El vecino

Vida
/ 5 marzo 2018

    Pared con pared. Sonidos fuertes en la verja y aparece una figura en la oscuridad.

    -Oye, ¿puedes callar a tus perros? Son las tres de la mañana. No puedo dormir.
    No seas malita; cállalos. Si no los callas, los mato.

    Así dijo el vecino. Lo cierto es que mis dos perros estuvieron sin salir más de 15 días y claro que ladraban. Fue una época de trabajo intenso en la que llegaba después de las 12 de la noche o en la madrugada. Estaba en el montaje de una exposición. Y como tengo el sueño pesado, pues no escuchaba a mis perros.

    Es extraño, pero en la casa contigua, donde vive el vecino con su familia, y que comparte una pared con la mía (al igual que el resto de casas de dos pisos en ese fraccionamiento), casi no se oyen ruidos. No he escuchado gritos de alegría, ni de emociones intensas pese a tener un niño encantador allí. Lo que sí, es el sonido de tacones apresurados, pero es todo. Recuerdo incluso haber visto a un perro cachorro que no emitía ruido alguno, y de pronto, no lo vi más. No sé si lo desterraron por intentar ladrar o qué. Lo cierto es que a los vecinos les gusta el silencio y yo, con dos perros jóvenes en mi patio, alborotaba a la cuadra; pues todo era que empezaran a ladrar para que el resto de los perros contestara. O bien, ladraba alguno y este par respondía junto con el resto hasta armar un coro que solo en ocasiones a mí me despertaba. Sí, tenían qué ser muy altos los sonidos para sacarme del sueño.

    Luego de dos peticiones del vecino, que se levanta a trabajar a las cinco de la mañana, me angustié, si bien ya había intentado darlos en adopción por otras razones, sin suerte, la molestia del vecino me instaba a resolver esto lo más pronto posible. Mi vecino me miraba con rencor y cansancio por sus noches en desvelo. Yo no hallaba cómo esconderme para no encontrarme con él.

    A los 4 meses finalmente pude darlos en adopción. Y respiré.

    Pero el respiro fue por poco tiempo. Resulta que tengo una bomba hidráulica que hace subir el agua de mi casa al segundo piso. Y creo que está mal calibrada, así que es ruidosa cuando se activa. Pero no había notado ese ruido. Acertaron, el vecino sí.

    Así que un domingo por la mañana se apareció frente a la verja con un jugo saludable del que sorbía con un popote.

    -Buenos días vecina.

    -Buenos días.

    -Oye, toda la noche escuché una bomba funcionar, no pude dormir. ¿Era la tuya?
    (Su tono de voz tranquilo dejaba ver algo parecido a la molestia y el desprecio).

    -Pues no, porque creo que cuando una bomba se la pasa funcionando toda la noche, hay una fuga de agua, y no tengo fuga ni nada de eso.

    -Ah bueno, será la bomba de otro vecino, Voy a ver. Se retiró sin quitarse los lentes oscuros.

    Y resulta que por la noche me fui al cuarto de la lavandería y con vergüenza me di cuenta de que sí se activaba. Eso de tener tan pesado el sueño, no me permitía escucharla. Así que me puse a atender esta queja, es decir, a escuchar mi casa y sus sonidos. Descubrí que esto no ocurría toda la noche. Se activaba si yo iba al baño o a lavarme las manos. Así que, en consecuencia, desconecto mi bomba por las noches (en lo que reúno dinero para la revisión) para no molestar al vecino.

    La verdad, no quiero volver a ver al vecino, debido a que las razones de sus apariciones a mi casa, han sido quejas. Es como un efecto de Pavlov, relaciono su presencia con situaciones incómodas. Por lo pronto, colocaré una esponja aislante en la pared del cuarto de la lavandería que comparto con el vecino. ¡A ver!

    claudiadesierto@gmail.com

    Nacida en Monclova, Coahuila. México, en Junio 3 de 1969. Licenciada en Ciencias de la Comunicación. Maestra en Historia de la Sociedad Contemporánea. Doctora en Ciencias y Humanidades para el Desarrollo Interdisciplinario. Ha publicado entre otros, “Los frutos del sol“ (Castillo MacMillan 2005) libro infantil y poemarios entre los que figuran Casa de sol (FECA-CONACULTA 1995), “Ruido de hormigas“ (Gatsby Ediciones, 2005), Carne para las flores, antología personal (Aullido libros, España 2011), Las flores desenfundan sus espinas, antología personal (Secretaría de Cultura de Coahuila, 2013) y “Donde la piel“ (Mantis Editores/CONARTE, 2019). Aparece en “Anuario de poesía mexicana“ (Fondo de Cultura Económica, 2006).

    Obtuvo el primer lugar en fotografía Coahuila luz y forma 2003. En poesía, recibió beca del FONCA, estímulos como joven creadora y como creadora con trayectoria del FECA y del PECDA en varias ocasiones. Fue becaria FORCA-Noreste 2011-2012, en Lima, Perú donde impartió talleres sobre poesía objetual. Como invitada de honor del Festival Internacional de Teatro Tánger 2013 en Marruecos, se leyó su poesía traducida al árabe. Parte de su trabajo también tiene versiones en inglés, alemán, portugués y francés. Entre las revistas en las que ha publicado, destacan el número inaugural de la revista de poesía contemporánea de Valencia “21veintiúnversos“, ( octubre de (2015), y “Lichtungen“ (noviembre de 2016) en el apartado “Literatura del norte de México“, en el que sus poemas fueron traducidos por Christoph Janacs.

    Fotografías medio ambientales, video poemas y atmósferas sonoras fueron exhibidos en la Galería Mohammed Drissi de Tánger (Julio-agosto 2021). Participó en la muestra de arte coahuilense titulada Segar el mar, dentro del 49 Festival Cervantino. Parte de su trabajo se encuentra en el portal virtual www.thenatureofcities.com, al lado de artistas medio ambientales del mundo. Actualmente es Directora de Divulgación Científica en el Museo del Desierto.

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