Reseña de ‘Department Q’: El peso del pasado reabierto bajo una luz tenue

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Artes
/ 9 julio 2025

Alfredo de Stefano nos comparte sus impresiones sobre esta nueva serie de Netflix, protagonizada por Matthew Goode, que indaga más allá del crimen mismo

En un sótano casi olvidado de la policía de Edimburgo, resurge Department Q, la serie de Scott Frank que convierte lo policial en un ejercicio casi filosófico sobre la culpa y la memoria. No es una recreación del noir danés, sino su traslación al Reino Unido: un thriller cerebral sembrado de silencios que pesan más que cualquier disparo.

Un protagonista marcado para siempre

El detective principal, DCI Carl Morck (Matthew Goode), regresa de un atentado que dejó a su excompañero paralizado y a otro policía muerto. Atrincherado en su sarcasmo, sumido en terapia, es relegado al módulo de “cold cases” —los casos que todos creían enterrados. Morck rechaza la redención como un cliché, pero se aferra a los casos fríos como si descifrarlos limpiara su propia niebla interior.

Un equipo fuera del molde

Junto a él están:

Akram Salim (Alexej Manvelov): ex policía sirio, silente, pero más peligroso por su calma.DC Rose Dickson (Leah Byrne): joven detective con un pasado traumático.DS James Hardy (Jamie Sives): su excompañero, ahora consultor en silla, espejo roto de Morck.Dr. Rachel Irving (Kelly Macdonald): terapeuta para policías, quien observa desde la distancia la espiral emocional de Morck.

El dinamismo entre estos “desencajados” construye una constelación de soledades que chocan: no se eligen, pero se necesitan.

Dirección estética: memoria en fuga

Frank dirige como un arqueólogo de la culpa: planos que se desangran en el tiempo, un azul que no es luto, sino oxígeno enrarecido. No hay carrera contrarreloj, sino una excavación minuciosa, tono casi museográfico. La paleta cromática, como en The Night Manager, no solo define un decorado: impulsa el estado de ánimo.

El score de Carlos Rafael Rivera, fiel a la dramatización íntima, arroja un coro apenas perceptible, que acompaña los desencuentros mientras la culpa se convierte en protagonista.

Trama central: un crimen sin cadáver

El primer caso —la desaparición de Merritt Lingard (Chloe Pirrie)— es una escultura narrativa: profundo, meticuloso, sólido. La investigación no avanza por pistas evidentes, sino por intuiciones, fragmentos y contradicciones. Morck, lejos de ser el detective iluminado, se hunde con el caso. La resolución no busca impresionar: inquieta. Porque lo que se revela no es solo un crimen, sino la manera en que una omisión puede repetirse durante años sin que nadie se atreva a nombrarla. El plano de Morck mirando su reflejo en la ventana del sótano —roto por el recuerdo de los disparos— sintetiza toda la serie: nadie escapa intacto de su pasado.

Sombras arrancadas al silencio institucional

La serie no solo habla de un crimen, sino del patrón que lo hizo posible. Frank desdibuja la línea entre procedimental y denuncia: corrupción, omisión, pactos tácitos. Cada caso resuelto revela una falla del sistema, y cada cámara subterránea es un testimonio de la impunidad que se oculta bajo luz artificial.

¿Funciona el giro británico?

Sí. Si The Killing o Unforgotten hablan con tonos claroscuros, aquí está el lado más siniestro del gris: la culpa que no se lava, los archivos que se pudren, las paredes que escuchan, pero no hablan. Department Q no es veloz; es estructural. Su densidad puede frustrar, sobre todo en el episodio inicial donde la explicación golpea con fuerza. Pero esa densidad revela un propósito: cuestionar.

Conclusión: más que un noir, un interrogatorio a la sombra

Department Q no ofrece respuestas fáciles. Ofrece espacio para respirar con incomodidad. Matthew Goode encarna a Morck como un hombre solo, pero que encuentra una familia en los que nadie vio vocación policial. Es una serie diseñada para verse con atención, no con distracción. Porque el verdadero misterio no es “quién lo hizo”, sino qué hacemos con lo que nadie quería ver.

Calificación: ★★★★★

Disponible en Netflix y BBC One

Advertencia: No es una serie para consumir; es una que te consume. Es un laberinto emocional que no se ilumina con flashes, sino con reflexión.

Artista visual conceptual que trabaja entre la fotografía y el Land Art, reconocido por intervenciones efímeras en paisajes desérticos con fuego, hielo y luz. Ha realizado más de 90 exposiciones internacionales y su obra integra colecciones del Museum of Fine Arts Houston, El Museo del Barrio de Nueva York y el Museo de Arte Moderno de la Ciudad de México.

Fue reconocido por Quién en 2017 entre las 50 personalidades que transforman México. Es autor del documental YERMO, con dos nominaciones al Ariel y Premio CANACINE 2021. Recientemente participó en Human Nature en Fotografiska Nueva York y presentó Tormenta de Luz (2024). Desarrolla BURN, proyecto audiovisual filmado en el desierto de Mayran.

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