¿Ya es primavera?

Vida
/ 26 marzo 2025

La fenología —de la misma raíz que fenómeno— trata de la sincronización de los acontecimientos estacionales recurrentes en plantas y animales.

Por: Margaret Roach

Me estoy tomando en microdosis este momento invernal de la historia de Estados Unidos, y mi droga elegida es el simple acto de buscar atentamente cada pequeño indicio de la inminente primavera. El nuevo libro Phenology de Theresa Crimmins, un manual sobre por qué y cómo fijarse más en qué es lo que ocurre y cuándo, me ha preparado una receta infusionada con naturaleza.

“Te invito a que incorpores a tu vida la práctica de observar los ciclos estacionales de plantas y animales para contribuir a la ciencia y a la vez aliviar tu alma”, escribe Crimmins, directora de la Red Nacional de Fenología de Estados Unidos, ecologista de plantas y profesora titular de la Universidad de Arizona, donde tiene su sede la red.

Su petición: conviértete en un “fenólogo cotidiano. Después de echar un vistazo en el exterior a determinadas plantas, inicia sesión en la aplicación científica comunitaria de la red, Nature’s Notebook, y responde a algunas preguntas sobre lo que acabas de ver.

Podría engancharme fácilmente a misiones como las de ir a buscar señales de vida en los arriates de helechos y sanguinarias (Sanguinaria canadensis), o entre las ramas de la corona de San Pedro (Cornus florida) o del sauce Salix discolor. Tanto la parte calmante como la idea de hacer una contribución me parecen adecuadas en este momento.

La fenología —de la misma raíz que fenómeno— trata de la sincronización de los acontecimientos estacionales recurrentes en plantas y animales, “sincronización que está en función de las condiciones ambientales”, dijo Crimmins en una conversación reciente. Estos acontecimientos no ocurren en la misma fecha cada año; las variables que ejercen mayor influencia en su calendario, sobre todo en las plantas, son la temperatura, la duración del día y la humedad.

Sin embargo, como jardineros, nuestra mayor pregunta actual sobre los tiempos es probablemente bastante sencilla:

¿Ya es primavera?

El calendario insiste en que la nueva estación llega al hemisferio norte precisamente el 20 de marzo. En su lugar, podemos reconstruir un sentido más estructurado de su comienzo a partir de indicios en tiempo real: los primeros brotes que asoman por la superficie del suelo, tal vez, o las yemas de las hojas hinchándose y abriéndose poco a poco. ¿Se ha despertado ya el arbusto del guillomo (Amelanchier), siempre uno de los primeros en florecer, o se han abierto ya las peludas escamas de los capullos de las magnolias para dejar paso a las flores?

¿Era ya primavera cuando las ardillas listadas del este americano, ausentes desde finales de otoño, se pusieron a corretear en masa la última semana de febrero? ¿O no llegará de verdad hasta que cante la primera rana mirona primaveral o vea volar una mariposa velo de duelo, una especie que pasa el invierno como adulta incluso aquí, en mi zona septentrional, y de ahí su vuelo precoz?

Parece como si cada organismo tuviera su propia respuesta, o más exactamente, como si tuviera una pista minúscula pero esencial del vasto e intrincado rompecabezas.

Sintonizar con la fenología es un ejercicio de atención: concretamente, es aprender a captar los momentos de transición en plantas y animales, discernir una fenofase de la siguiente, desde el primer brote de la hoja que empieza a abrirse hasta la última hoja que cae en otoño.

Pero incluso con las especies vegetales que yo cultivo desde hace tiempo, ¿sé realmente leer sus señales? En diciembre, el sitio web de la red publicó su

Phenophase Primer

(Manual básico de fenofases) de 240 páginas, profusamente ilustrado, centrado en las etapas de vida de las plantas con flores, para ayudar a los observadores a diferenciar cada fase sutil de sus ciclos estacionales, incluido el desarrollo de las flores, desde el brote hasta su apertura y la liberación del polen, pasando por la fructificación. Incluso descifrar exactamente qué es una flor abierta puede ser desconcertante.

“En algunas especies, como el tulipán, es muy obvio”, dijo Crimmins. “Pero en muchas otras, como los arces, no está tan claro. Puede que ni siquiera sepas que hay flores en un arce, por ejemplo. Por eso este documento es tan detallado”.

Tomemos por ejemplo, el arce rojo o maple rojo (Acer rubrum), una especie originaria del este y centro de Estados Unidos, que florece antes de que se abran las yemas de sus hojas. Los árboles son polígamodioicos, dijo Crimmins, lo que significa que algunos solo tienen flores masculinas y, por tanto, no producen semillas, otros solo tienen flores femeninas y otros son monoicos, con ambas. Y, al parecer, los individuos pueden cambiar de un año a otro.

“Algunos de nuestros observadores en Maine han informado de que árboles individuales son monoicos un año y totalmente femeninos otros años”, añadió.

Cualquier día de estos, tengo planeado conocer mejor el que crece aquí.

Vuelve a observar la misma planta

En la mayoría de las aplicaciones conocidas de ciencia comunitaria, simplemente se nos pide que registremos un avistamiento. El proceso para compartir en la red es un poco más riguroso, porque no solo busca la presencia de una especie, sino su estado fenológico, intentando llegar al “cuándo” de cada etapa en desarrollo.

Unas 2000 especies están en la base de datos de la red como candidatas a ser observadas formalmente, el 80 por ciento de ellas plantas. Lo que se busca son observaciones repetidas de los mismos especímenes individuales, por lo que un usuario debe nombrar a los individuos que pretende observar (“la lila púrpura del patio trasero” o “el podofilo del jardín delantero”), introducirlos en su cuenta y, a continuación, responder a una serie de preguntas estructuradas y específicas de la especie cada vez que se revisa uno de ellos. Cómo hacer observaciones fue uno de los temas que se trataron en una serie de actos virtuales que la red organizó para celebrar la Semana Nacional de la Fenología del 17 al 21 de marzo.

Los registros fenológicos de la red son la aplicación científica occidental moderna de una práctica de observación aguda en la que las culturas indígenas de todo el mundo han confiado a lo largo de la historia.

Entre agricultores y jardineros, también se han hecho inferencias sobre las conexiones establecidas a partir de tales observaciones, que han dado lugar a fragmentos de sabiduría popular —Crimmins los llama adagios— como plantar chícharos cuando canten las ranas mironas primaverales, sembrar maíz cuando las hojas del roble tengan el tamaño de la oreja de una ardilla, o podar las rosas cuando florezca la Forsythia.

Desde 2009 se han enviado más de 40 millones de registros al Nature’s Notebook, datos a los que se pueden dar muchos usos. Las observaciones se suman a un indicador adelantado del cambio climático, y llegan a la cuestión existencial en torno a cada especie vegetal y animal: ¿puede adaptarse o perecerá? ¿Y se adaptarán a la vez los compañeros de larga data en la naturaleza?

“Las interacciones entre especies corren el riesgo de verse alteradas cuando sus eventos estacionales son provocados por distintos factores ambientales”, escribe Crimmins. Muchas plantas responden al calor, pero muchos insectos se activan según la duración del día. Estos desajustes pueden ser duros para ambos: sin alimento para uno, y sin servicios de polinización para el otro.

Aunque la estación del polen se ha prolongado más de 20 días desde 1990, eso no se traduce en más oportunidades para que los polinizadores reúnan recursos y presten servicios de polinización. Los datos muestran que algunas sincronías íntimas corren cada vez más riesgo de convertirse en costosos desajustes, explica Crimmins.

Los registros también proporcionaron información para un estudio de Penn State de 2020 sobre la ventaja que las especies invasoras del este tienen sobre las plantas nativas, por ejemplo. Las invasoras brotan antes y pueden mantener sus hojas más tiempo, añadiendo hasta 30 días de tiempo de crecimiento activo (en el extremo norte de la zona de estudio) a 77 días en el extremo sur.

Y también hay historias felices, de especies que “cambian sus fenologías a la par”, escribe Crimmins, relatando las observaciones del pionero conservacionista Aldo Leopold, autor del libro de 1949, Un año en Sand County. Entre 1935 y 1945, observó que los papamoscas fibíes llegaban al sur de Wisconsin aproximadamente una semana después de que empezara a florecer la col fétida (Symplocarpus foetidus), una planta nativa de aparición temprana.

Las flores malolientes de la planta atraían a los insectos que los papamoscas devoraban alegremente.

Este dúo aún puede presenciarse hoy en día, aunque más temprano que en tiempos de Leopold.

Ver la primavera desplegarse por el país

Entonces, ¿cuándo es ya primavera?

Los registros de la red pueden ayudar a predecir su momento, y una popular función del sitio web muestra mapas animados que muestran la llegada gradual a lo largo del país, semana a semana. Los mapas indican cuándo los distintos lugares han experimentado el calor suficiente para alcanzar las condiciones asociadas con el inicio histórico de la primavera: tanto la salida de las hojas como las primeras floraciones.

En su jardín de Tucson, Crimmins está recopilando pistas sobre el progreso de la primavera cuando pasa dos veces por semana por el espacio, añadiendo nuevas observaciones a la aplicación y profundizando en sus conocimientos.

“Tengo una sólida formación en biología y creo que sé lo que está pasando”, dijo. “Pero he sido testigo de detalles mucho más increíbles que se desarrollan justo a mi alrededor, y he aprendido a apreciar mucho más profundamente estos diferentes organismos y lo que hacen”.

Las observaciones que indican la coexistencia de animales y lo que hacen en relación con las plantas siempre parecen una ronda de bonificación. Una hembra de colibrí pico ancho eligió el porche trasero de Crimmins como lugar de anidamiento tres años seguidos, y se lanzaba a sorber las flores de una tronadora o esperanza (Tecoma stans) cercana. Sin embargo, incluso en ausencia de “mamá colibrí” algunos días, la escena es de abundancia.

“Ver esa progresión es siempre una sorpresa y un deleite, descubrir lo que ha ocurrido desde la última vez que eché un vistazo”, dijo. “Es algo tranquilizador ver que todo sigue adelante, aunque no prestemos atención. Y entonces, cuando prestamos atención, recibimos un montón de regalos”.

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