directo en la toma de decisiones.
Tenemos que darles oportunidad a los mejores, para eso está la plataforma en el órgano electoral, consultemos, analicemos si tienen el perfil para el cargo por el que se postulan. Leamos las propuestas, por las vísperas se sacan los santos, reza el viejo adagio. Hacer leyes, revisar la cuenta pública, aprobar el presupuesto de egresos, ser el equilibrio del Poder Legislativo, no es “enchílame otra”.
Necesitamos que llegue gente honesta y pensante al Poder Legislativo. El domingo 7 de junio tenemos una cita con Coahuila, vamos a elegir 16 diputados de mayoría y 9 de representación proporcional. El artículo 29 de la Constitución del Estado dice textualmente que “los cargos públicos son un mandato que el pueblo confiere, para que sean desempeñados por los ciudadanos que merezcan su confianza...”. Más claro, ni el agua.
Es pertinente resaltar que las elecciones no son sinónimo de democracia, pero sí son la puerta hacia una vida democrática, son el camino para que el ciudadano exija a su representante que atienda sus llamados. Tenemos que aprender los coahuilenses a dirigirnos a nuestros representantes como tales. Ellos son los que deben servirnos, no es al revés. Porque hay muchos compatriotas que así lo entienden. No, no, no, quien se alquila para ser diputado, en este caso específico de la elección de legisladores locales el próximo 7 de junio en Coahuila, debe de comprender que van a servir, no a servirse. Que el puesto es temporal y pagado con los impuestos de la ciudadanía.
Coahuila merece que los ciudadanos elijan en absoluta libertad a los próximos diputados. Somos una entidad federativa con grandes avances, pugnemos para que cada día sea mejor que el anterior. Acudamos a votar, se lo debemos a nuestra entidad federativa. Aprendamos a vivir con comunicación permanente con nuestros representantes y lo primero es elegir en conciencia a los mejores.
A votar el domingo 7 de junio. Se trata de un deber de amor, de lealtad, de hermandad con esta tierra bendita de Dios..
Posdata: Anótese, si es gustoso, como observador electoral o acuda como representante de un partido en la casilla. No falte a votar e invite a sus familiares y amigos a hacerlo. Y si gana su candidato no lo suelte, haga que cumpla sus promesas de campaña. Y si salió insaculado como funcionario de casilla, VAYA POR FAVOR.