Más allá de la estética: la moda como acto de protesta y resistencia LGBTIQ+
Para las disidencias de género de la colectiva RAR, la vestimenta no es superficial, sino una armadura frente a la malgenerización y un reclamo por el derecho a habitar sin violencia
Lejos de ser mera estética, existen prendas de ropa y accesorios que brindan un sentido de pertenencia y de identidad que se resignifican con orgullo y dignidad, desde faldas y tacones hasta cortes de cabello y banderas LGBTIQ+, abriendo el debate y la resistencia hacia la premisa de que la ropa no tiene género.
En una entrevista de VANGUARDIA con el colectivo Red Arcoíris en Resistencia (RAR) se encontró que, pese a que hoy en día hay mayor reconocimiento de las disidencias y expresiones de género, aún existe una lucha por tener mayor aceptación en una sociedad que se encasilla entre etiquetas visuales y estereotipos.
PRENDAS QUE SE RESIGNIFICAN CON ORGULLO
Ana, integrante de RAR y una mujer transgénero, señaló que para ella la prenda que más la representa es la bandera trans: “Mi bandera, también de activista y de mi colectiva, porque éstas son las que me hacen decir ‘esta soy yo’, soy una mujer trans activista. Y así, de esta manera, es como ayudo a las personas. De esta manera puedo ser yo más auténtica y, siendo más auténtica, mi ayuda puede llegar a más y más personas”.
Mientras que para Sebas, chico transgénero, cortar el cabello fue un símbolo de identidad al momento de iniciar su transición. “Fue la primera vez que me metieron máquina [...] Usualmente no me peinaba, no me gustaba que me hicieran peinados [...] Entonces, cuando ocurre este corte, me veo al espejo y me siento identificado. Veo una parte de mí en la que digo ‘¡wow!’, ahora hasta mi cara coincide con cómo me siento, con cómo me gustaría que me percibieran los demás y, hasta ahorita, mi cabello es casi que muy importante para mí, el cómo se ve y el cómo me lo corto”, comentó durante la entrevista.
Sin embargo, Daniela se vio en una contradicción. Para ella, como chica transgénero, los tacones fueron la primera prenda que la hicieron sentir libre, a pesar de que los tacones son “un artículo muy restrictivo, de que te lastiman, que incomodan”. En su caso, esta prenda representó seguridad e identidad.
“Yo empecé mi transición muy chiquita, alrededor de los 15 años. En esa época, la primera vez que me sentí libre fue gracias a esos zapatos, a mis casi 20 años. Entonces yo creo que son eventos muy catárticos [...] Son detalles muy pequeños, pero que te causan mucha euforia de género. Entonces son momentos muy bonitos que afirman tu identidad”, dijo Daniela a esta casa editorial.
Erthias, otra de las integrantes de la colectiva RAR, comentó que los símbolos que le causaron emoción fueron dejarse crecer el cabello y un outfit específico: falda y corset. Esto último representó enfrentar una lucha contra la inseguridad: “He tenido como ciertos conflictos, cierto miedo porque, pues son cosas que me han inculcado, que me han dicho ‘te va a pasar algo’ [...] y como que al día en que he estado usando más esas prendas, me apodero más de estas y empiezo a sentirme mejor. Me gusta, pero no me gusta sentir miedo usándolas”.
Como una forma de hacer frente a la malgenerización, la activista transgénero Rami K. declaró que el maquillaje puede jugar un papel de imposición social ante la violencia estética que se ejerce para ser respetada. “También le agarré como mucho gusto (a delinearse los ojos), o sea me gustaba cómo me veía, pero le agarré como este sentido de obligación a que si no lo hacía, me malgenerizaban”. Otra de las prendas que son importantes para la integrante de la colectiva son las faldas, frente a la ideología transexcluyente que aún permea en la sociedad.
Tony, un chico gay, comentó a VANGUARDIA que el acto de resignificar la vestimenta incluyó el hecho de explorar las secciones de ropa categóricamente definidas como femenina, “porque las playeras estaban más bonitas. Me compré una, la usé y para mí fue como que una manera de reapropiarme de mi indumentaria”. En este proceso, Tony se plantó en un acto de resistencia al defender que la ropa no tiene género.
Asa, desde su nobinariedad, comentó que la cuestión de resignificar la moda es la exploración entre diferentes estilos que le den comodidad, aunque “al final de cuentas, la gente en la calle te asigna el género, a lo que estés más cercano, o bueno, donde tu expresión de género esté un poquito más dentro de cómo es ese espectro”, señaló.
APROPIACIÓN DE ESPACIOS DIGNOS: ENTRE LA LUCHA Y LA VIOLENCIA
Durante el encuentro con RAR, se comentó que la comunidad LGBTIQ+ se ve obligada a generar resiliencia por los constantes insultos, persecución y agresiones. Las, los y les integrantes del grupo activista relataron varias experiencias negativas que han vivido.
En este sentido, Erthias contó que le negaron la entrada a un vestidor. Ante esto, la joven busca lugares donde no haya probadores definidos por las secciones de hombres o mujeres. La colectiva concluyó que esto también debería de aplicar a los sanitarios públicos.
INSPIRACIÓN EN EL ACTIVISMO Y MÁS ALLÁ
El activismo que realiza RAR es una inspiración para otras personas dentro y fuera de la comunidad LGBTIQ+. Sin embargo, sí hubo testimonios de cómo la resignificación de la moda llegó a impactar a quienes entraban en el proceso de abrazar libremente su identidad.
“[...] se me acercó una persona, yo me imagino que era una chica trans por lo que me dijo. Porque me abraza y me dice ‘Yo un día me voy a ver como tú te ves’. Y ya, pues nos abrazamos [...] También es lo que decía Ana, o sea no es solamente el cómo me vista o que me vista muy bonito [...] lo que inspira a las personas es, quizá, esta libertad con la que actuamos, con la que nos expresamos y las cosas que estamos haciendo mientras lo vivimos”, detalló Rami K.
En RAR también hay docentes que, como parte de su activismo, crean espacios seguros para las infancias y adolescencias, para que tengan la libertad de ser quienes son, de hablar, de expresarse y de cuestionar la normatividad social que se puede llegar a imponer en los planteles educativos.
Al final, todo es parte del activismo y la resistencia; un camino hacia la aceptación y el orgullo de ser y vivir