Elmer Mendoza crea a una mujer que resiste la violencia y la política en ‘La sirena y el jubilado’
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La nueva novela del escritor sinaloense empareja a una candidata a diputada, sobreviviente de un intento de asesinato político y feminicida, con un viejo guardia de museo
Elmer Mendoza vivió mucho tiempo con las ganas de que escribir a una mujer como protagonista de sus libros. Tal personaje no podía llegar en cualquier manera, pero cuando lo hizo tomó la forma de una sobreviviente de la violencia institucional y de género, que aspira a cambiarlo dentro de la política.
Así nació una de las partes fundamentales que integran su nueva novela “La sirena y el jubilado” (Alfaguara, 2026), con la cual llega a la Feria Internacional del Libro de Monterrey este próximo mes de octubre.
“Tolstoi hizo a Anna Karenina y ahí hay más de veinte mujeres, todas diferentes. Bovary y otras lecturas que de joven te impresionan. Son fuertes como personajes y con ‘La reina del sur’ conversé mucho con Pérez-Reverte sobre el proceso de escritura y las dificultades que sabía que encontraría, y encontré, para hacer a un personaje femenino”, compartió el autor sobre este proceso de creación para VANGUARDIA.
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— CulturaUNAM (@CulturaUNAM) August 20, 2026
Presentarán "La sirena y el jubilado" y "Qué fue de los Lighthouse", con una reflexión en torno a los universos literarios que construyen... pic.twitter.com/BzHOwy6Ezw
En la novela Carmen Larrañaga aspira por medio de una candidatura independiente a una diputación, luego de que su partido le dio la espalda por un hombre “más popular” y que sufriera un atentado contra su vida que bien podría estar ligado al narco.
“Leí a muchas mujeres y a muchas compañeras escritoras. Fue un reto que me puse”, señaló, “Carmen la creé con recuerdos, conversaciones, con un modelo de mujer que fuera bonita pero que para ella más importante fuera su inteligencia”.
“Busqué ese modelo de personaje femenino que confíe más en su inteligencia que en su belleza, pero que tenga aspiraciones, sueños, representatividad social. Que emocionalmente las otras mujeres le crean”, agregó.
La joven mujer, de un pasado duro que ni el atentado la amedrenta, encuentra una compañía y protección en el guardia de seguridad de museo Néstor del Valle, viudo además de una destacada artista japonesa.
“Yo escribo mucho, hay muchos capítulos que no sirven, son de entrenamiento, y un poco voy armando la historia sobre desechos. Como novelista sé que tengo que poblar el universo de mi personaje, no solo con el antagonista, sino con personajes secundarios tan poderosos según se dedique la protagonista. Así como el Zurdo Mendieta tiene a Gris Toledo, una mujer muy fuerte también, yo tenía que crear un contrapunto potente”, explicó.
El contraste lo encontró en un hombre que representa a “las personas que han sido desechadas”, una persona de la tercera edad que, aunque dejó de trabajar hace años, aún puede hacer mucho, aportar y formar parte de la historia presente.
“En este país tienden a tomar menos en cuenta a las personas de la tercera edad, a creer que ya acabamos nuestra historia y yo siempre me he opuesto a eso. Siempre tuve amigos grandes, de más de 60, 70, 80 años. Eran hombres que habían vivido mucho y recuerdo sus palabras”, mencionó.
“Él es un hombre inteligente, recibió un entrenamiento muy serio sobre lo que fue su oficio y en el momento en que tiene que echar mano de ese aprendizaje se coloca a un lado de Carmen Larrañaga”, ahondó.
Para el escritor, que sus protagonistas pertenezcan a dos grupos que desde el estereotipo y el prejuicio son asociados a la fragilidad, la dependencia, y otros adjetivos que menosprecian sus capacidades y derechos, es una elección que desde la ficción “da esperanza a las personas reales”.
“Si yo conseguí hacer una Carmen propositiva, inteligente, con sueños, con deseos, con fuerza, con intención de superación. Y si una joven de 20 años la lee y dice ‘wow, qué estoy haciendo con mi vida, voy a la universidad pero para qué voy’. Estamos en un mundo donde la vida debe tener sentido y entre más pronto nos demos cuenta más útiles podemos ser a la sociedad de la que formamos parte”, concluyó.