El cine mexicano `Nunca volverá a ser industria'
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Huelva.- `Lo que hacen Iñárritu, Del Toro o Cuarón, no es cine mexicano', es lo que afirma en exclusiva con Vanguardia Arturo Ripstein
El director, quien entró al mundo del cine por la puerta grande con un guión realizado por el propio Gabriel García Márquez para el filme que tituló "Tiempo de Morir", hizo un espacio en su agenda para hablar con Vanguardia sobre su cambio de piel, sobre su papel de espectador, crítico, y jurado: "En varios festivales me ha tocado ser jurado muchas veces y eso me ha parecido siempre muy grato, porque no ando con la presión terrible que significa dirigir", asegura el director, a quien es muy común topárselo de la mano de su esposa, la guionista Paz Alicia Garciadiego, en las proyecciones de las películas que están en competencia.
Ripstein, siempre cuidadoso con las palabras, se niega a ofrecer un diagnóstico del cine iberoamericano: "Es muy difícil la termometría en el caso de cine iberoamericano, los festivales tienen primero un comité de selección y luego una serie de requisitos para escoger las películas que entran en competencia, entonces para mí es muy difícil hacer un panorama general del cine iberoamericano cuando el programa de las películas seleccionadas es muy parcial".
Sin embargo, desde su posición de creador, el traje con el que se siente a gusto, el cineasta asegura que su juicio a la hora de elegir un filme será a través de algo muy simple, los hilos de la emoción: "Como siempre en los festivales hay montones de películas, flojas, regulares y buenas; lo estoy viendo aquí, hay películas que me decepcionan mucho y otras que me emocionan. Sin embargo, a partir de 12 películas es muy difícil hacer un panorama a profundidad, yo no soy crítico, ni historiador de cine, ni estudioso, yo soy director y mis juicios serán a partir de cuánto me gustan las películas, cómo y por qué".
El cine hablado en español, que gana cada vez más adeptos en Europa, es una amalgama de historias, visiones y realidades a las que se están enfrentando no sólo el jurado, sino el público que se conmueve, aplaude, reprocha o lo hace estremecer.
Ese cine, que es una especie de caleidoscopio que sirve para voltear hacia los países de habla hispana, es al que Arturo Ripstein se enfrenta: "Las realidades entre el cine europeo e iberoamericano son distintas, pero también son distintas entre nosotros, entre el cine argentino, chileno, boliviano y el mexicano; son realidades que nos son propias a cada uno de los países, pero no es la misma. Sería miope suponer que este gran continente, estos países a los que nos desune la misma lengua, tiene vasos comunicantes. Hay puntos en común con los que nos entendemos más o menos, pero no pasa de eso.
Yo por ejemplo me acerco más a un autor francés que a un peruano".
Escéptico es como se muestra el director cuando se le nombra el multimencionado "boom" del cine mexicano: "El cine en México tiene a dos o tres autores interesantes que son los que van a llevar la estafeta de aquí para adelante. A mí me parece muy interesante Carlos Reygadas, Francisco Vargas, y dos o tres más. El cine mexicano nunca volverá a ser una industria, de aquí para adelante será conocido a partir de las obras de algunos autores importantes".
Iñárritu, Del Toro y Cuarón: "braceros y ya"
Pero en la lista de sus autores predilectos no figuran los nombres de los tres compadres, Iñárritu, Del Toro o Cuarón, los autodenominados "braceros de lujo", de quienes siempre está en duda y en continuo debate si lo que hacen desde el extranjero y en otro idioma puede denominarse cine mexicano: "No son braceros de lujo, son braceros y ya. Ellos están por otro lado, hacen cine allá y no acá, la mentalidad y los ojos son de allá, es la mentalidad con la que hacen su cine y es cine gringo.
"Pero a mí no me interesa ese cine, aunque sean talentosísimos y gente muy encantadora, yo tengo otros intereses, no digo que sean malos, sino que a mí me interesa el camino verde y a ellos el amarillo".
El papel poco activo del público para hacer que la industria cinematográfica en México renazca, es uno de las grandes reclamos del cineasta: "El que no haya industria es un problema del público. Algo que es muy importante y que siempre se nos escapa es que el público es muy indolente, feroz, temible y acostumbrado a cosas que los satisface, y ciertamente no es lo nuestro, sino la televisión, el Internet, la velocidad, el sentido de la vida, lo que hace que para nosotros sea muy difícil acercarnos. Además dejan que los distribuidores y los exhibidores sean los que decidan por ellos".
Finalmente, cuando se le pide que voltee hacia atrás y de un vistazo a su prolífica carrera, sorprende que la palabra que use sea "suerte": "El verdadero secreto de mi éxito es la buena suerte, sin buena suerte no hay éxito posible, no importa que película se haga, buenas, malas o regulares, el único elemento concreto y determinante es la buena suerte. Pero como es algo que no se puede controlar, a unos les toca y a otros no, la vida es injusta".