Mariposas con GPS Secreto

Tech
/ 11 enero 2026

Ciencia miniatura persigue el magnetismo migratorio.

En noviembre, bajo un cielo limpio de Texas y dentro de un cobertizo que parecía más laboratorio improvisado que escena histórica, ocurrió algo tan delicado como alucinante: una mariposa monarca entró a cirugía cerebral. No metafórica. Literal.

Robin Grob, neurobiólogo de la Universidad Noruega de Ciencia y Tecnología, la inmovilizó con cinta adhesiva. Sus alas negras y naranjas quedaron abiertas como vitrales vivos. Bajo el microscopio, el cerebro apareció: una bolita amarillenta, diminuta, casi absurda para lo que hace esa especie cada año. Grob insertó un tetrodo —cuatro electrodos más finos que un cabello— con la precisión de quien opera un secreto. Luego selló la cabeza con silicona para que nada se moviera.

La mariposa forcejeó. Grob le habló bajito, como si pudiera negociar con el instinto: “Cálmate”. Porque el verdadero reto no era pinchar el cerebro. Era transportarla sin que un temblor arruinara horas de trabajo. Había que moverla al simulador de vuelo: un cilindro metálico abierto, como urna de café gigante, donde la monarca volaría atada mientras los científicos controlaban un campo magnético alrededor. Si todo sobrevivía —mariposa, electrodos, paciencia— podrían registrar algo mítico: el instante exacto en el que su cerebro reconociera el campo magnético terrestre.

Y vale la pena el drama porque las monarcas hacen una travesía imposible: viajan miles de kilómetros desde Canadá hasta los bosques de oyamel en México. Año tras año. Sin mapas. Sin instrucciones. Sin Google. Con un cerebro del tamaño de un grano de arroz.

Para orientarse, los animales combinan señales: sol, estrellas, luz polarizada, memoria de paisaje. Pero el sentido magnético —detectar el campo magnético de la Tierra como brújula— sigue siendo un fantasma científico. David Dreyer, neurocientífico en Suecia, lo resume brutal: entendemos olfato, vista, oído... pero no cómo el cerebro “siente” el magnetismo.

Aquí entran “mapas” y “brújulas”. Algunos animales tienen ambos: por ejemplo, las tortugas bobas pueden usar el campo magnético como dirección y también como ubicación, como si supieran “dónde están” aunque sea territorio desconocido. Los insectos migratorios, en cambio, parecen tener brújula sin mapa: avanzan en una dirección, pero no hay pruebas firmes de que sepan dónde están respecto a su destino.

Por eso las monarcas fascinan: sus cerebros son más pequeños, más “descifrables”. Kenneth Lohmann, biólogo en Carolina del Norte, lo dice claro: estudiar cerebros enormes complica entender qué pasa realmente. Con insectos, el misterio se vuelve abordable... aunque igual se sufre.

Grob trabaja a ciegas: insertó electrodos en tipos específicos de neuronas del complejo central, región ligada a la orientación espacial. Pero con 100 millones de neuronas en una monarca, elegir cuatro correctas es apostar. Su experimento se basa en ensayo y error: si no hay señales de magnetorrecepción, todo vuelve a empezar con otra mariposa. Al menos hay un consuelo raro: las mariposas no sienten dolor, porque carecen de receptores del dolor.

Y no están solos. Durante dos décadas, Steven Reppert revolucionó el campo demostrando que la monarca usa la brújula solar, la luz polarizada y un reloj interno... que vive en sus antenas. De su equipo salió Christine Merlin, quien hoy en Texas busca el componente físico del magnetismo. En 2021, su laboratorio mostró que el gen CRY1 era necesario para la respuesta magnética y que antenas y ojos participaban. Ahora, con CRISPR, su gente elimina genes para descubrir qué pieza molecular activa esa brújula misteriosa.

La apuesta va más allá de la belleza natural: entender cómo detectan magnetismo podría inspirar navegación humana independiente del GPS. Porque el campo magnético no se cae, no se apaga, no depende de satélites. Siempre está ahí.

Cuando Grob finalmente ató a la monarca al simulador, sus alas empezaron a batir. En la pantalla: picos, ondas, señales vivas. Tal vez, en ese cerebro diminuto, estaba escondida la receta para viajar guiándose por lo invisible. No es solo una mariposa: es una pregunta enorme, latiendo en miniatura.

Con información de The New York Times.

Editora de Estilo de Vida. Apasionada creadora de contenido digital y su posicionamiento a través de SEO.

Con más de 5 años de experiencia haciendo comunicación en temas de política, finanzas personales, economía y estilo de vida.


Egresada de la Facultad de Estudios Superiores Aragón, UNAM.

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