Así fue el debut del saltillense Alejandro Miyaki al frente de la Ópera de Bellas Artes
Uno de los escenarios más importantes de México abrió sus puertas al talento del músico y director de ópera saltillense, que dirigió las funciones de las obras “El amor brujo” y “La vida breve” de Manuel de Falla en mayo
Por: Joel Almaguer
El pasado 7 de mayo tuve la oportunidad de disfrutar la última función de “El Amor Brujo” (1915) y “La Vida Breve” (1905) del compositor Manuel de Falla (Cádiz, 1876 - Alta Gracia, Argentina, 1946) presentadas por la Compañía Nacional de Danza y la Ópera de Bellas Artes, en el marco del 150 aniversario del nacimiento del compositor y 80 de su muerte. Esta producción destaca por ser una colaboración conjunta entre ambas instituciones, que tras más de cuarenta años vuelven a compartir un trabajo escénico en el Palacio de Bellas Artes. La algarabía que se vivió en la sala principal del teatro esa noche fue un reflejo de la emoción por un evento que sin duda fue el más esperado de la temporada.
Y quizás este texto no hubiera buscado este espacio de no ser por un hecho de relevancia para la vida cultural de nuestra región y que ya se lee en el encabezado: Alejandro Miyaki, originario de Saltillo, debutó como director concertador de la Orquesta de la Ópera de Bellas Artes. Este logro por supuesto no es fortuito, el maestro ha dirigido más de veinte títulos operísticos a lo largo de su carrera. Algunos ejemplos son: “Carmen”, “Madama Butterfly”, “Manon”, “Gianni Schichi”, “Faust”, “La Traviata” y “Don Giovanni”, así como ópera mexicana, misma que ha sido impulsada por su labor de difusión musical: “La hija de Rappaccini”, de Daniel Catán; “Anita”, de Melesio Morales; “La Leyenda de Rudel”, de Ricardo Castro y “Misa de Seis”, de Jiménez Mabarak, entre otras más.
No menos importante es su labor como docente pues son numerosos los cantantes que han sido instruidos por Alejandro Miyaki a lo largo de su carrera y últimamente como Co-Director del México Opera Studio, institución que ha dado a conocer grandes voces a nivel internacional. Así pues, el ascenso al podio de director en el Palacio de Bellas Artes es parte de una serie de logros que se han ido sumando y fortaleciendo a lo largo de su vida.
Dirigir dos de las obras más emblemáticas del compositor español como lo son el Ballet “El Amor Brujo” y la ópera “La vida Breve”, requieren de una delicada atención al detalle y un apasionado, mas no desbocado, ardor. La orquesta es un instrumento que en ocasiones se resiste a ser interpretado, así pues la claridad en la batuta y dominio técnico es imprescindible, amén de un carisma auténtico que se desborda de una pasión por el oficio musical. Dirigir cantantes es un trabajo que requiere atención y una libertad con pautas claras, donde el cantante se siente soportado por una orquesta bien llevada. Lo mismo sucede con la danza, pues los bailarines cantan con sus cuerpos, así es como la naturalidad en la dirección del maestro se refleja también al acompañar este ballet que mezcló elementos del flamenco con la danza clásica y contemporánea, en un resultado visual refinado y pulcro.
Esta producción, bajo la dirección escénica y coreográfica de Nuria Castejón tuvo elementos minimalistas en su escenografía, a cargo de Ricardo Sánchez; una iluminación impecable por parte de Rafael Mendoza, que acentuó el drama y envolvió en una narrativa visual la escenografía, el trazo escénico y por supuesto el vestuario, a cargo de Gabriela Salaverri. El coro, en esta ocasión preciso y emotivo, estuvo bajo la dirección del director huésped Rodrigo Elorduy.
Es en su conjunto, una producción que entregó lo prometido y dejó con un buen sabor de boca a todos los presentes, quienes no contuvieron los aplausos al final para todos los participantes, siendo el cuerpo de baile el más ovacionado seguido por el maestro Alejandro Miyaki, quien sin duda seguirá cosechando éxitos en su carrera.