Kristi Noem resistió escándalos y controversias, luego cruzó una línea roja de Trump
La exsecretaria de Seguridad Nacional sobrevivió a múltiples polémicas, pero cayó cuando pareció atribuir al presidente la aprobación de una costosa campaña publicitaria del gobierno
Por: Zolan Kanno-Youngs and Hamed Aleaziz
Kristi Noem no fue despedida después de que agentes federales de Mineápolis dispararan y mataran a dos ciudadanos estadounidenses.
No fue destituida cuando un juez principal de Minnesota dijo que su agencia de inmigración había violado más órdenes judiciales que algunas agencias federales en toda su existencia. Tampoco ocurrió cuando calificó de terrorista doméstico a un enfermero del Departamento de Asuntos de Veteranos al que sus agentes dispararon, ni cuando afirmó falsamente que había blandido un arma antes de ser inmovilizado y asesinado.
Más bien, Noem fue destituida poco después de parecer cruzar una de las pocas líneas rojas de la Casa Blanca de Donald Trump: dio la impresión de trasladar al presidente la responsabilidad de sus propios problemas políticos.
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Durante una audiencia en el Congreso esta semana, se le preguntó a Noem si Trump había aprobado una campaña publicitaria gubernamental de más de 200 millones de dólares en la que ella aparecía de forma destacada. Noem dijo que Trump le había encargado “hacer llegar el mensaje al país”. Al preguntársele si Trump había dado su visto bueno a la campaña antes de que los anuncios se emitieran, Noem respondió: “Tuvimos esa conversación, sí, antes de que me pusieran en este cargo y de que jurara y fuera confirmada. Y también desde entonces”.
Los comentarios de Noem daban a entender que Trump había aprobado una campaña publicitaria enormemente costosa que incluso algunos en su propio departamento consideraban bochornosa, con Noem a caballo en el Monte Rushmore. Y al indicar que Trump tenía responsabilidad directa sobre la campaña de mensajes, Noem lo sacó de una de sus zonas de confort: la de actuar como espectador de sus propias políticas. Poco después de su declaración, Trump dijo a Reuters que no sabía nada del contrato.
La decisión de destituir a Noem fue otro recordatorio de que el barómetro de Trump para su gabinete no mide solo las acciones políticas sobre el terreno, sino también la apariencia de deslealtad y la óptica política.
Al convertirla en la primera integrante de su gabinete obligada a dejar el cargo en su segundo mandato, Trump no condenó las deportaciones masivas ni las tácticas agresivas que Noem había adoptado con entusiasmo bajo la atenta supervisión de Stephen Miller, arquitecto de su agenda migratoria. Tampoco señaló un cambio de rumbo para el departamento, que —según funcionarios del gobierno— seguirá avanzando con los mismos objetivos al mando del senador Markwayne Mullin, republicano por Oklahoma, elegido para reemplazar a Noem.
La decisión pareció estar motivada, en cambio, por el deseo de Trump de distanciarse de una figura que se había vuelto políticamente insostenible.
“La lealtad es absolutamente clave”, dijo Gil Kerlikowske, excomisionado de Aduanas y Protección Fronteriza, que depende del Departamento de Seguridad Nacional. “Es una buena regla de oro no echar nunca a tu jefe a los leones, y en su caso en particular, creo que es el pecado capital, y ella ciertamente lo cometió”.
El Departamento de Seguridad Nacional declinó comentar el viernes sobre la destitución de Noem, quien dirigirá la dependencia hasta finales de mes.
Consultada sobre los motivos de Trump para apartar a Noem, la Casa Blanca remitió a una declaración de la secretaria de prensa, Karoline Leavitt, en la que se afirmaba que Trump estaba “agradecido” por su trabajo para reducir los cruces ilegales en la frontera a niveles históricamente bajos y que su agenda migratoria “continuará sin interrupciones”.
La Casa Blanca no respondió a otras preguntas sobre por qué Trump desconocía los detalles de la campaña publicitaria de una de sus políticas favoritas —las deportaciones— ni por qué no pidió más información sobre anuncios que llevaban meses emitiéndose en televisión. La Oficina de Administración y Presupuesto, que forma parte de la Casa Blanca, no respondió cuando se le preguntó si había aprobado la campaña publicitaria.
Un funcionario del gobierno de Trump, que habló bajo condición de anonimato para comentar con franqueza la creciente frustración de Trump con Noem, afirmó que la decisión se debió en parte a su respuesta sobre la campaña publicitaria. Pero la persona dijo que también fue la culminación de una serie de factores, entre ellos su manejo de las repercusiones de la operación en Minnesota, lo que algunos en la Casa Blanca percibieron como una mala gestión de su personal y sus disputas con otros dirigentes del departamento.
También fue el ejemplo más reciente de Trump, cuyos asesores sometieron a pruebas de lealtad a quienes aspiraban a altos cargos gubernamentales, intentando distanciarse de las medidas de su propio gobierno en materia de inmigración cuando se vuelven cada vez más tóxicas desde el punto de vista político.
A principios de este año, Trump declaró a The New York Times que “no estaba contento” con una redada del ICE en una planta de Hyundai en Georgia el año pasado, en la que agentes detuvieron a cientos de ciudadanos surcoreanos que ayudaban a construir una nueva fábrica de baterías. La molestia de Trump pasó por alto que, como jefe del poder ejecutivo, él dirige en última instancia al ICE y que fue él quien encargó a Noem supervisar una campaña masiva de deportaciones para expulsar a millones de inmigrantes indocumentados.
Trump ha dicho que le interesa una reforma migratoria integral, aunque no ha presionado a su gobierno para que trabaje con el Congreso en ninguna legislación migratoria significativa. Cuando se le preguntó por la decisión de su gobierno de suspender la admisión de refugiados para casi todo el mundo, salvo los sudafricanos blancos, Trump dijo que “no había visto eso”. Sus altos funcionarios del Departamento de Estado recibieron a algunos de los primeros refugiados cuando estos llegaron a Washington.
Y cuando Noem afirmó infundadamente que Alex Pretti, el enfermero abatido por agentes de Aduanas y Protección Fronteriza en Mineápolis, había cometido un acto de terrorismo doméstico, Trump dijo días después que creía que hacía falta “un toque más suave” en Mineápolis.
Ahora corresponderá a Mullin caminar por la cuerda floja como secretario de Seguridad Nacional de Trump, un cargo que durante gran parte de su primer mandato estuvo ocupado por una sucesión de responsables interinos sin confirmación del Senado.
Funcionarios actuales y anteriores afirman que tendrá que equilibrar las exigencias de lealtad de Trump con un Departamento de Seguridad Nacional que enfrenta problemas de financiación y baja moral.
Janet Napolitano, secretaria de Seguridad Nacional durante el gobierno de Barack Obama, dijo que espera que Mullin pueda ayudar al departamento a salir de un año de controversias y problemas, incluso restaurando las subagencias debilitadas dedicadas a la ciberseguridad y la ayuda en caso de desastres.
“Espero que entienda que ser secretario de Seguridad Nacional es un trabajo enorme, enorme desde el punto de vista operativo y de gestión, y que comprenda que este trabajo no consiste solo en aparecer en videos, sino en ayudar realmente a reconstituir el departamento”, dijo Napolitano.
También dijo que era importante que la Casa Blanca reconociera que el Departamento de Seguridad Nacional no es “el departamento de inmigración”.
Varios funcionarios de las bases del Departamento de Seguridad Nacional describieron un ambiente de celebración en algunos sectores tras la salida de Noem. Pero algunos se mostraron cautelosos respecto a lo que vendrá después.
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“A menudo, un gobierno nombra agentes de cambio o líderes para romper moldes y poner las cosas en marcha, y luego busca a otros para elaborar un plan que lleve esa oficina hacia el futuro”, dijo Matthew Hudak, ex alto funcionario de la Patrulla Fronteriza.
Hudak dijo que es “claramente problemático gastar cientos de millones en programas y adquisiciones cuestionables, por muy bien intencionados que sean”.
Kerlikowske dijo que Mullin enfrenta una tarea difícil, sobre todo porque “la moral está por los suelos y la gran mayoría del personal del departamento no quiere tener nada que ver con la actual concentración en detenciones y deportaciones”.
Pero también expresó su preocupación, dado el criterio de Trump para medir el éxito de su gabinete.
Trump, dijo, está centrado en reclutar líderes “que traigan caos e intenten alterar el rostro del gobierno federal”.
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