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Edgar Allan Poe al margen del enigma

Artes
/ 29 julio 2021

Edgar Allan Poe murió en un hospital de Baltimore días después de ser encontrado en las calles. Su estado febril y trágico es un misterio. Al parecer deliraba, decía incoherencias. Tal vez fue una crisis de alcoholismo, porque era hipersensible a esta sustancia y con un par de copas padecía alucinaciones. Hay quienes aseguran que fue asesinado; otros afirman que lo aquejaban las enfermedades. El poeta, uno de los más grandes de su siglo, terminó en la miseria. Su historia nos recuerda a sus propios personajes atormentados: el cataléptico con fobia a ser enterrado vivo; el sobreviviente de la locura en la Casa Usher; el dipsómano que se embriagaba en tugurios para huir del gato negro. “El terror no viene de Alemania, sino del corazón”, declaró al ser acusado de plagiar a Hoffman. Pero en su vida existió también la luminosidad. Poe fue maestro de la literatura de terror, pionero del cuento moderno, padre de la literatura policiaca, renovó el ensayo y conmovió a todos con “El cuervo”, obra cumbre de la poesía estadounidense. 

Borges eligió “El escarabajo de oro” como uno de los cuentos más memorables y señaló que “la literatura es inconcebible sin Whitman y sin Poe”. Muchos han sido los herederos de su pluma. Baudelaire, sorprendido por el malditismo del romántico, lo dio a conocer en Europa; Valery se “deslumbró” por la filosofía detrás de los versos; Mallarmé y T.S. Eliot discutieron los ensayos sobre poesía. En Latinoamérica influyó a poetas como Leopoldo Lugones y el mítico Rubén Darío. En la narrativa es amplísima e inabarcable la lista de literatos tocados por la palabra de Poe.

Su literatura es única porque parte de una mirada distinta del mundo. Por un lado, mientras las “narraciones extraordinarias” provocaban escalofríos, sus cuentos analíticos inauguraron un nuevo género. En “Los crímenes de la calle Morgue” aparece Auguste Dupin, el primer detective de la literatura. Lo encontramos en dos cuentos más, “El misterio de Marie Rogét” (basado en hechos reales) y en “La carta robada”. Sherlock Holmes está claramente inspirado en Dupin. Matthew Pearl señala un dato curioso. Cinco años después de la publicación de “Los crímenes…”, se fundó la primera agencia de detectives americana.

El lector que se inicie en los libros de Poe quizá se sorprenda por encontrar en él a muchos escritores. Parece que sus atractivos personajes de “El corazón delator” o “La barrica de amontillado” distan de parecerse a los de sus relatos detectivescos. Daniel Freidemberg y Edgardo Russo detallan que Poe escribe sus “cuentos analíticos” para “desmentir las críticas de quienes lo acusaban de dedicarse solamente a lo mórbido”.  Legrand, protagonista de “El escarabajo de oro”, es absolutamente racional: descifra la clave de un mapa para encontrar un tesoro y se burla de los que intentan explicar las cosas de manera “sobrenatural”. Estos dos polos representan al mismo Poe: un hombre tortuoso y desafortunado, con crisis de locura y a la par brillante, creativo y lúcido. En su breve paso por la universidad demostró los alcances de su intelecto. Hablaba con fluidez cuatro idiomas y pronto destacó entre las voces de su época. No formó parte de los círculos literarios poderosos e influyentes. Se mantuvo crítico, al margen, en desacuerdo con el rumbo político de su país y con las líneas de la literatura de sus contemporáneos como Longfellow y Nathaniel Hawthorne. Ambos autores son leídos en la actualidad por la academia más exigente. A Poe lo leemos todos.

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