Del Ariel a Saltillo: Connie Martínez dedica su triunfo a su tierra

Del Ariel a Saltillo: Connie Martínez dedica su triunfo a su tierra

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VMÁS estuvo presente en la ceremonia donde la saltillense Connie Martínez y Christian Galindo ganaron el Ariel a Mejor Diseño de Arte por la película ‘Autos, Mota y Rocanrol’. En entrevista exclusiva, cuentan cómo reconstruyeron Avándaro, celebran el reconocimiento al cine independiente y la creadora dedica el triunfo a su madre y a su tierra

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La edición 68 del Ariel tuvo presencia coahuilense. Y es que la cineasta Connie Martínez, con la estatuilla en la mano, no tardó mucho en recordar de dónde viene: Saltillo. La realizadora y su esposo, Christian Galindo, ganaron el premio a Mejor Diseño de Arte por ‘Autos, Mota y Rocanrol’ y todavía intentaban asimilar una noche que, aseguraron, difícilmente podrán olvidar.

‘Nos sentimos muy, muy honrados. Fue algo increíble. Esta noche, la verdad, nunca la vamos a olvidar’, dijeron en entrevista con esta casa editorial, momentos después de subir a recibir la codiciada estatuilla. Pero había otra razón para celebrar. Para ambos, el reconocimiento significaba también poner bajo los reflectores una película realizada desde el cine independiente. ‘Que se reconozca el cine independiente. Es una película que hicimos con mucho esfuerzo, con amigos. Es algo increíble’.

La cinta dirigida por José Manuel Cravioto tuvo además una noche particularmente afortunada. Connie y Christian celebraron que la producción fuera acumulando reconocimientos en las categorías en las que competía: ‘Estamos muy orgullosos de la peli’, resumieron. Y orgullosos también de la estatuilla que apenas acababan de recibir: ‘Pesa, pesa’, bromearon mientras sostenían el Ariel.

Más allá del peso físico, Connie y Christian saben perfectamente lo que representa tener esa figura entre las manos. Para quienes estudiaron cine y han construido una carrera detrás de las cámaras, el Ariel significa que el trabajo que pocas veces ve directamente el espectador fue observado y reconocido por sus propios compañeros: ‘Creo que es el sueño de una gran mayoría de las personas que estudiamos cine, que estamos en esta industria: llegar a ver concretada tu labor en el área cinematográfica en la que te desempeñas’.

Y quizá lo más importante, explicaron, es saber que otros profesionales del medio valoraron ese esfuerzo: ‘Ver el reconocimiento, que los compañeros del medio digan: “Guau, qué padre está tu trabajo, qué increíble es lo que hacen, qué padre que se parten la madre todos los días, perdón por el francés, pero se ve en la pantalla y está increíble”. Esa es la satisfacción más grande’.

La experiencia, en realidad, había comenzado desde meses atrás, cuando se anunciaron las nominaciones: ‘Desde que anunciaron el 8 de julio hemos vivido toda una experiencia, estar buscando los outfits adecuados’, contaron entre risas.

Lo que es un hecho es que la categoría estuvo bastante reñida, pues sus competidores nominados fueron Belén Estrada por ‘En el camino’, Daniela Rojas por ‘Juana’, Ezra Buenrostro por ‘Aún es de noche en Caracas’ y Salvador Parra por ‘Vainilla’.

Pero detrás de la anécdota apareció también una defensa del Ariel y de la importancia que, consideran, debería tener entre el público mexicano: ‘Este debería ser un premio que en verdad la gente vea, así como los Oscar, porque es el premio más importante de la cinematografía nacional. Eso está increíble’, comentó Christian.

El Ariel reconoció un trabajo que implicó prácticamente volver a construir una época. ‘Autos, Mota y Rocanrol’ recupera el universo alrededor del Festival de Avándaro, aquel encuentro de 1971 convertido en uno de los grandes acontecimientos de la contracultura mexicana.

A eso se sumó otro reto: hacer convivir la recreación contemporánea con imágenes auténticas del pasado: ‘Tuvimos algo de material de stock que teníamos de Filmoteca de la UNAM y teníamos que machear algunas escenas para que entraran los personajes a hacer algo en acción y que se mezclara un poco la vida real con nuestra ficción, con nuestro mockumentary’.

El diseño de arte necesitaba entonces algo más que conseguir muebles antiguos o reproducir grandes escenarios. Había que investigar cómo vivían aquellos jóvenes y encontrar los pequeños objetos capaces de hacer creíble ese México: ‘Hicimos bastante investigación con personas, con libros, algunas anécdotas y de ahí sacamos cosas que se veían’.

Y ahí aparecieron detalles aparentemente mínimos, pero fundamentales para darle verdad a una película: ‘Cuando se están preparando los jóvenes para irse al concierto, de repente los sándwiches, los manteles de su mamá tal vez para taparse... ese tipo de cosas’.

Sé que tenemos una banda enorme en Saltillo que nos echa muchas porras y que nos quiere mucho. Yo los amo con todo el corazón”.

Los libros y el material histórico se convirtieron así en herramientas fundamentales: ‘Ese tipo de cosas nos sirvió muchísimo. Obviamente el material de stock lo revisamos muchísimo’.

Y es que detrás de una imagen que dura apenas unos segundos en pantalla podía existir, entonces, una investigación destinada a responder una pregunta sencilla: ¿qué habría llevado realmente un joven mexicano que se preparaba para ir a Avándaro en 1971?

Pero entre Avándaro, el Ariel y la celebración hubo un momento en que Connie volvió al norte. Su mamá estaba ahí. Había viajado de Saltillo para acompañarla en una de las noches más importantes de su carrera: ‘Vino mi mamá a apoyarnos esta noche, para acompañarnos. Le dedico el premio. Gracias a ella, gracias a toda la gente que ha estado detrás de nosotros apoyándonos desde siempre’.

Entonces soltó el grito: ‘¡Arriba Saltillo!’. Porque ganar el Ariel no hizo que olvidara el lugar donde comenzó su historia. Al contrario: ‘Sé que tenemos una banda enorme en Saltillo que nos echa muchas porras y que nos quiere mucho. Yo los amo con todo el corazón’.

Y enseguida llegó una de las frases más emotivas de la noche: ‘Yo vengo de ahí y es mi tierra y estoy súper orgullosa. Este Ariel es para Saltillo también’. La estatuilla tenía así una dedicatoria doble: para su madre, que estuvo esa noche acompañándola, y para la ciudad que Connie sigue reconociendo como propia.

La historia podría terminar con Connie Martínez sosteniendo su Ariel, pero su relación con Coahuila todavía tiene otro capítulo. La diseñadora adelantó que está explorando una faceta distinta dentro del cine: escribir sus propias historias: ‘Yo salí de la escuela de cine, pero la escuela de cine nunca salió de mí’.

Y para esa nueva aventura vuelve a aparecer su tierra. ‘Andamos explorando nuestra faceta como guionistas y queremos levantar un proyecto hermoso en Coahuila que se llama Dinosaurio’.

Por ahora, no quiso revelar demasiado sobre la historia: ‘No les quiero spoilear mucho más, pero espero verlos muy pronto por allá’. Mientras llega ‘Dinosaurio’, el público puede encontrar ‘Autos, Mota y Rocanrol’ en Prime Video y descubrir el trabajo de diseño de arte que llevó a Connie Martínez y Christian Galindo hasta el Ariel.

Para Connie, sin embargo, aquella estatuilla ya significa algo más que un reconocimiento profesional. Es el resultado de años de trabajo, el aplauso de sus propios compañeros, un triunfo para el cine independiente y un premio que pudo compartir con su madre.

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Pero también es una manera de volver a casa. Porque como ella misma lo dijo, con el Ariel entre las manos: ‘Yo vengo de ahí. Es mi tierra. Y estoy súper orgullosa’.

Licenciado en Letras Hispánicas. Periodista con más de 20 años de trayectoria en el ámbito cultural y de entretenimiento. Ganador de 13 premios de periodismo. Colaborador de la revista Selecciones y Showroom. Gerente de prensa y Relaciones Públicas de la agencia de managment: MM:Agency en la CDMX. Colaborador de Curiosity Media, fundada por el productor Pedro Torres.

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