Lola Beltrán, ranchera soledad

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    La mujer "buena para el falsete" guardó silencio a los 67 años de edad. Carlos Monsiváis expresó: "La canción ranchera es uno de los últimos bastiones del nacionalismo, y en la canción ranchera, la figura culminante es Lola Beltrán al mezclar la idea de fiesta con las visiones de la soledad".

    México, D.F..- El 26 de octubre de 1994 ella se acercó al micrófono. El Palacio de Bellas Artes fue su escenario, lo había sido ya en 15 ocasiones previas. 40 años de trayectoria como cantante sonaron, ella arrancó: "Mi gusto es y quién me lo quitará, solamente Dios del cielo me lo quita, mi gusto es...". Eran las 20:30 horas y Lola Beltrán hizo estallar la enjundia solitaria de todos los ahí presentes.

    Días antes, el 20 de octubre, María Lucila Beltrán Ruiz, Lola, afirmó: "Yo no soy ninguna autoridad de nada; ni siquiera me creo Lola La Grande, que me lo puso mi amiga Chabuca Granda; sólo quiero seguir proyectando mi música como hasta ahora lo hago..." La mujer no olvidaba sus raíces, llevaba consigo los recuerdos de sus días en Rosario, Sinaloa, donde nació. Cuentan que gustaba de trepar árboles y tararear canciones junto a sus seis hermanos y sus padres, Pedro Beltrán y María de los Angeles Ruiz. Su carácter era agradable y travieso, femenino sinaloense, pues.

    Antes de ser símbolo femenino del folclor mexicano, María estudió comercio para ser secretaria, concursó en distintas ocasiones para mostrar su talento musical. El sonido de su voz la condujo a la ciudad, a la emisora XEW. Ahí, "La Torcacita", Matilde Sánchez, fue quien le abrió las puertas del programa Así es mi tierra. Luego, en 1954, Lola protagonizó la película" El tesoro de la Muerte"; después actuó en la telenovela "Mi Rival". Estaba lista pa' llevar el sonido de su tierra a todo el mundo.

    El general Charles de Gaulle, Sofía de Grecia, Adolfo Ruiz Cortines y Carlos Salinas de Gortari fueron parte del público que alguna vez la vio en vivo. Lola fue la primera cantante de música ranchera que pisó Bellas Artes, en 1985, estuvo en la sala L'Olympia, París y en el Conservatorio de Leningrado. Nomás...

    Habiendo iniciado en la radio, en la cadena de Emilio Azcárraga Vidaurreta, donde cosechó sus éxitos definitivos, no fue extraño que haya después ligado su carrera a la empresa Televisa. En 1976 dirigió el programa Noches Tapatías, y en 1984, El Estudio de Lola Beltrán. Incluso la cantante llegó a declarar en una entrevista, el 19 de abril de 1994: "yo soy de Televisa y nunca me voy a cambiar". Así fue.

    La mujer que comía mariscos con cebolla morada y limón, también procuró su vida amorosa: se casó con el torero Alfredo Leal, aunque se separaron años más tarde. Tuvo a su hija María Elena Leal. Después adoptaría a José Quintín, sin imaginar que tras su fallecimiento éstos se disputarían su herencia en un desagradable pleito público a los que ella fue tan ajena en vida.

    Lola, la Grande fue querida, pero también criticada, hubo quienes dijeron que no aportó nada a la música mexicana. Aun así, su voz femenina arrancó emociones que, en su mayoría, habían cobrado forma en las interpretaciones masculinas, como las de José Alfredo Jiménez. Lola manoteaba como nadie, parecía que buscaba encauzar el sentimiento salpicado en letras de canciones.

    La muerte llegó sin rajarse y arrancó el cuerpo y la voz de Lola de la escena musical mexicana el 24 de marzo de 1996. Una tromboembolia pulmonar voló como paloma negra en la habitación del Hospital Angeles del Pedregal a las 18:30 horas.

    La mujer "buena para el falsete" guardó silencio a los 67 años de edad. Carlos Monsiváis expresó: "La canción ranchera es uno de los últimos bastiones del nacionalismo, y en la canción ranchera, la figura culminante es Lola Beltrán al mezclar la idea de fiesta con las visiones de la soledad".

    Y cómo no va a ser cierto, si la voz de Lola es compañera cuando uno quiere agarrar por su cuenta las parrandas, cuando se busca olvidar a aquél o aquella o aquello, cuando entramos en el Cielo rojo de la soledad de sufrir por alguien más, así sea la realidad viciosa del país, y berreamos: Cucurrucucú Paloma. A poco no es fácil evocar al símbolo recio, fuerte, que fue aquella mujer que mostró que de dolor, también se canta: "¡Yo soy Lola Beltrán, sinaloense, rosarense y mexicana!".

    Salud por el puro gusto.

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