Mucho más que un destilado: la historia que cuenta cada botella de mezcal
En el marco de la Feria del Mezcal Oaxaca 2026, Mariluz Garnica, cuarta generación de una familia de maestros mezcaleros, nos platica que detrás de cada botella existen años de trabajo, historias y comunidades enteras que preservan técnicas artesanales
Antes de que un mezcal llegue a una copa pueden transcurrir hasta tres décadas. Ese tiempo incluye el crecimiento del agave, el trabajo de familias o comunidades enteras, recorridos por la sierra y un conocimiento transmitido de generación en generación.
Para Mariluz Garnica, representante de Casa Cruga Mezcales Artesanales y cuarta generación de una familia de maestros mezcaleros, comprender ese proceso cambia por completo la forma de apreciar esta bebida.
“Para mí, el mezcal no es solo una bebida, no es solo un alcohol. El mezcal es el resultado del trabajo de muchas familias, de muchos años de espera, la orografía, el clima. Esto encierra mucha historia, mucha tradición, mucha cultura, y tenemos que entender que el mezcal no es sólo una bebida alcohólica”, nos platica.
En entrevista con VANGUARDIA, Mariluz explicó que elaborar un mezcal artesanal o ancestral exige paciencia desde el cultivo del agave. Mientras un espadín puede tardar entre seis y ocho años en madurar, otras variedades requieren décadas para llegar al momento de la cosecha. Esa diferencia convierte al mezcal en un destilado cuya producción depende más de la paciencia que del volumen.
“Nosotros los productores de mezcal no podemos producir dos, tres cosechas al año, como pasa con otros destilados. Lo más rápido que podemos producir un litro de mezcal, estamos hablando de seis a ocho años”.
CADA MEZCAL EXPRESA EL LUGAR DONDE NACIÓ
México alberga más de 200 especies y variedades de agave; Oaxaca cuenta con alrededor de 36 destinadas a la producción de mezcal. Para Mariluz, esa diversidad explica por qué ningún destilado sabe igual. Cada especie desarrolla aromas y sabores distintos según el suelo, el agua, el clima y la mano del maestro mezcalero.
“Dependemos mucho de la variedad, del suelo donde se haya cultivado, del productor que lo haya cosechado. Es como con un cocinero, que cada uno les da su toque, su sabor, su amor, su cariño en cada producción”.
Añadió que cada región imprime una identidad propia: “podemos decir que todos los mezcales se producen en México, pero cada estado, cada región, cada comunidad, cada productor tiene su propia esencia”.
UN PROCESO QUE EXIGE AÑOS DE TRABAJO
Además del tiempo que requiere el crecimiento del agave, producir mezcal implica un largo proceso de cocción, molienda, fermentación y destilación, donde cada etapa influye en el resultado final.
Mariluz explicó que la cocción es uno de los momentos más delicados, pues un error puede afectar la calidad del producto. A ello se suma el trabajo que realizan los productores en comunidades serranas, donde muchas veces deben recorrer largas distancias y utilizar animales para transportar las piñas de agave.
“Nosotros para poder ir a hacer el corte de maguey, no entran los carros, las camionetas, tienes que entrar caminando con animales, con caballos, con mulares o burritos para poderlo sacar”, explica.
Para quienes elaboran mezcal, el tiempo nunca ha sido un obstáculo; forma parte del propio producto. Cada botella concentra años de espera, esfuerzo y conocimiento acumulado por generaciones.
PRESERVAR LA TRADICIÓN Y EDUCAR AL CONSUMIDOR
En el caso de Casa Cruga, tras la muerte de sus padres Mariluz decidió transformar el legado familiar en una empresa y profesionalizar su trabajo para llevar sus mezcales a nuevos mercados sin perder la esencia heredada por generaciones. Uno de sus principales objetivos es enseñar al consumidor que el mezcal debe disfrutarse y entenderse.
“El mezcal no es una bebida que se tome como un shot. Es una bebida que se tiene que disfrutar, que se tiene que vivir su espíritu, su esencia, su alma del mezcal, porque tiene personalidad”, explica.
Finalmente, aseguró que el mayor reto sigue siendo mostrar al mundo que el mezcal artesanal representa mucho más que un destilado.
“Nuestro mezcal se produce en las entrañas de la tierra. Nosotros, que producimos en las sierras, tenemos esa esencia, tenemos esos valores, esa calidad, esa perseverancia; pero sobre todo esa honestidad de decir que nuestros productos son 100 por ciento agave, son la esencia de la tierra que va incluida en una botella”.
LA IMPORTANCIA DE UNA ETIQUETA
La Feria del Mezcal Oaxaca 2026, que inicia este 17 de julio en el Centro Cultural y de Convenciones de Oaxaca, y se prolonga hasta el día 28 en el marco de las Fiestas de la Guelaguetza, es una oportunidad para conversar directamente con quienes elaboran la bebida y conocer las historias que habitan cada etiqueta; allí radica el espíritu histórico de este producto.
Y si cada botella resume años de trabajo, identidad y tradición, la etiqueta se convierte en el primer contacto entre esa historia y el consumidor.
“Una etiqueta vende, una etiqueta te puede educar, una etiqueta te puede enseñar, una etiqueta te presenta”, afirma Mariluz Garnica.
En ese proceso, empresas como Etiqus, especialista en soluciones creativas para etiquetas y empaques, colaboran con productores para desarrollar una imagen capaz de comunicar el origen, la personalidad y la esencia de cada marca sin perder la autenticidad del mezcal que representa.
“Ayudan a los productores a desarrollar etiquetas y a entender sus marcas”, señala Mariluz.
Al final, entender el mezcal significa mirar más allá de la botella. Significa reconocer el tiempo que tarda un agave en madurar, el trabajo de quienes recorren la sierra para cosecharlo y el conocimiento que ha pasado de padres a hijos durante generaciones. Solo entonces, concluye Mariluz Garnica, una copa deja de ser únicamente una bebida para convertirse en la historia viva de una familia o incluso de una comunidad.