Presencia tanguera

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    Comandada por César Holguín, la Orquesta Mexicana de Tango sedujo a los saltillenses con la música argentina

    Un pedacito del arrabal de Buenos Aires se trasladó por un momento a la Plaza de Armas de Saltillo. La Orquesta Mexicana de Tango hizo posible este prodigio gracias a la interpretación que ofreció de las piezas clásicas del folclor gaucho.

    Cerca de 3 mil personas acudieron ayer al segundo evento estelar del Festival Viva Saltillo, que tuvo a la música tradicional argentina como invitado de honor.

    Bajo la dirección del argentino César Holguín, bandeononista de larga trayectoria, cuatro violinistas, un pianista, un contrabajo y tres bandoneones conformaron una orquesta típica de tango, agrupación que tuvo su auge en la capital argentina en los años 60's.

    Gracias a los jóvenes músicos mexicanos, el público viajó a las orillas del Río de la Plata y sintió la cálida nostalgia del tango que le canta a la tragedia, al desamor, al abandono, y que los acogen con dulzura, pasión y baile.

    La velada inició con la voz potente del bandoneón, el instrumento tanguero por excelencia, que trajo en sus notas la brisa porteña que se adueñó pronto de la fresca noche saltillense.

    El repertorio estuvo compuesto por piezas de autores argentinos y la velada comenzó con "Presencia Tanguera". El director, que eligió la nacionalidad mexicana, señaló que la pieza ya está mexicanizada y es conocida como "Presencia Taquera", comentario que provocó las risas de los asistentes.

    No faltaron las composiciones esenciales, como "Organito de la Tarde" de Cátulo Castillo, "Sentimiento Gaucho" de Agustín Bardi, "Silbando", de Sebastián Piana, y "Danzarín", de Julián Plaza. Temas que arrancaron los aplausos de los seguidores del tango, que celebraron la precisa ejecución de los músicos, quienes apenas estrenaron la orquesta a principios de mes, en el Lunario del Auditorio Nacional. Saltillo es el segundo anfitrión de esta banda compuesta en su totalidad por jóvenes músicos mexicanos.

    Aunque faltó el baile y el canto, el público quedó complacido con esta música apasionada que surgió en los salones de baile que pululaban en los barrios populares bonaerenses, y que pronto se extendió no sólo a la otra orilla del río, en la parte oriental de Uruguay, sino al resto del mundo.

    "Este tango en su origen fue censurado por su título, `Los Dopados', en los años 30's, lo que generó que las autoridades cambiaran el nombre a `Los Mareados'", dijo el director como preámbulo a una pieza ágil, que invita a mover los pies y que fue compuesta por Juan Carlos Cobián.

    Pero sería con el tango "La Bordona", Emilio Barcarce, que los asistentes extrañaron a una pareja de baile que diera vida con giros y piruetas a esta pieza que fue creada hace 50 años y que aún hoy conmueve a quien la escucha.

    Holguín no sólo ofreció música, también una cátedra amena sobre el origen del tango, situado por los conocedores a finales del siglo 19.

    "El origen fue la migración que llegó a las orillas del Río de la Plata y que a través de múltiples expresiones musicales se dio el crisol en que surgió el tango. Entre esos ritmos están los africanos con sus tambores, dando origen a dos ritmos alegres, uno de ellos es el candombe en Uruguay y en Buenos Aires se dio la milonga, explicó el músico.

    La noche ya transpiraba aliento porteño, cuando la orquesta dio paso la milonga, ese ritmo que exuda algarabía y que se basa en ritmos africanos y percusiones.

    "Nocturna", de Julián Plaza, sacudió el ambiente a través de la agilidad de las cuerdas, que fue contestada por la cadencia rítmica de las palmas de los asistentes, que se sumaron a esta fiesta musical.

    No faltó el guiño a la música mexicana, y en el lugar resonaron los acordes de "Arráncame la Vida", de Agustín Lara.

    Pasión, seducción y la pasión tanguera que sólo nace en presencia del bandoneón, convirtieron a la Plaza de Armas en una extensión del arrabal de Buenos Aires.

    Sylvia Georgina Estrada (Monterrey, NL) es escritora, periodista cultural y editora. Es autora de los libros Músicas (Los libros del perro, 2021), La casa abierta. Conversaciones con 30 poetas (UANL, 2021), El Libro del Adiós (Editorial Pape, 2016) y del catálogo Pinacoteca del Ateneo Fuente 100 años (UAdeC, 2020).

    Su trabajo se ha publicado en periódicos y revistas de circulación nacional, así como en antologías de poesía, cuento, microficción y periodismo cultural.

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