Cuando alguien necesita tu luz para sentirse fuerte
El dolor de vincularse con el narcisismo: cómo identificar el desgaste emocional, poner límites y recordar que nuestro valor no depende de la necesidad de los demás. A amar y a reparar, también se aprende
Esas personas que solo piensan en sí mismas, que se molestan cuando las cosas no salen como ellas quieren y te culpan por cómo se sienten; te usan para conseguir lo que quieren, halagándote un talento o haciéndote sentir que te necesitan, para poder sentirse fuertes con tu fuerza.
Vas aprendiendo que tienes que darlo todo, sin quedarte con nada, hasta que finalmente te sientes vacío, creyendo que los necesitas hasta para respirar.
Esas personas que temen estar solas, que piensan que valen mucho, pero que necesitan que se los recuerden todo el tiempo porque temen perderlo todo en segundos. Que se comparan todos los días, a toda hora. Por eso necesitan algo que confirme su poder y buscan poseer y conquistar, porque habitarse en su propio terreno no es suficiente.
Corazones que nunca aprendieron que valían solo por el hecho de existir, que aprendieron que necesitaban de alguien más para lograr cosas; por eso esperan que el mundo gire a su alrededor. Corazones que fueron sustituidos por alguien que los cuidara tanto que los volvió inútiles para amar, porque nunca nadie les mostró que había algo más que ellos mismos. Corazones que sufren porque no se sienten plenos, siempre tienen sed y hambre. Siempre necesitan más atención, más admiración, más seguridad, más control. Y nada les basta, porque lo que buscan afuera nunca termina de llenar lo que no han podido abrazar adentro.
Tienen un miedo a ser abandonados, a que les descubran que son un fraude, temen verse en el espejo; por eso buscan la mirada de otros que consideran más poderosos. Tienen miedo de su brillo porque siempre han brillado con la luz de otros.
Finalmente, la descripción de un narcisista.
Pero no para usarlo como insulto, ni como una etiqueta fácil, sino para nombrar una forma de vincularse que puede lastimar profundamente. Una persona con rasgos narcisistas puede manipular, culpar, absorber, confundir, desgastar. Puede hacerte dudar de ti, de tu percepción, de tu valor y de tu derecho a poner límites.
Y, aun así, entender que la herida no justifica el daño; que el miedo no le da derecho a vaciarte; que alguien no se sienta suficiente no le da derecho a usarte para sentirse más.
Si estás leyendo esto y te identificas con el dolor de conocer a alguien así, de descubrirte en esta piel o de haber sido víctima, quiero que sepas algo: a amar se aprende.
Si fuiste lastimado, abraza el dolor, pero no te quedes a vivir en él. Recupera tu voz, tu fuerza, tu criterio, tu derecho a decir “no”. Porque no todo lo que diste fue error; también fue amor. Pero ahora ese amor necesita regresar a casa: a ti.
Y si te reconoces en esa necesidad de usar a otros para sentirte fuerte, abraza tu miedo. El primer paso no es defenderte; es mirar tu vulnerabilidad. Reconocer que detrás de esa necesidad de poder hay un corazón que no aprendió a sentirse suficiente.
A amar se aprende. A reparar, también. A dejar de usar a los demás como espejo, también. A sostener la propia luz también.
Porque somos un todavía, suficientes y valiosos solo por el hecho de existir. Y cuando descubramos eso, el camino del amor habrá empezado.