Los hombres de la Tierra

Vida
/ 27 marzo 2017

"Oh, el día feliz al fin ha llegado,
Y a Marte nos vamos, Señor,
Cinco mil mujeres en el cielo,
Una siembra abrileña, Señor".

Crónicas marcianas. Fragmento. Ray Bradbury

Los hombres de la Tierra desprecian la tierra. Cuando sus cuerpos se cuben de lodo o polvo, se sienten sucios. Los hombres de la Tierra desprecian su propio olor.

Clasifican alimentos de manera extraña, de la misma forma que califican a las personas: a unos les dan valores altos y otros son vistos como alimentos para pobres. No importa su valor y su belleza intrínseca, en ambos casos.

Cárceles, hogares y escuelas son similares en sus principios básicos: tienen rejas por igual.

Aman las serpientes de asfalto y los automóviles. Sobre todo aman los armamentos; tienen amplias celebraciones para alabar las guerras: educan a sus descendientes para que ofrezcan sus vidas en ejércitos. Y quienes se oponen a estas celebraciones son llamados locos, apátridas o infieles. Los hombres de la Tierra aman destruirse a sí mismos.

Algunos hombres siembran cabezas y fragmentos de mujeres de su propia especie en la tierra, casi con la misma familiaridad que otros, todavía, depositan semillas vegetales en campos fértiles.

Por espacios asépticos entienden espacios casi muertos: cuartos sin trazo de ánima o viento y estar allí, según sus reglas, debe hacerlos felices.

Gravitan alrededor de la Tierra adentro de naves y mientras unos estudian, otros vigilan y mandan instrucciones militares. Su tarea es la devastación.

La esfera de agua y sustratos que los contiene envía cartas que ellos no leen: cruje el hielo en los extremos, atiza el sol, esplende la luna y se abre incluso herida, el agua.

Prodigios hay en cada instante de metro cúbico en la Tierra que no ven. No lo ven porque su brillo es el dinero, algo así como una imagen o un código o un fantasma, lo más cercano en intensidad, o incluso superior, al amor.

Pero dicen amar los lagos y los mares. Dicen amar la música y el viento. Dicen amar a un Dios que tiene muchos rostros y formas. Dicen amar a las mujeres que paren más hombres. Dicen. Solo dicen.

Este es el balance en términos generales sobre los hombres de la Tierra, una especie que se desprecia a sí misma. Dicen que cuando acaben con la Tierra irán a otro planeta. Esto nos llena de horror. 

claudiadesierto@gmail.com
Claudia Luna Fuentes
Planeta personal

Nacida en Monclova, Coahuila. México, en Junio 3 de 1969. Licenciada en Ciencias de la Comunicación. Maestra en Historia de la Sociedad Contemporánea. Doctora en Ciencias y Humanidades para el Desarrollo Interdisciplinario. Ha publicado entre otros, “Los frutos del sol“ (Castillo MacMillan 2005) libro infantil y poemarios entre los que figuran Casa de sol (FECA-CONACULTA 1995), “Ruido de hormigas“ (Gatsby Ediciones, 2005), Carne para las flores, antología personal (Aullido libros, España 2011), Las flores desenfundan sus espinas, antología personal (Secretaría de Cultura de Coahuila, 2013) y “Donde la piel“ (Mantis Editores/CONARTE, 2019). Aparece en “Anuario de poesía mexicana“ (Fondo de Cultura Económica, 2006).

Obtuvo el primer lugar en fotografía Coahuila luz y forma 2003. En poesía, recibió beca del FONCA, estímulos como joven creadora y como creadora con trayectoria del FECA y del PECDA en varias ocasiones. Fue becaria FORCA-Noreste 2011-2012, en Lima, Perú donde impartió talleres sobre poesía objetual. Como invitada de honor del Festival Internacional de Teatro Tánger 2013 en Marruecos, se leyó su poesía traducida al árabe. Parte de su trabajo también tiene versiones en inglés, alemán, portugués y francés. Entre las revistas en las que ha publicado, destacan el número inaugural de la revista de poesía contemporánea de Valencia “21veintiúnversos“, ( octubre de (2015), y “Lichtungen“ (noviembre de 2016) en el apartado “Literatura del norte de México“, en el que sus poemas fueron traducidos por Christoph Janacs.

Fotografías medio ambientales, video poemas y atmósferas sonoras fueron exhibidos en la Galería Mohammed Drissi de Tánger (Julio-agosto 2021). Participó en la muestra de arte coahuilense titulada Segar el mar, dentro del 49 Festival Cervantino. Parte de su trabajo se encuentra en el portal virtual www.thenatureofcities.com, al lado de artistas medio ambientales del mundo. Actualmente es Directora de Divulgación Científica en el Museo del Desierto.

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