Los candidatos al Poder Legislativo
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Una de las elecciones menos concurridas es la de legisladores. Y no me cabe la menor duda de que eso sucede, en mucho, por la falta de conocimiento de los deberes del Poder Legislativo, de sus funciones y facultades. El Poder Legislativo es esencial para tener una democracia sana, toda vez que es el encargado de crear, modificar y derogar las leyes que rigen a un país o a una entidad federativa. El Poder Legislativo garantiza la representación plural de la ciudadanía, equilibra al gobierno y evita la concentración del poder en una sola figura. Sus funciones esenciales son: La creación de normas jurídicas, es decir, la elaboración del marco jurídico que define ni más ni menos los derechos y obligaciones de todos los ciudadanos, empresas e instituciones, adaptándose a las necesidades cambiantes de la sociedad. En él reside la representación popular, al integrarse legisladores electos por el sufragio popular, se da voz a los diversos sectores de la población, con distintas ideologías.
Otra función relevante del Poder Legislativo es que es el órgano creado ex profeso para SUPERVISAR y FISCALIZAR el actuar del gobierno, exigiendo transparencia y rendición de cuentas en el manejo de los recursos públicos. En su seno se discute, modifica y aprueba la Ley de Ingresos y el Presupuesto de Egresos, decidiendo exactamente cómo se distribuye y gasta el dinero del erario público. Hago hincapié en la función de supervisión y fiscalización al Poder Ejecutivo, impuesta por el Poder Constituyente. Los equilibrios son esenciales para el buen ejercicio del poder público, eso beneficia a la población.
El Poder Legislativo es ni más ni menos que una asamblea deliberativa investida de autoridad legal para hacer leyes y EJERCER LA SUPERVISIÓN POLITICA DENTRO DE UNA ENTIDAD POLIÍTICA como un estado, nación o una ciudad. Esto se dice fácil pero llevarlo a la práctica es todo un reto sino se tiene conciencia de su trascendencia. De ahí la relevancia de que lleguen a su conformación personas honestas y preparadas. Y no se trata de discriminar a nadie, el punto es que llegan individuos que dejan mucho que desear en su desempeño. Y quien paga los vasos que rompen es nada más y nada menos que la población.
Sería bien interesante, que al asumir la candidatura prestaran los aspirantes un juramento, por mandato de ley de apegarse a decir la verdad y nada más que la verdad. Ya le iban a pensar dos veces antes de abrir la boca y lanzar promesas a diestra y siniestra de lo que va a hacer llegados al cargo. ¿Se imagina como iban a enfrentar cada encuentro en toque de puerta, en mítines, o en paseos por la vía pública? Ahí se iría depurando el quien es quien. Y de que están hechos. Los aspirantes llamando a las cosas por su nombre, contestando con VERDAD las interrogantes de los electores. Otro gallo iba a cantarnos bajo esa égida.
¿Cómo cambiarían los debates públicos que organizan los institutos electorales para dar a conocer la propuesta o propuestas de los candidatos de las diversas corrientes políticas? El debate sin duda sería inteligente, sin evasivas, un tête-à-tête como dicen los franceses, cabeza a cabeza. Y ahí es donde se decanta quien es quien. Habría que guardar las declaraciones por aquello de si llega al cargo y resulta que cuanto dijo que iba a ser y a hacer no se da, o también en sentido contrario, que significa honrar en los hechos lo prometido.
Es INDISPENSABLE que se creen mecanismos jurídicos, para obligar a los partidos y a sus candidatos y también a los independientes, que se conduzcan con HONESTIDAD. Ya estamos hasta la ídem de gentuza mentirosa, cínica, descarada y todo lo demás que usted le quiera poner estimado leyente. La política la han ensuciado hasta la medula el montón de crápulas y sinvergüenzas que han llegado al cargo público a servirse, no a servir a quienes les dieron el voto y les pagan la dieta.
Si queremos en el Poder Legislativo, personas dignas de crédito en sus hechos, además de estudiosas y abocadas a legislar sin hígado de por medio, sino con la cabeza bien fría, infórmese de los que están compitiendo en su distrito, identifique en primer lugar su distrito y lea la currícula del aspirante, y búsquelo y hable con él o con ella. Es usted y nadie más que usted quien debe decidir qué quiere para su entidad federativa. La monserga esa de que para que ir a votar, al cabo que siempre llegan los mismos, depende de usted darle la vuelta. Vote pensando en lo que le CONVIENE A USTED.